viernes, 27 de febrero de 2015

¡La Asamblea Constituyente Nos Hará Honestos!

          Cuando los dos grandes bandos en que nos dividimos los chilenos han sido sorprendidos faltando al séptimo y octavo mandamientos de la ley de Dios, es decir, apropiándose de lo que no les pertenece, haciendo trampas y engañando, el país entero ha rasgado vestiduras. Porque esos mandamientos están vaciados en nuestra legislación y ella ha sido impúdicamente burlada y atropellada por representantes de los distintos poderes públicos. No faltan las voces que claman, entonces: “¡Que se vayan todos!”

          Muchos quieren volver a empezar de cero, y ven la solución en una Asamblea Constituyente. ¡Como si la que hubiera fallado hubiera sido la Constitución y no los chilenos!

          Si usted quiere cambiar los resultados de lo que hace, no puede seguir haciendo las mismas cosas. ¿Quién eligió a los que se han visto envueltos en conductas antiéticas? La gente. ¿Y quién va a elegir la Asamblea Constituyente? La misma gente. Entonces, ¿Qué es lo que va a cambiar en Chile? Nada.

          Pues el problema somos los chilenos. Y casi todos lo sabemos. Por eso las encuestas más serias nos revelan que el 87% de ellos no confía en los demás. ¿Por qué? Porque nos conocemos.

          Tal vez no sea un problema exclusivamente chileno, pero aquí es peor. Si “House of Cards” retrata la ética norteamericana, no tenemos mucho que envidiarles. Recuerdo cuando destituyeron a Richard Nixon porque lo descubrieron fraguando trucos ilícitos y faltando a la verdad, y se toparon con el problema de que no podían encontrar a un político verdaderamente “honesto y capaz”. Entonces encontraron a Gerald Ford, que sí era honesto pero, confesaban “sotto voce”, no muy capaz. Es que ambas condiciones no las reunía nadie.

          Lo peor es que acá la ciudadanía tampoco castiga las trasgresiones a la ética. Sabemos de casos en que quienes las han perpetrado no han tenido inconveniente en  reunir una mayoría suficiente para ganar la Presidencia de la República. La “picardía criolla” (nombre eufemístico para describir la conducta tramposa) nunca ha sido obstáculo para ganar respaldo ciudadano, ni en la izquierda ni en la derecha.

          Entonces ¿cuál es el resultado? Que no es posible separar a los chilenos en el grupo de los honestos y el de los deshonestos. Sólo es posible clasificarlos entre “pillados” y “no pillados”. Y tampoco éste es un distingo definitivo, porque la gente se olvida rápidamente de qué cosa hicieron los “pillados”. ¿Cuántos de los escandalizados hoy por boletas y facturas ideológicamente falsas en el caso Penta no abusaron y se aprovecharon de ellas en el caso MOP-Gate?

          Como éste es un país cuyos votantes se mueven por consignas –si es que se mueven, porque la mayoría se queda en la casa el día de los comicios— lo único que va a suceder, si terminan eligiendo una Asamblea Constituyente, será que en ella los más “pillos” van a ser mayoría, como siempre. Y lo que surja de esa Asamblea no va a ser ni de cerca mejor que lo surgido del grupo transversal de civiles patriotas, capaces y honestos que fueron seleccionados para redactar la Constitución de 1980.

          Como se ven las cosas, todo sólo puede ir para peor. Tal vez podría empezar a mejorar la situación en muchos años más si a los peques que entran hoy a parvularia, como primera cosa, y con algunos buenos coscachos, les enseñaran a no robarle al compañero de banco (ni a nadie), a respetar las reglas y a decir siempre la verdad. Entonces, después de toda una generación, podríamos volvernos un país un poco más decente y acercarnos al 50% de chilenos que dijeran confiar en los demás.

          

martes, 24 de febrero de 2015

¿Por Qué la Gente Proclama a Farkas?

          Chile ciertamente ha vivido antes períodos de desilusión generalizada del pueblo con todos los sectores políticos. A comienzos de los años ’50, por ejemplo, la contrariedad colectiva generada por sucesivos malos gobiernos a partir del encabezado por el Frente Popular, a fines de los ’30, llevó a la mayoría a buscar a alguien que restableciera la autoridad y el orden. Al único que ella encontró fue al general Ibáñez, que había sido depuesto veinte años antes, acusado de dictador por una aparente unanimidad del país. Esta última se trocó en una cuasi mayoría absoluta a favor suyo en sólo dos décadas, mayoría que lo llevó a la Presidencia en 1952.

La gente se había aburrido del “Frente Popu”, caracterizado por el gigantismo de un “Estado clientelar” puesto al servicio de los partidos de izquierda y de una burocracia creciente que asfixiaba al país. Quedó para la historia la pública exclamación de un militante de izquierda que, no habiendo sido favorecido en el reparto de las “pegas” estatales, manifestaba públicamente: “¡Si yo no pido que me den, sino que me pongan donde ‘haiga’!” Pedía algo así como una Dirección Sociocultural ad honorem pero con un presupuesto de US$500 millones anuales.

          Los últimos acontecimientos han gestado un clima de desprestigio de los partidos políticos y sus dirigentes, similar al de comienzos de los ’50, pero ahora no hay ningún general al cual el pueblo pudiera haber dirigido la mirada. El que había, falleció (desde el punto de vista político) prematuramente. Podría haber, eso sí, un coronel en ciernes. Pero, por ahora, ese pueblo no está enterado y mira para todos lados en busca de un salvador (con minúscula).

Y ese pueblo se procura respuestas, como la muy espontánea de la otra noche en Viña del Mar, en que sin concierto previo la gente comenzó a vocear “Farkas Presidente”. Los sondeos inmediatos que realizaron los medios presentes en la inauguración del monumento que el millonario donó a la ciudad arrojaron un 70% de apoyo en su favor para llegar a La Moneda. En ello seguramente influyó el donativo de diez mil sándwiches y bebidas que generosamente el millonario dispuso en favor de la concurrencia al acto. El pueblo nunca ha sido indiferente a estos incentivos.

          El hecho es que, cuando la institucionalidad hace crisis, la gente busca instintivamente un caudillo que saque al país del caos. Después no se lo agradecerá, por supuesto. Acá eso tiene nombre: “el pago de Chile”.

          En Brasil, hace algunas décadas, la desilusión popular con todos los políticos llevó a que obtuviera una gran votación en los comicios un querido rinoceronte del zoológico, que se llamaba, creo, Cacareco. Farkas representa, sin duda, una mejor alternativa que ésa.

          La desilusión popular chilena actual no tiene mucho que ver con los “estándares éticos” transversalmente pulverizados en los últimos tiempos por los políticos. Pues acá esos estándares son sumamente bajos. Como antiguo columnista he recordado en estos días que dos destacados políticos, protagonistas de vistosas trasgresiones éticas debidamente comprobadas y ampliamente divulgadas, no tuvieron ningún inconveniente para alcanzar una mayoría que los llevara a la Presidencia de la República.

Esos estándares son tan bajos que si uno los esgrime como razón para no apoyar a un candidato, acá es mirado con sospecha o como si fuera de otro planeta y recibe la invariable réplica, de dudoso peso moral, de: “Pero si es el que va mejor en las encuestas”.

Siendo un hecho que las irregularidades en que incurren los políticos son, en Chile, prontamente olvidadas y ampliamente amnistiadas ¿qué es lo que motiva, entonces, tanto malestar de la gente? Yo creo que lo que ella repudia es la burla de que se la hace objeto. Por ejemplo, la consistente en que desde La Moneda se encabece una cruzada nacional, legal y publicitaria contra el lucro y la desigualdad y, sin embargo, en la sede misma de la Presidencia se pueda hacer una “pasada” especulativa que genera un lucro de cinco millones de dólares y sitúa automáticamente a sus beneficiarios entre el uno por ciento más rico y desigual del país.

          La gente perdona todo, menos que se rían de ella. Y si alguien no lo hace y, además, le regala cosas, en un momento como el actual perfectamente puede erigirse en alternativa presidencial, aunque “no deba ni quiera ni pueda” (como uno que, no obstante decir eso, en el siglo pasado “se repitió el plato”). 

viernes, 20 de febrero de 2015

No Sé Si Me Entiende

          ¿Cómo se siente usted de vivir en un país en que, parece, todos hacen trampas? Y usted no, por supuesto.

          Según las encuestas, un 87% de los habitantes debería responder algo así como “bien, todo normal”. ¿Por qué? Porque ese 87% dice saber que los chilenos hacen  trampas y ha aprendido a vivir con eso.

Entonces, sólo 13% cree que los demás no hacen trampas y esa minoría debería ser la única sorprendida, a estas alturas, por todo lo que se publica sobre distinguidos compatriotas de todos los sectores que han sido “pillados”.

Los tres pilares básicos de la institucionalidad republicana están estremecidos por escándalos: La Moneda con el uso de influencias para hacer una “pasada” multimillonaria, la vicepresidencia del Senado tratando de explicar cobros múltiples con boletas ideológicamente falsas, al igual que varios senadores y diputados; y la Corte Suprema dictando crónicamente sentencias basadas en hechos inexistentes (y que ella misma sabe inexistentes, como los “secuestros permanentes”) utilizados como fundamento para cobrar indemnizaciones millonarias, aunque ello implique encarcelar, en calidad de presos políticos (porque legalmente no podrían estarlo), a decenas, y potencialmente centenares o miles, de ex uniformados ancianos o enfermos.

La trampa, pues, es una institución nacional; y cada uno se aprovecha o se defiende de ella como puede.

Yo al presente dedico mucho tiempo, preocupación y recursos a defenderme de las del Estado. Pero ya estoy resignado. El 31 de enero y el 8 de marzo de 2013 relaté en este blog la épica lucha de una empresa familiar para obtener patente de funcionamiento, sorteando las más increíbles trampas y amenazas funcionarias.

Pero ya para entonces yo llevaba casi medio año en otro frente, como responsable de un terreno grande, luchando contra otra municipalidad, en un ingenuo intento de obtener la aprobación del nuevo plano del inmueble, que se hace necesario debido a las sucesivas expropiaciones de que el Estado lo ha hecho víctima. El Estado, por cierto, ha pagado mucho menos de lo que vale cada sitio expropiado. Una vez lo demandé, pero “salió más cara la vaina que el sable” y entonces volví a resignarme a la tasación de los “hombres buenos” que dice la ley, y que las últimas veces fueron “mujeres malas”, porque tasaron a menos de la mitad del valor real. Pero “así es el Estado”. En fin, ahora me conformo con sacar la aprobación del plano de lo que queda.

Todavía no la consigo. Ya van dos años y medio. Pero resistiré hasta el final, aunque por ahora no estoy seguro de qué sucederá primero, si la aprobación del plano o el término de mi existencia. Por supuesto, yo sé que me están haciendo trampas para obtener algo de mí, pero no lo voy a dar.

El arquitecto que contraté en octubre de 2012 para confeccionar el plano y obtener su aprobación me propuso una pauta de honorarios pagaderos por etapas de aprobación, pero a no mucho andar comprobó que cada etapa podía prolongarse indefinidamente y que debía rehacer una y otra vez su trabajo. Entonces me propuso un cobro por hora trabajada. Transcurridos dos años y medio y pese a que ya ha recibido no pocos millones de pesos, manifiesta su desaliento y opina que “El Proceso”, de Kafka, es un juego de niños comparado con lo que le exige la municipalidad. Ha presentado sucesivas carpetas pletóricas de planos y documentos, ha habido cambio de director de obras municipales, cambio de arquitecto revisor y cada vez más exigencias. Se acumulan bultos de planos y documentos rechazados, rehechos y vueltos a rechazar. Personas que “conocen el paño” me dicen “tienes que pagar, no sé si me entiendes”, y cuando yo les contesto que sí les entiendo, pero que ya le pago a mi arquitecto, concluyen, “Ya, veo que no me entiendes”.

Además, todo esto está rodeado de personajes que se acercan y deslizan lo siguiente: “Si me cede el 25% de la propiedad, yo le mejoro las condiciones de constructibilidad y pasa a valer el doble”. Y citan sus lazos familiares con una autoridad pertinente. Después la propuesta bajó al 17% del terreno. Yo le digo al intermediario de la proposición que  se lo voy a comunicar a la persona dueña, pero no lo hago, como tampoco lo hice cuando llamaron de la municipalidad para proponerle regalar el terreno para un área verde.

Pasan las semanas y los meses y el arquitecto revisor municipal sigue formulando nuevas exigencias. La última apareció la semana pasada: los certificados de avalúo del inmueble (son dos roles), presentados hace muchos meses, tenían que volver a presentarse, ahora “detallados”. Y éstos sólo puede solicitarlos el propietario del terreno. Este es dueño hace 38 años, pero misteriosamente uno de los roles apareció ahora a nombre de una firma con la cual no tiene nada que ver y que nadie (Impuestos Internos menos que nadie) sabe por qué apareció de repente en el rol como propietaria, no siéndolo. Nueva y prolongada gestión, ahora en manos de un abogado tributarista que dice “navegar bien” en Impuestos internos. Siguen pasando los días, las semanas y los meses. Cada “set” de exigencias del arquitecto revisor debe cumplirse en un plazo, y si no se alcanza, hay que empezar todo de nuevo. Kafka se quedó corto.

¿Usted no le haría trampas a un Estado tan tramposo como el chileno? Entonces, es ahí donde nace este “país real” de uso de influencias, pagos por debajo de la mesa y entrevistas con “la artillería pesada”.

Yo carezco de todas esas herramientas. Pero tengo este blog. “Artillería liviana”, digamos. Llevo dos años seis meses en el empeño. Por ahora estoy tratando de cumplir la última exigencia, conseguir un certificado de avalúo “detallado” y solucionar el cambio de nombre del dueño que hizo el Estado. Y si mi existencia termina antes de que salga el plano, estoy seguro de que alguien tomará las banderas del Chile que no hace trampas, sino que las sufre, y seguirá entregando los sucesivos antecedentes adicionales que piden los también sucesivos directores de obras y arquitectos revisores y pagando honorarios profesionales por todo el tiempo que sea necesario y, no sé si me entiende, sin pagar lo que algunos dicen que debería pagar. No sé si me entiende.

martes, 17 de febrero de 2015

Ser de Derecha

          Recientemente han aparecido cartas en los diarios debatiendo sobre una presunta “crisis intelectual” de la derecha. Sin embargo, la crisis que ella vive no es intelectual, porque las ideas y principios que sustenta son claros y exitosos. Sí habría una crisis intelectual en la derecha si aceptara las propuestas de estos nuevos teóricos, que pretenden adoptar posturas más afines al ideario de centroizquierda y abandonar las verdaderas y permanentes nociones básicas que inspiran a la primera.

Lo que falta es gente que en verdad sea de derecha, y se exprese.

Bueno, pero, de haber una crisis, la hay. Y es tan seria como que tiene agónica a la derecha política chilena. Pero, repito, no es intelectual ni de ideas, sino conductual de personas de derecha, y en no pequeña medida precisamente se debe a que algunas de esas personas se han apartado de ideas y valores esenciales que sustenta el sector.

Esas fallas personales, que también, según vemos en estos días, afectan a la izquierda, se traducen en pérdida de adhesión popular de los partidos o grupos respectivos que actúan en política. Pero eso no tiene nada que ver con la validez o vigencia de valores y principios, sino con un quehacer distinto, que es el de tener “buena imagen pública”, ser eficaz en el proselitismo, tener la capacidad de entusiasmar a la gente y, en fin, de llevarla a adherir a la postura que se sustenta y a votar por ella. Y así como el “pentagate” ha generado una crisis en la derecha, el “nueragate”” se la ha generado al centro y la izquierda. En ninguno de ambos casos se trata de una “crisis intelectual”.

          En el fondo es un problema electoral. Para esos efectos, un buen lema o consigna, con suficiente “marketing”, suple sobradamente las ideas o la falta de ellas. En Chile, por ejemplo, la proclama de “educación pública gratuita y de calidad”, completamente errada porque envuelve una contradicción en los términos (la enseñanza pública gratuita es la peor y la de calidad es, precisamente, la privada; y la mejor, la pagada) ha arrasado en estos últimos años. Es sólo una consigna, pero con ella se ganan elecciones, aunque la misma represente malas ideas. Tan malas que, llevadas a la práctica, generarán una pérdida social. Tarde o temprano lo comprobaremos en Chile, una vez vigente la reforma educacional socialista y estatizadora. La masa chilena será menos libre y peor educada. Y todo por contravenir las ideas de derecha.

          Por lo demás, éstas han terminado triunfando en todo el mundo (aunque sus defensores puedan a veces perder transitoriamente el poder) porque son las mejores. Y por eso, a la larga, terminan ganando en cada vez más países el poder. En el último cuarto de siglo el mundo ha dado prueba de ello, pues ha registrado un gigantesco giro a la derecha, que echó abajo la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín, llevando a un estudioso a proclamar “el fin de la historia”, porque ya el socialismo centralizado no tiene nada qué ofrecer ni qué decir.

          Sin perjuicio de ello, hay pueblos contumaces, ya fuere por ignorancia o por estulticia. Chile, por ejemplo, por tercera vez se ha metido en una vía revolucionaria socialista indefectiblemente encaminada al fracaso. Pero en tres años más –como siempre lo he pronosticado—se sacudirá de ella y entonces uno puede esperar que no se vuelva, como en 2010-13, a renunciar a las ideas de derecha y a terminar en lo que terminamos en 2014, arrasados de nuevo por una mayoría izquierdista.

Gran parte del problema reside, precisamente, en que, ante la crisis de imagen y electoral de la derecha por errores de personas y por haber abrazado ideas de izquierda o cedido ante ellas, siga habiendo gente que se dice “de derecha” pero no tiene ideas de derecha. Esa gente de nuevo está pensando cómo ganar o recuperar popularidad y de nuevo propone o profesa creencias más “populares”, pero que no son de derecha.

En uno de los debates recientes en la prensa escrita un sedicente derechista, intelectual joven y estudioso, afirma: “La realidad social cambió sin que la derecha se percatase y renovara su comprensión capaz de darle orientación y sentido” (“La Segunda”,15.01.15).

          Entonces, si cambia “la realidad social”, sea lo que fuere el significado de semejante fenómeno, ¿debe uno cambiar sus ideas? Yo, por ejemplo, tengo cierta idea muy arraigada: creo que Dios existe. Si se registrara un cambio de opinión en la sociedad y una gran mayoría resolviera que Dios no existe ¿debo yo entonces abrazar el ateísmo, acatando “la realidad social”?

          El mismo joven intelectual “de derecha” añade: “…en los foros libres y en el mundo de la reflexión reconocida por pares el discurso de subsidiariedad negativa, propiedad individualista y democracia restringida ha perdido validez”.

¿Y qué representan estos tres enunciados? Pues precisamente la esencia del ideario de derecha, que fue hecho carne en el país, a instancias de la derecha política, por el Gobierno Militar, con el sustento que el pueblo le dio a la Constitución de 1980, consagratoria de un Estado subsidiario que sólo actúa donde las personas libres no pueden o no quieren participar, y siempre que se estime socialmente necesario o adecuado; con un derecho de propiedad personal fuertemente garantizado y con un sistema de quórums especiales para evitar que una simple mayoría ocasional modifique las garantías individuales básicas.

Todo esto  implica una protección a la democracia (por eso la llaman “protegida”), pues hace más sólidas y estables las bases del sistema de libertades personales y garantías individuales.

          Ese fue el “modelo chileno” exitoso, que en su tiempo el mundo imitó y la centroizquierda, cuando llegó al poder en Chile, no sólo respetó, sino que alardeó de él en el exterior, como cuando Frei Ruiz-Tagle ante el Congreso norteamericano se jactó de nuestro sistema privado de salud y de pensiones.

          Ahora resulta que algunos ideólogos, autodesignados como “de derecha”, dicen que todo eso “ha perdido validez”. ¿Dónde? Explica uno: “En los foros libres y en el mundo de la reflexión reconocida por pares”. ¿Qué es eso? Nada más que las “élites habladoras” a las que se refería Paul Johnson en su libro “Héroes”, las cuales repetían inconscientemente las consignas del KGB contra el Gobierno Militar chileno, KGB que, concluía Johnson, tuvo éxito en esa misión propagandística, pero terminó arrojada “al basurero de la historia”.

          Lo que históricamente sucedió fue que la derecha convenció al Gobierno Militar de sus ideas y por eso nació el “modelo chileno” de democracia estable y sociedad libre,  las cuales el actual gobierno de la tercera revolución socialista chilena quiere retroexcavar desde sus raíces.

          Lamentablemente, la revolución socialista en curso no es el único peligro. Otro igualmente grave es, tras el seguro fracaso de aquella, el del retorno de un gobierno de alternancia que vuelva a “tomar las banderas del adversario”, como se jactaba Hinzpeter de que había hecho Piñera para ganar en 2010.

          Piñera fue un precursor del rumbo socialista que se le está dando al país, un promotor del Estado, creador de ministerios y de nuevos impuestos. Su propia cónyuge, Cecilia Morel, lo aprecia así en “Cosas” del 09.01.15: “… me gusta lo que está empezando a pasar en Chile en que hay más inclusión y respeto a la diferencia”. Preguntada acerca de “que hoy se hable de matrimonio homosexual, de legalizar la marihuana, ¿le gusta?”, responde: “Lo encuentro súper bueno. No es sano tener temas prohibidos… Siento que en eso tampoco se ha valorado el aporte de nuestro gobierno. Fue ahí que comenzó la discusión del AVP, que surgió el movimiento Iguales, las marchas por la diversidad… Fuimos muy abiertos. Incluso fuimos criticados por parte de nuestro sector porque, de alguna manera, trasgredíamos ciertos códigos”.

          Entre ellos, el código de las ideas de derecha. Ése es el problema y ésa es la verdadera crisis: que la derecha haya abandonado sus ideas. ¿De qué le sirvió la ilusión de haber ganado el gobierno si terminó pavimentando el camino al adversario?

          Eso ya fue malo, pero puede no ser lo peor. Lo peor sería que volviera a suceder.

domingo, 15 de febrero de 2015

El "Justiciagate" Pasa Colado

En, Chile, hoy país de escándalos, todavía falta otro que ha “pasado colado” y es el más antiguo e inmoral de todos, el “Justiciagate”, generado por esa mayoría de jueces de izquierda que fallan sistemáticamente contra las leyes (lo que es un delito), permanecen impunes y, lo peor, del cual la mayoría ciudadana ni siquiera se entera o, cuando la verdad asoma, ella mira para otro lado.

Este “Justiciagate” tiene prensa afín, que lo encubre y disfraza a efectos de la opinión pública, debido a que sentencias ostensiblemente ilegales son presentadas como ajustadas a derecho y emanadas de un debido proceso. Hay, en efecto, una complicidad periodístico-judicial: “yo te entrego sentencias ‘en exclusiva’ y tú las publicas como ‘golpes’ periodísticos, presentándolas como si fueran veredictos legales”.

El “Nueragate” y el “Pentagate” escandalizan, como también lo hacen la boletas y facturas indebidas que presentan parlamentarios para que el erario les financie gastos de representación inexistentes, lo cual lleva a que los parlamentarios y los partidos sean los entes sociales peor evaluados por la ciudadanía. ¿Y quiénes nos gobiernan? Ellos, los peor evaluados. Entonces, no en vano son unas veces cómplices y otras encubridores del “Justiciagate”.

         Sí, el Poder Judicial da origen crónico a sentencias que transgreden en forma flagrante la Constitución, las leyes y la verdad de los hechos y, sin embargo, eso “pasa piola” en el frente de la opinión pública y no llama a escándalo.

Así, la semana anterior “pasó colado” un atropello judicial de la más alta inmoralidad, del cual se hizo cómplice la prensa: cinco oficiales en retiro, entre ellos el ex vicecomandante en jefe del Ejército y ex miembro de la Junta de Gobierno, Santiago Sinclair, de 87 años, fueron sometidos a proceso y detenidos por unos inexistentes secuestro y homicidio de doce “campesinos” --dijo la prensa--  hace 42 años, en octubre de 1973. Supuestos delitos en los cuales –se informaba además-- habría estado involucrada la llamada (por la propaganda de izquierda) “Caravana de la Muerte” del general Sergio Arellano.

Todo era y es falso, pero es lo que cree la gente, pues quedó publicado en las primeras planas de los periódicos y en noticieros de radio y televisión como si hubiera sido verdadero. Se trató de un fallo de la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, revocando una resolución de la ministra sumariante del caso, Patricia González, que había denegado el procesamiento de Sinclair y los otros, pues ella algo (si bien poco) sabe de la verdad de los hechos, de los cuales la Quinta Sala de la Corte probó no saber nada; y si lo supo, peor, porque falló a sabiendas contra la verdad de los mismos.

         La opinión pública fue, una vez más, entonces, engañada. Pues en 1973 operaba en la zona de Panguipulli una guerrilla armada poderosa y activa, que había expulsado de sus fundos a numerosos propietarios, todo bajo el amparo del régimen de Salvador Allende. La respectiva unidad guerrillera adscribía al MIR y era encabezada por el “Comandante Pepe”, cuyo nombre era José Liendo Vera, quien tuvo al menos la honestidad de comunicarle, en esa época, a la periodista Nena Ossa, en entrevista concedida en la casa de uno de los fundos usurpados por él, antes del 11 de septiembre de 1973, que la revolución en curso en Chile debía tener un costo de al menos un millón de muertos para que fuera eficaz. Puede leerse la entrevista en el libro autobiográfico de Nena Ossa, que tuve el honor de presentar y fue best seller hace unos años, “Allende, Thank You”, de Editorial Maye.

Ni siquiera después del 11 de septiembre de 1973 la guerrilla del Comandante Pepe detuvo sus ímpetus y, entre otras acciones, asaltó un retén de carabineros en medio de una gran balacera, como si todavía gozara del amparo de La Moneda. Por supuesto, los militares rodearon y rindieron a Pepe y su comando, en Panguipulli, y los llevaron detenidos a Valdivia, donde él y once de sus guerrilleros fueron sometidos a un Consejo de Guerra, según la legislación vigente en la época.

        Todos tuvieron debido proceso y derecho a defensa, de la cual dio testimonio su abogado, Carlos Herrera Tardón, además de que el abogado y ex parlamentario Andrés Aylwin dejó constancia de que él y otros dos profesionales también defendieron a Pepe y su grupo en el mismo Consejo, según expone el primero en su texto autobiográfico “Simplemente lo que Vi”.

        Y finalmente, por sentencia de 2 de octubre de 1973 del Tribunal de Tiempo de Guerra de Valdivia, Pepe y once de los guerrilleros bajo su mando fueron condenados a muerte.

Por supuesto, la mal llamada “Caravana de la Muerte” de que hablan el fallo de la Quinta Sala y los diarios, nada tuvo que ver con eso, porque el general Arellano y su comitiva arribaron a Valdivia un día después de la sentencia, el 3 de octubre de 1973. Y por si alguna duda cupiere, el inefable juez Juan Guzmán Tapia, en otra de las contradicciones que lo hicieron famoso, situó también a dicha comitiva ese día en Cauquenes, viniendo del norte. Claro que no tuvo inconvenientes en imputarle a la comitiva en la misma fecha tanto las muertes de Valdivia como las de Cauquenes, en ninguna de las cuales tuvo nada que ver. Fue lo que se conoció como el “estilo Guzmán”, tan meritorio que lo elevó a la condición de candidato presidencial primero y a parlamentario después, por el Partido Comunista. Pero el electorado, siempre ingrato, no lo acompañó.

Los que quieran saber más detalles de la verdad del Consejo de Guerra contra el Comandante Pepe y sus hombres pueden leerlos en este blog de fecha 17 de abril de 2014, en que publiqué completa una pieza del proceso que comenta todas las pruebas y acredita la falsedad de que la comitiva de Arellano haya tenido que ver con la redacción del fallo del Consejo de Guerra del día anterior a su llegada o con los fusilamientos.

Bueno, entonces, en resumen: nada de lo que la Quinta Sala sentenció y luego se comunicó a los diarios, las radios y la televisión, y éstos publicaron, fue verdad. El general Sinclair no participó en ningún secuestro de Pepe y su guerrilla ni cometió homicidio a su respecto. Sí fue parte del Consejo de Guerra que condenó a muerte a los doce asaltantes de un cuartel policial, dentro de las facultades del estado de sitio y de acuerdo con la penalidad de tiempo de guerra entonces aplicable. Además, los hechos, aparte de no constituir delito, están prescritos y la verdad de lo ocurrido confirma la sabiduría de la institución de la prescripción, pues  los expedientes de los consejos de guerra fueron destruidos por un incendio en 1989 y por eso no pudieron ser agregados a los procesos judiciales ilegales abiertos en 1998, que fueron el origen del episodio que hizo noticia la semana pasada.

         En resumen: sólo un escándalo judicial más. Otro jalón del “Justiciagate” contrario al derecho, a la verdad y a la reconciliación entre los chilenos, pues no puede haberla si uno de los bandos en pugna recurre sistemáticamente a la prevaricación y desconoce las leyes y los hechos con tal de condenar al otro. “Ni Verdad Ni Reconciliación”, como titulé el libro que publiqué en este blog con fecha 11 de septiembre de 2013, al cumplirse 40 años de la II Independencia Nacional.

Los escándalos en el Poder Ejecutivo y en el Legislativo generalmente quedan casi impunes, pero por lo menos son ampliamente publicados y conocidos. En cambio, los que protagoniza el Poder Judicial permanecen como actuaciones lícitas y que dan cuenta de la verdad a los ojos de la opinión pública, sin otro desmentido que las denuncias de este blog o de algunas obras señeras pero poco publicitadas en defensa de la legalidad.

       Sólo en éstos los historiadores encontrarán, en el futuro, material abundante para añadir al “Nueragate” y al “Pentagate” del actual Chile de los escándalos, el crónico, reiterado y no menos vergonzoso “Justiciagate” que corroe la moral del Poder Judicial.

jueves, 12 de febrero de 2015

Sólo Nos Basta Recordar

          Mi padre no conversaba mucho conmigo, así como tampoco su padre con él. Es que nos hicieron así. Entonces, cuando él quería instruirme sobre algo, me pasaba un texto. Y cuando yo tenía algo así como 18 años y estaba en segundo año de leyes, y vio que comenzaba a manifestar interés por los temas políticos y la organización de la sociedad, no me discutía nada de lo que yo decía al respecto, seguramente por considerar una pérdida de tiempo tratar de convencerme de algo, pero un día cualquiera me regaló un libro en inglés que se titulaba “Animal Farm”, de George Orwell. Yo lo encontré aburrido porque no lo entendí, y no lo terminé. Pero muchos años después lo volví a empezar, tras verlo citado en numerosas ocasiones. Entonces lo entendí y me dije lo mismo que me expresó Margaret Thatcher sobre “Camino de Servidumbre” de Hayek, cuando la entrevisté y hablamos de libros: “It’s all there” (“Todo está ahí”). Pues “todo” está en “Animal Farm”, traducido al castellano con el título de “La Granja de los Animales” y también “Rebelión en la Granja”.

          Trata de que los animales de una granja inglesa hacen una revolución contra el dueño, Mr. Jones, y se apoderan de ella. Su lema fundamental es que “los animales son todos iguales” y los humanos representan lo malo de la existencia. Los más listos entre los animales son los cerdos y los menos listos las ovejas, pero éstas repiten incesantemente el principal lema establecido por los cerdos: “Cuatro patas es bueno; dos pies es malo”. Para quienes prefieran ahorrarse la lectura de las 120 páginas les contaré el final: los cerdos terminan comportándose igual que los propietarios humanos, se llenan de privilegios a costa de los demás animales, que sin embargo siguen llenando de loas y rindiendo pleitesía al cerdo principal, Napoleón, un dictador inmisericorde.

Finalmente los cerdos llegan a hacer alianzas y negocios con los propietarios humanos de otras granjas y empresas, con quienes traban amistad. En  confianza, Mr. Pilkington le dice a Napoleón: "Así como ustedes deben lidiar con los animales inferiores, nosotros debemos hacerlo con las clases inferiores". Y juegan a las cartas en francachelas regadas de whisky que a veces terminan mal, en particular cuando se sorprenden recíprocamente haciendo trampas (a veces aparecen inexplicablemente en el naipe dos ases de espadas).

Cualquiera que se asomara desde el exterior a la escena en la casa principal del fundo ahora ocupada por los cerdos –dice el libro-- descubriría que hasta en el semblante los perfiles de ellos y los de los hombres se han tornado ya casi iguales.

Por supuesto, el mandamiento básico de la revolución, como todos los demás, ha ido siendo matizado. Los cerdos, llenos de privilegios, se han arreglado para que rece, finalmente: “Los animales son todos iguales, pero hay algunos más iguales que otros”.

          Cuando me asomé imaginariamente a la sala donde a la mesa de reuniones estaban sentados Andrónico Luksic Craig y Sebastián Dávalos Bachelet acordando un préstamo de más de 6.500 millones de pesos del banco controlado por el primero para que una sociedad de la señora del segundo, con un capital de sólo seis millones de pesos, adquiriera un terreno que tenía la expectativa de venderse en 9.500 millones gracias a los cambios en el plan regulador respectivo, potencialmente impulsados por el gobierno revolucionario e igualitarista de la madre del segundo, me pareció estar leyendo las últimas páginas de “Animal Farm”.

          En las afueras de semejante reunión, en la novela, y acá, en las calles, desfilan los “más iguales que otros”, coreando consignas contra la desigualdad. En Chile ya no encabezados por Camila Vallejo. ¡Cómo podrían serlo! Ahora su dieta parlamentaria, sin contar gastos de representación, sumada al honorario de su marido cubano asesor de Salud, representa unas 64 veces el salario mínimo. Pero ella siempre iluminada, dice, por la luz-guía de Fidel Castro, apóstol de la igualdad cuya fortuna figura entre las mayores del planeta, según Forbes Magazine; y cuya península exclusiva, su coto personal de buceo cuando podía bucear, y su yate de más lujo que el de cualquier otro millonario, son descritos en detalle por su ex guardia personal Juan Reinaldo Sánchez en sus memorias sobre la “Vida Oculta” del “prócer” de la igualdad humana del siglo XX. 

          No tenemos nada qué aprender. Ya todo lo sabemos. Sólo nos basta recordar.

martes, 10 de febrero de 2015

Derecha e Izquierda "Pilladas"

          La encuesta CERC midió el año pasado la opinión de los chilenos sobre sus compatriotas y reveló que sólo el 13% de ellos confía en los demás. Es decir, el 87%, casi nueve de cada diez, no se fía de los otros. Y si eso ya es malo, hay algo peor: que los hechos recientes parecen darles a esos nueve de cada diez toda la razón. Leyendo la información diaria se concluye que no se puede confiar en la gran mayoría de los chilenos. Todo lo que se diga en contrario es “pura música”.

          Dando por sabidas las variadas situaciones que tienen en coma a la derecha política, y contra la cual la última encuesta GFK Adimark revelara un rechazo ciudadano del 78% y un apoyo de tan solo 11%, ahora en la izquierda aparecen situaciones que también merecerían dejar a esta última en coma: al más alto nivel de su gobierno revolucionario, que proclama a los cuatro vientos su vocación de “igualdad, equidad e inclusión”, se manifiesta un desmedido afán de aprovechamiento del poder con fines de lucro, de abuso de privilegios que crean enorme desigualdad y generan un excluyente disfrute de ellos sólo por los poderosos del régimen. ¿Qué “inclusión” –para emplear un recurrente término bacheletiano-- es ésa de la cual está marginado el 99,9% de los chilenos?

          La opinión pública no sabía que era así, porque los profitadores no habían sido “pillados.” Ahora lo han sido. Los de derecha e izquierda. Un joven columnista, Carlos Portales, cuando el “nueragate” todavía no había estallado, escribía en “El Mercurio” del 07.02.15 sobre los hechos que afectan a la derecha: “Empresarios y ejecutivos  exitosos, pero autocomplacientes y desconectados del sacrificio que le cuesta a cada chileno salir adelante, se van convenciendo de que su mundo es el único y ‘el correcto’. Los mejores ejemplos son el “Choclo” Délano, el ex Presidente Piñera y Juan Bilbao. Todos íntimamente relacionados, y todos, en algún momento, protagonistas de ilícitos económicos”.

          ¿Qué dirá ahora ese columnista de la nuera y el hijo de la Presidenta, que obtienen de un banco un préstamo de $6.500 millones para comprar terrenos que luego venden en $9.500 millones gracias a la expectativa de cambios en el plan regulador comunal, que dependen de autoridades del mismo gobierno? ¿No están también “desconectados” esos $3 mil millones, que son cinco millones de dólares de ganancia especulativa fácil, con “el sacrificio que le cuesta a cada chileno salir adelante”?

          Asimismo, si bien por montos indebidos mucho menores, que no son de miles de millones, sino sólo de millones, están siendo denunciados de defraudación al fisco el vicepresidente del Senado, también un hombre de izquierda, y un senador independiente.

          Los trabajos del economista James Buchanan, que le valieron el Premio Nobel, estuvieron dedicados a probar precisamente que el móvil de los funcionarios de gobierno no es diferente del que impulsa a los empresarios privados: su propio beneficio. Pero estos últimos lo consiguen haciendo ganancias en la producción de bienes y servicios en un medio competitivo, mientras que los funcionarios lo consiguen aprovechando el poder de decisión sobre normas y recursos públicos que les procuran sus cargos. Una decisión burocrática sobre un plan regulador comunal significa aumentar o disminuir sustancialmente el valor de un terreno, según si ella dictamina que puede tener alta densidad habitacional o no tener ninguna y ser destinado a área verde y sujeto a expropiación. ¿No están, él y los demás llamados a decidir, expuestos a recibir “ofrecimientos que no pueden rechazar”?

          En voz baja se menciona las fortunas hechas a partir de “cambios en planes reguladores” en el pasado. El actual es sólo otro caso, pero “pillado”. La situación se multiplica a través de la maraña estatal de regulaciones que llenan de atribuciones a los funcionarios y conducen a que los particulares dependientes de ellas y de las exigencias muchas veces arbitrarias que les son impuestas deban “aceitar la máquina”.

          Eso justifica el Estado pequeño y dotado de la menor discrecionalidad posible que promueve el pensamiento de derecha.

          ¿Quedará ahora también “agónica” la izquierda, como se dice que el escándalo de las donaciones electorales irregulares ha dejado a la derecha? ¿O volverá a ser verdad que “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”, como profetizó Nicanor Parra, y ambas saldrán adelante gracias a un amplio manto de “perdón y olvido” decretado por ellas mismas en su propio beneficio?