jueves, 27 de agosto de 2015

El Tiro en la Cabeza


          La importancia de este blog no radica tanto en el número de quienes lo leen (sólo una vez ha pasado las diez mil visitas) sino en la influencia que algunos de sus lectores tienen, pues éstos frecuentemente repiten en público lo que yo he escrito, como si fueran ideas propias suyas. A mí no me importa que lo hagan y no me citen ni me nombren. Lo importante es que terminen expresando cosas que han aparecido aquí. Es una siembra fructífera, aunque poco visible, de nociones, ideas y principios.

          Una de las nociones que así introduje en el debate público hace años fue la del “tiro en el pie” o “balazo en el pie”, a gusto del usuario, concepto que después se repitió infinidad de veces en discursos, artículos, declaraciones y opiniones de personajes “importantes”, es decir, de esos que son frecuentemente requeridos por los medios (muchas veces a insinuación o bajo presión de ellos mismos). Lo hice citando a un gerente norteamericano de larga residencia en Chile (creo que era Robert Haldeman), que una vez nos describió como “un país que cuando está a punto de ser desarrollado se pega un tiro en el pie”.

Esto es muy exacto y lo grafican las cifras según las cuales el ingreso por habitante nuestro era igual al de Suecia en 1900 y al de Japón en 1925, países que alcanzaron el desarrollo y ahora nos doblan o triplican, porque mientras ellos han seguido progresando nosotros nos hemos dedicado a darnos un balazo en el pie cada cierto número de años, eligiendo o permitiendo que lleguen al poder extremistas de izquierda como Marmaduke Grove (1932), Salvador Allende (1970) o Michelle Bachelet 2.0 (2014), que han provocado interludios de caos y retroceso como el que estamos viviendo precisamente ahora.

           Bueno, en esta oportunidad quiero comunicarles a mis múltiples estaciones repetidoras que he resuelto cambiar el concepto: de lo que se trata ahora es de que el gobierno de extrema izquierda está dándole al país un tiro en la cabeza, es decir, al conjunto de los que la demagogia de turno en el gobierno llama también “los poderosos de siempre” o “el uno por ciento más rico”. La persecución desatada contra los mismos se hace en nombre de la “igualdad”, la “inclusión”, la “no segregación” y del “no al lucro”.

          En una sociedad libre la desigualdad se genera espontáneamente y es un factor de progreso de todos, porque los que se distinguen por sobre los demás son los más productivos y siempre contribuyen con sus logros al mayor bienestar de todos. Un buen ejemplo lo dan los equipos de fútbol, en los cuales siempre hay jugadores que se destacan por ser los mejores. Se les paga más y son más populares. Sin embargo, su cometido es bienvenido por todos, porque los beneficia. Incluso favorece a los peores del equipo, en razón de que facilitan el éxito del mismo y con ello hasta los menos buenos ganan más, gracias al éxito que posibilitan los “cracks”. Hasta el peor jugador del Barcelona está feliz de que en el equipo juegue Messi, aunque gane varias veces más que él, sea el preferido de los medios y monopolice las ganancias por publicidad. Los mismos jugadores inferiores dicen que “hay que cuidar a Messi” y considerarían un loco al que propusiera marginarlo o quitarle parte de sus ganancias en nombre de la igualdad. Saben que lo único que conseguirían sería que se marchara a otro equipo y quedarían todos peor.

          Pero el gobierno revolucionario de Michelle Bachelet 2.0 quiere darles un balazo en la cabeza precisamente a los “cracks” de la sociedad, a los Messi, a los más productivos, que tiran del carro y van a la cabeza del “team Chile”.  En este blog he insistido en que tal política es disparatada y nos perjudicará a todos. Y he visto recientemente a un ideólogo de izquierda reconocer que ahora está de acuerdo con esa famosa frase de Pinochet que decía, “hay que cuidar a los ricos”. Obvio, ahí estuvo la clave de la receta para sacar a Chile de entre los países más rezagados entre los subdesarrollados hasta ponerlo a la cabeza de Latinoamérica.

          He observado atentamente a “los ricos” y comprobado sus características: primero, “hacen todas las tareas”. Siempre recuerdo la autobiografía de John Paul Getty, que por un tiempo fue el más rico del mundo. Revelaba que su mayor logro fue siempre “vencerse a sí mismo”. Eso quiere decir que, en vez de divertirse, trabajaba cuando debía hacerlo. Por supuesto, trabajaba bien, productivamente. Uno no saca nada con “deslomarse” haciendo estupideces. Entonces, el segundo requisito es hacer las cosas bien. No comprar cuando hay que vender ni viceversa. Eso requiere talento. Y el tercer requisito es tener suerte. He conocido personas que, a los méritos anteriores, añaden el “toque de Midas”. Estoy convencido de que eso existe y hay a quienes la fortuna persigue, así como hay otros a los cuales los elude. Y los países cometen un gravísimo error cuando ahuyentan a las primeras, como lo está haciendo Bachelet 2.0.

Pues su gobierno revolucionario le dispara a la cabeza, a la que guía al convoy, subiéndole al uno por ciento más rico los impuestos, poniéndoles una pistola al pecho (huelga sin reemplazo) para obligarlos a pagar mayores sueldos que los que indican el mercado laboral y la ley de la oferta y la demanda; y poniendo el destino de las empresas en manos de los sindicatos, es decir, dejémonos de cosas, del Partido Comunista, que los maneja. Nunca debe olvidarse de que “el capital ataca huyendo” (esta frase se la oí a otro, que la "sembró").

Ya se ha liquidado toda una industria, como lo era la de la educación particular subvencionada y la superior, prohibiéndoles a los particulares emprendedores ganarse la vida en eso, al perseguir el lucro. Ahora se amenaza a las instituciones privadas de salud, se busca colectivizar los derechos de agua y restar solidez al derecho de propiedad, que es el objetivo último de la anunciada reforma constitucional. En la Araucanía ya casi no se puede producir, porque el extremismo mata, quema y ataca. Por eso están los camiones en Santiago, clamando por mano dura con el extremismo. ¿La aplicará un gobierno del cual el extremismo es parte? Jamás. Por eso se hace común la frase “empresario chileno vende”. O “empresario chileno compra en el exterior”.

El futuro del país está en tela de juicio, porque se persigue al uno por ciento de los chilenos, que son los que "tiran el carro", los más capaces para hacerlo producir y que realizan el 80% de la inversión, sin la cual no hay crecimiento. Es como si las autoridades del Barcelona se hubieran propuesto liquidar a Messi, en nombre de la “igualdad”, de la “inclusión”  y de la “no segregación”. Barcelona sin Messi sería otra cosa. Una cosa peor. Perseguirlo, a él sería como darse un tiro o un balazo en la cabeza.


Eso es lo que le está haciendo a Chile el actual gobierno revolucionario de la izquierda, en el cual cualquiera se da cuenta de que el que manda es el Partido Comunista. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Los Tres Mundos de Nuestro Mundo


          Hay un mundo real, un mundo político y un mundo esotérico. Nosotros vivimos en los tres. El Gobierno maneja los dos primeros: uno muy mal, el real, que hace que el aparato productivo del país esté hoy desarticulado, cosa que pone a la gente descontenta; y uno muy bien, el político, que hace que la gente se distraiga del mundo real, olvide el descontento y opine según como quiere el Gobierno. En cuanto al mundo esotérico, éste funciona por su cuenta y nadie sabe quién lo maneja, como que una gobernante carismática de repente sufre un cataclismo de imagen cuando se descubren los negocios de su nuera y su hijo y eso cambia el clima de opinión pública en el país.

          En el mundo real el Gobierno ha generado incertidumbre, lo que tiene descontenta a la gente. Pero entonces el Gobierno la distrae, manejando el mundo político mediante la propaganda. Sirve para entender todo esto (y por eso mantiene actualidad) el libro “1984”, de Orwell, escrito en los años ’30, en que el Gobierno Totalitario interrumpía cada cierto tiempo la vida del país para que la ciudadanía viviera “dos minutos de odio” hacia el declarado “enemigo público número uno”, Emmanuel Goldstein, distrayéndola así de sus problemas reales. Hoy, en Chile, ese enemigo público número uno es Pinochet, personificación del Gobierno Militar, degradado a “dictadura”, según ha impuesto el régimen y todos (salvo este blog, naturalmente) le obedecen. La razón la tiene este blog, naturalmente, porque “dictadura” se define como un régimen que no se rige por las leyes, y el Gobierno Militar sí se rigió por ellas, tanto que las mismas dispusieron su propio término de una manera que él no habría deseado, y las debió acatar.

          El hecho era que la situación generada por el régimen en el mundo real y por fuerzas innominadas en el mundo esotérico tenían a la Presidenta en sus niveles más bajos de aprobación y más altos de rechazo, según Cadem Plaza Pública: 22 y 70%. Pero entonces el Gobierno manipuló el mundo político y fabricó “dos minutos de odio”: trajo a su funcionaria “quemada”, Carmen Gloria Quintana, de Canadá, y todos los medios se concentraron en entrevistarla y transmitir su mensaje de horror y odiosidad de extrema izquierda. Además, consiguió que dos conscriptos de un total de once, que hace 29 años declararon judicialmente una cosa, ahora declararan otra; y, en fin, acusó al Ejército de un “pacto de silencio” (inexistente, pues su comandante en jefe tenía 14 años cuando ocurrieron los hechos), lo cual hizo que el Cardenal-Arzobispo repitiera la consigna, condenando el supuesto “pacto de silencio”, y que el presidente del principal partido de oposición se horrorizara públicamente de lo sucedido a Carmen Gloria Quintana hace 29 años (olvidando que ella llevaba los artefactos que la quemaron, para quemar a otras personas) y le rindiera público homenaje de desagravio ante la nación, junto al inefable presidente del Senado de entonces, Patricio Walker.

Todo lo cual distrajo a la opinión pública y permitió subir la aprobación presidencial de 22 a 25%, bajando al mismo tiempo el rechazo de 70 a 65%. El “mundo político” se sobrepuso al “mundo real” y al “esotérico”.

          Así es como suceden las cosas. ¿Cómo creen ustedes que Sebastián Piñera remontó en 2013 desde sus más bajos niveles de aprobación? Convocando a “dos minutos de odio” a Pinochet, al criminalizar su régimen y a todos quienes lo apoyaron (“cómplices pasivos”) con motivo de los 40 años del 11 (lo que de paso liquidó electoralmente a la derecha, pero a él le preocupaba más su popularidad que el destino de la derecha); y trasladando a los más connotados presos políticos uniformados de un penal aceptable (Cordillera) a otro hacinado (Punta Peuco), en medio del júbilo comunista (la hoz y el martillo sobre la puerta de Cordillera presidieron el infame traslado). Todo ello le valió remontar de un 22 a un 34% de aprobación en las encuestas (CEP).

          Sabido todo lo anterior es que la noticia que más me ha llamado la atención últimamente (al grueso público no, seguramente, porque es víctima y no observador del proceso) ha sido la reunión de la presidenta del Senado, Isabel Allende, y de la República, Michelle Bachelet, para conversar acerca de la futura degradación y la supresión de los beneficios carcelarios a los Presos Políticos Uniformados y su traslado a un penal común todavía más hacinado. Nuevamente, el eterno recurso del odio, los “dos minutos de odio”. Es lo que viene en septiembre, acuérdense de mí. Todo el oficialismo, el Cardenal-arzobispo, presidentes de partidos opositores, medios de comunicación, hablando de “violaciones a los derechos humanos” y de cómo privar de beneficios (que los demás reos tienen) e imponer más castigos a los octogenarios y enfermos presos políticos de Punta Peuco. Todo con tal de conseguir otra remontada en las encuestas.

          Claro, el mundo esotérico opera por su cuenta y ya está conspirando contra esa estrategia política, porque ha hecho aparecer un computador del hijo de la Presidenta con una parte completamente borrada, y ha surgido la simultánea denuncia de que hubo un vale-vista extraviado de mil 500 millones de pesos en la Dirección Sociocultural de la Presidencia, de la cual estaba a cargo el referido hijo (que se desempeñaba ad honorem, pero manejaba un presupuesto anual conjunto de US$500 millones). Eso puede llevar los derroteros de la noticia a lugares que sus manejadores(as) oficiales jamás habrían imaginado.

          Se viene un “septiembre negro”, sin duda. Lo que no se ha dilucidado es para quién o quiénes lo va a ser más.

viernes, 21 de agosto de 2015

A Piñera Se Le Va Una


          La característica principal de Piñera es que “no se le va una”. Siempre que sea en su propio beneficio, por supuesto. Las cosas le resultan tan bien que, siendo el principal responsable de la destrucción de la derecha en Chile (principalmente mediante su criminalización, al declararla “cómplice pasiva de violaciones a los derechos humanos” en el 40° aniversario del 11, poco antes de las elecciones de 2013) las encuestas señalan que mantiene un 77% de apoyo entre quienes declaran pertenecer a la misma criminalizada derecha.

          En esta etapa en que, prácticamente, todos los políticos han sido sorprendidos cometiendo irregularidades para conseguir financiamiento, y Piñera, por supuesto, también, todos ellos han experimentado descensos en su apoyo ciudadano, salvo Piñera. Por ejemplo, Andrés Velasco perdió siete puntos de adhesión a raíz de haber cobrado a Penta $20 millones por asistir a un almuerzo-conferencia; en cambio, Piñera ganó cuatro puntos de adhesión tras haberse publicado que cursó alrededor de $340 millones en facturas ficticias a SQM y otras empresas ¿Cómo lo hace? Diciendo que no sabía nada, pues estaba “en cuerpo y alma” dedicado al “servicio público”. Y la gente se lo cree. “¡Pobre Piñera!”, parece decirse, “sus subordinados hicieron algo indebido cuando él estaba dedicado a servirnos a nosotros y no tenía como saberlo”.

          Pero ahora ha quedado en evidencia algo más: gran parte de los $340 millones que obtuvo de SQM y las demás, como contribución a su campaña electoral, no fueron destinados a ésta, sino a pagar bonos de desempeño a dos ejecutivos (Mario Conca y Jaime de Aguirre) de otra empresa suya, Chilevisión. Es decir, a enriquecerlo a él, ahorrándole un gasto.

          Entonces ahora se exige creerle algo más a Piñera: que ni siquiera se enteró de que se estaba aumentando su patrimonio personal en más de $300 millones. Concluir esto equivale a dar por sentado que su ejecutivo de confianza hizo la operación de percibir el dinero electoral de SQM y otras y destinarlo, no a la elección presidencial, sino a fortalecer las finanzas de otra empresa de su jefe, sin saberlo éste. Y que ese ejecutivo, que hizo a su empleador $300 millones más rico, no quiso comunicarle tan buena nueva. ¿No parece increíble tamaña modestia del subordinado?

          Pero ahora ese ejecutivo de su confianza está ad portas de ser formalizado por un delito, si bien es cierto que ha aparecido un instructivo de Impuestos Internos para descriminalizar actuaciones cono la reseñada (que el periodista Tomás Mosciatti, en entrevista de Mega, ha llamado “un traje a la medida de Sebastián Piñera”).

          Con todo, yo pienso que a la fiscalía se le va a hacer difícil creer que alguien, por millonario que sea, ni siquiera se entere de que se ha hecho $300 millones más rico. Eso le podría suceder a otro millonario distraído, pero no a Piñera, en cuyo patrimonio “no se mueve una hoja” sin que él lo sepa. Por algo durante su presidencia, en pleno comité político, preguntaba cómo iba el asunto de las Cascadas, siendo que esas acciones suyas estaban en un fideicomiso supuestamente “ciego”.

A todo esto, la ganancia de $300 millones se consiguió mediante un enjuague de facturas ideológicamente falsas, situación que ha llevado a su ejecutivo de confianza a exponerse a una formalización y a poner su propio cuello en riesgo para enriquecer a su patrón sin que éste –según afirma-- ni siquiera lo supiera.

Ninguna fiscalía va a comprar semejante cuento, aunque Impuestos Internos haya confeccionado "un traje a la medida" de las necesidades de la defensa judicial de Piñera.

          Esta vez, sin duda, “se le ha ido una”. Aunque el 77% de la gente de derecha, disminuida por él y todo, lo siga aplaudiendo igual.

martes, 18 de agosto de 2015

Desvergüenzas en un País Blandengue


          Después de que el (enhorabuena jubilado) juez Solís confesara paladinamente, en el programa “El Informante” de TVN, haber condenado a los militares por el caso Sandoval, de hace más de 40 años, sin probarles delito, sino en virtud de una “ficción”, en circunstancias que el código lo obligaba a probar la existencia del delito en lugar de fingirlo; delito que, además, estaba amnistiado y prescrito, en cuyo caso el mismo código lo obligaba a “negarse a dar curso al juicio”, se explica que la Corte Suprema haya vetado su designación como “asesor de derechos humanos”, “pituto” que pretendían concederle los supremos de izquierda amigos.

          Él atribuyó la pérdida de la prebenda a la presión militar, pero desde la misma Corte Suprema se me ha enviado un mensaje verbal en el sentido de que los responsables fueron otros ministros del tribunal, sin injerencia militar alguna. Pero un “pacto de silencio” ha llevado a que ni magistrados ni militares digan públicamente la verdad final sobre el punto.

          No hay novedad. La Corte Suprema, en su oficio 33-2015 de 27 de marzo pasado, explicitó su adhesión a la “doctrina Solís”, según la cual las leyes no hay para qué respetarlas; y confesó de plano que la legislación chilena “no contiene delitos adecuados” para poder condenar a los militares, de modo que los tribunales deben recurrir a variadas triquiñuelas y “ficciones” para meterlos presos. “A confesión de parte…”

          Mucho peor para la ley, como habría dicho Lenin. Tenemos una dictadura judicial de izquierda. (“Dictadura”: gobierno que se ejerce fuera de las leyes).

          Entonces el Gobierno ha resuelto reponerle el "pituto" a Solís, contratándolo en el Ministerio de Defensa como asesor de derechos humanos, seguramente pagándole más que la Suprema. En Defensa es ministro el ex candidato presidencial José Antonio Gómez, un radical de extrema izquierda que en la primaria hizo y dijo todo lo necesario para representar bien al Partido Comunista, lo que, contra sus previsiones, le significó sacar muy pocos votos, no obstante lo cual calificó para ser el imitado favorito de Kramer. La contratación de Solís deja en evidencia la total falta de imparcialidad política del magistrado, si es que ella no había quedado de manifiesto suficientemente en sus fallos contrarios a la Constitución y las leyes y, por lo mismo, estrictamente apegados a las consignas revolucionarias y vengativas del comunismo. 

          Todo esto es, por supuesto, un gran abuso. No podría tener lugar si éste no fuera un país blandengue, con una opinión pública que se lo traga todo si se lo repiten un suficiente número de veces los periodistas de izquierda que trabajan en medios de derecha; con una oposición más que blandengue, que hace tiempo “se dio vuelta la chaqueta”; y unos militares tan blandengues, que miran para otro lado mientras a sus camaradas, que debieron poner el pecho a las balas terroristas cuando los civiles se lo imploraron, los condenan por venganza a cadenas perpetuas de hecho y les discuten hasta los beneficios penitenciarios. El más reciente fallo, que mandó tras las rejas a 14 militares, uno de los cuales se suicidó y otro ha rechazado entregarse, ha establecido que el Ejército, ya en los ’90, se había convertido en una “asociación ilícita”. Y el Ejército, "siempre vencedor y jamás vencido", se ha tragado tamaños insulto e ilegalidad en completo silencio.

          Políticos inescrupulosos, como Aylwin, convocaron a los militares a la lucha contra el extremismo ("hay milicias fuertemente armadas", decía) y después los condenaron por haberles obedecido; y otros aún más inescrupulosos, como Piñera, les triplicaron las querellas y los mandaron a un penal peor, en ambos casos para complacer a los comunistas. Y ahora Bachelet II, para no ser menos, y sabiendo que son presos políticos y caballeros civilizados, quiere cambiarlos a otro penal todavía peor, para que sepan lo que es canela en medio de los reos comunes, y así aprovechar la publicidad que ofrece el aniversario de septiembre. ¿Qué más se le ocurrirá hacerles? ¿Cortarles a los octogenarios y enfermos que sobrevivan un dedo en cada aniversario del 11?

Es que en el Chile de hoy los únicos duros son los comunistas, que salen a la calle a pegarles a quienes se les pongan por delante, aterrorizan a los gobiernos, defienden a muerte a sus guerrilleros, secuestradores y asesinos; les gritan “asesinos” a los militares y mantienen sus armas guardadas "por si las moscas". 

Todos les tienen pavor y, comenzando por el citado Piñera y siguiendo por todos los demás, hacen lo que ellos dicen. Y, por si fuera poco, cobran ocho millones de dieta parlamentaria más dos millones de pensión de exonerado, se pavonean públicamente de sus asesinatos (porque para ellos sí rige la prescripción) y, encima (“matón que no abusa se desprestigia”), sacan ficha de protección social. 

En conjunto los extremistas le extraen al Estado trescientos millones de dólares al año. Y como a unos treinta mil de ellos se les hizo poca la pensión mensual que les regaló Lagos por declararse torturados, les acaban de aprobar ocho millones de pesos adicionales como bono para que no se declaren en huelga de hambre. No está mal como indemnización por habérseles "violado su derecho humano" a tomar el poder por las armas.

¡Qué vergüenza de país! El resto de los chilenos es un rebaño que repite una y otra vez “beeee”, siendo “beeee” lo que los comunistas les ordenan corear a todos y al que no lo haga le sacan la cresta. En esto ha terminado el otrora “jaguar latinoamericano”, hoy día un gato que les tiene miedo hasta a los ratones.

jueves, 13 de agosto de 2015

El Odio y el Mar


          Cuando los gobernantes bolivianos tienen problemas, agitan el tema del mar.  Cuando los gobernantes chilenos los tienen, agitan el tema del odio.  Evo estuvo en apuros con marchas de protesta en su contra. Las atribuyó a espías chilenos. Las protestas pasaron a segundo término.

          Acá, cuando Piñera llegó a la cota más baja de popularidad, aplicó la receta y recurrió al arma chilena para desviar la atención: el odio. Trasladó a un grupo de oficiales del aceptable penal Cordillera al hacinado Punta Peuco. El comunismo aplaudió, su exponente más extrema, la joven Javiera Parada, elogió a Piñera. Éste remontó en las encuestas. A costa de los militares, por supuesto, a los cuales había prometido acortar los procesos y hacer valer la prescripción y el respeto al estado de derecho. Pero la “familia militar” ya había votado por él y seguramente se dijo, “París  bien vale una Misa”.

Y ahora Bachelet había llegado, a su turno, a la cota más baja de su popularidad. Entonces imitó a su antecesor y recurrió al odio. Su “agregada científica” en Canadá, Carmen Gloria Quintana, apareció por acá, en curiosa concomitancia con el “arrepentimiento” de un testigo de los hechos de 1986, cuando uno de los artefactos incendiarios que ella misma llevaba estalló y la quemó. De portadora de tales elementos ha devenido “víctima”, como tantos otros.

¿Cómo actualizaron el odio? Consiguiendo que todos los medios destacaran al sujeto que, tras 29 años, delató un supuesto “pacto de silencio” y dio una versión distinta de la que había dado en 1986. Todo Chile repitió sumisamente: “¡pacto de silencio!”. Y todavía sigue repitiéndolo, porque acá la opinión pública es esclava permanente de las consignas de la izquierda.

Pero sucedió un imprevisto y “el tiro les estaba saliendo por la culata”, porque un segundo supuesto delator del “pacto de silencio”, un ex conscripto “en situación de calle”, recitó mal el libreto que le habían enseñado y dijo que el oficial que había quemado a los extremistas era otro y no el que había dicho el primero; y que no había usado encendedor, como decía aquél, sino fósforos.

El ministro Carroza carraspeó y luego tuvo que empezar a toser francamente, cuando los otros nueve conscriptos mantuvieron su versión de 1986 y, más grave todavía, uno confesó que había sido él quien, accidentalmente, había golpeado un recipiente explosivo y había ocasionado la quemazón.

          Pero entonces al Gobierno, a Carroza y al odio “los salvó  la campana”: sobrevino la muerte del general Contreras, y eso permitió que el odio tomara otros derroteros. Como esto ha dado pie a que yo reiterara públicamente en TVN algunas verdades históricas, entonces ahora se levantan voces exigiendo que se ponga límites a la libertad de expresión y se impida que los “delirios” de un “fantoche extremista”, como me describe un plumario de extrema izquierda en la portada de hoy de “El Mostrador”, siga diciendo las cosas que dice. Y TVN está en problemas, porque si bien logró elevar el rating de “El Informante”, todo tiene su límite. Lo más pluralista que puede ser el canal estatal es mostrando en pantalla a “arrepentidos” y repetidores de la consigna máxima, “las violaciones a los derechos humanos”. Éstas, por supuesto, no son los crímenes cometidos por los que declararon la guerra, las “milicias fuertemente armadas” del marxismo que denunciaba Aylwin I en 1973, sino los militares impidieron el autogolpe proyectado por Allende, según la versión de Aylwin I, que sólo vino a ser contradicha por Aylwin II veinte años después.

          Hubo otro distractivo en ciernes: el ministro Solís, que ha impuesto cientos de años de condenas a militares sobre la base de una “ficción”, como confesó en cámara, acusó a sus colegas de la Corte Suprema de haberlo privado de una conveniente “asesoría”, que le permitiría mejorar su pensión de retiro, por presión de los militares. Amenazaba estallar otro escándalo. Hasta yo exclamé en cámara, esperanzado, refiriéndome a los militares: “¡Por fin hacen ALGO!” Vana ilusión. Se me informó que fueron los propíos ministros supremos los que advirtieron sobre la irregularidad de la asesoría de Solís y la vetaron.

          Y esta mañana un séptimo oficial víctima de la persecución de los “guardianes del odio” se ha quitado la vida. La justicia de izquierda lo había condenado a más de veinte años de presidio. ¡Que contraste con el millar de terroristas de izquierda amnistiados, indultados e indemnizados! ¡Que contraste con los treinta mil izquierdistas que en días pasados recibieron un millón de pesos adicionales cada uno, como bono para suplementar las pensiones que obtuvieron en 2005 con sólo declararse “torturados”!
          
         Evo “zafa” con el mar. Piñera y Bachelet “zafan” con el odio. Lástima que “¡uuups!, en El Salvador Michelle es hoy sorprendida diciendo la verdad. Nadie contaba con eso. Dice el analista Patricio Navia en “La Segunda” de hoy: “¡Qué vergüenza que la Presidenta de Chile diga que tiene como modelo a la República Democrática Alemana!”
     
         ¿Y adónde creía él que conducen las reformas revolucionarias?

lunes, 10 de agosto de 2015

Réquiem Para un Mito Izquierdista


               Cuando murió el general Contreras me llamó una periodista de Megavisión con el fin de entrevistarme para el noticiero AhoraNoticias. Conversamos unos veinte minutos y en la noche lo sintonicé para verme. Aparecí cinco segundos diciendo: “Fue eficaz en la lucha contra el terrorismo”, y nada más. Cinco segundos. Es que el resto de mis declaraciones contradecía la versión de la izquierda sobre Contreras, que fue la que dio el referido noticiero. Este cumple rigurosamente la regla periodística nacional: los dueños son grandes empresarios, pero la línea editorial la determinan los periodistas de izquierda.

          Bueno, tengo más de algo qué decir sobre el general Contreras. El otro día el presidente de la UDI, Hernán Larraín, declaró que yo lo “defendía”. Con su particular óptica política, que en estas materias es la de la izquierda, creyó que con eso “me liquidaba”. Lo que sucede es que yo digo la verdad sobre ese general, mientras que Hernán, en este tema como en otros relacionados con derechos humanos, sólo repite consignas comunistas y hasta homenajea a una ex terrorista de ese signo.

          El mito sobre ese militar lo presenta como un sanguinario perseguidor de personas inocentes. Se le atribuye muertes, torturas y desapariciones. Pero si se lee, por ejemplo, el sesgado Informe Rettig, que ocultó la mitad de la verdad (las muertes provocadas por las facciones armadas de izquierda) se ve que el mito de Contreras ha sido enormemente sobredimensionado. Por ejemplo, de un total de supuestos “desaparecidos” (lo pongo entre comillas porque hoy no son tales, como luego expondré) de 824 que el Informe Rettig atribuye a alguna institución, sólo asigna 316 a la DINA, dirigida por el general Contreras. Luego, en ese tema su participación fue secundaria.

          Otro mito, el de que el general Contreras “guardaba información sobre desaparecidos” también es falso y, de hecho, él ha sido la única persona que ha investigado y dado a conocer los paraderos de personas catalogadas como desaparecidas. En su libro “La Verdad Histórica II ¿Desaparecidos?”, que estuvo entre los más vendidos en 2001, estudió el tema. Posteriormente envió a cada uno de los ministros sucesivamente sumariantes en casos de derechos humanos, y a mí también, una nómina de más de seiscientos supuestos desaparecidos precisando su paradero, entre ellos decenas de casos de “personas sin existencia legal” y “personas que salieron legalmente del país”. Nunca se supo que algún juez, alguien de la Comisión Rettig o de ningún otro organismo desmintiera esas cifras. 

          El mito siempre prevaleció y se siguió hablando de “miles de desaparecidos”, pese a que la Comisión Rettig mencionó 979 y la posterior Comisión de Reparación añadió 123, haciendo un total de 1.102. En mi libro “Terapia para Cerebros Lavados” cité publicaciones según las cuales todos ellos tenían un paradero determinado, es decir, no eran “desaparecidos” (p. 262), aparte de que en los últimos tiempos han ido “reapareciendo” sucesivamente seis que nunca lo fueron.

          Otro mito fue el de que el Presidente Pinochet “sabía todo lo que hacía el general Contreras”. También eso es falso. Quedó históricamente comprobado que este general le aseguró tres veces no haber tenido ninguna vinculación con Michael Townley (quien puso las bombas al general Prats y a Orlando Letelier), lo que indujo a la Junta a entregarlo a las autoridades norteamericanas. Ese ocultamiento fue decisivo para disolver la DINA y relevar a Contreras, al comprobarse que escondía cosas a sus superiores, entre ellas la de ordenar dar muerte a terroristas sin forma de juicio, cosa que es practicada hoy día sin objeciones por los Estados Unidos e Israel, pero que las circulares número 1 de la Junta de Gobierno y número 22 del Ministerio del Interior, ambas de enero de 1974, vedaban a todos los uniformados chilenos.

          Orlando Sáenz ha publicado en “El Mercurio” un muy buen artículo sobre las iniquidades cometidas en los juicios contra uniformados (r), apelando a que ellos habrían actuado en virtud de la “obediencia debida”. En realidad, la “obediencia debida” justamente les vedaba cometer semejantes crímenes y, cuando se perpetraron, fue en virtud de todo lo contrario, “desobediencias indebidas”, pues las instrucciones superiores y generales eran las de respetar las vidas de quienes rindieran sus armas. En la práctica de los juicios, los inculpados que declaran haber actuado por órdenes superiores, aunque ello fuera falso, son tratados con benevolencia por los jueces de izquierda, porque el propósito de éstos es político: la condena pública del Gobierno Militar. De hecho, el autor comprobado de más de cincuenta fusilamientos ilegales nunca ha pisado Punta Peuco y está en su casa, por haber culpado a sus superiores, pese a que contravino las órdenes de éstos. Pero ello acomoda al propósito político de los jueces, que le han impuesto sólo pena remitida. Todo esto es inmoral, de público conocimiento y no criticado por nadie, lo que pone en evidencia la falta de ética que preside el actuar de la judicatura y el temple de nuestra sociedad.  

          En esta hora en que hay un centenar de militares (r) presos con violación del estado de derecho, y cerca de un millar de los mismos procesados, mientras todos los terroristas que actuaron antes de 1990 están libres, por sangrientos que hubieren sido sus crímenes, la muerte del general Contreras, octogenario, enfermo y condenado a más de quinientos años en juicios confesamente ilegales (un pleno de la Corte Suprema lo reconoció así), ha puesto de relieve hasta qué punto la izquierda en general y el comunismo en particular han logrado imponer sus mitos acerca de la verdad histórica del país y ocultar su propia responsabilidad, y la de la izquierda en general, en la generación del terrorismo y la violencia que hicieron indispensable un 11 de septiembre de 1973. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Personajes Cambiantes


          Como he sido siempre de una sola línea en política, tengo frecuentes dificultades con los que cambian la suya siguiendo al “sol que más calienta”, sobre todo si los pongo en evidencia. Las veces en que esto sucede, mi correo se llena de testimonios de las antiguas posiciones que mantenían mis cambiantes contradictores, posiciones que ellos mismos a veces han olvida do por completo.

          En estos días he criticado los últimos virajes del presidente de la UDI, Hernán Larraín, convertido en portavoz de consignas comunistas, como la de degradar a oficiales (r) que son presos políticos. Él, también en estos días, ha rendido homenaje público a una extremista de izquierda que resultó quemada al estallar los artefactos incendiarios que portaba para, a su turno, quemar a otras personas.

En fin, el mismo senador en el pasado se ha opuesto a que los condenados uniformados reciban los mismos beneficios que por ley se les dio a los terroristas. "Mi voto a favor de éstos, dijo, no debe ser considerado moneda de cambio para favorecer después a los militares".

          Y entonces Hernán Larraín exclama que no va a permitir que yo censure sus críticas “a las violaciones de los derechos humanos”. Pero cuando el ex Presidente Pinochet cumplió 80 años, en 1995, Hernán le escribió una carta (“La Segunda, 24.11.95) de homenaje y agradecimiento, en la que estaba lejos de considerar a su régimen como “violador de derechos humanos”, y tal vez por eso le expresó: “Los pueblos, por lo general, son poco agradecidos con quienes colaboran en su desarrollo en vida de sus protagonistas”. Y luego señaló: “Incluso los errores y excesos que se cometieron –no podemos olvidar la naturaleza humana—y más allá del aprovechamiento político que de ellos se ha venido haciendo durante muchos años, deben servir para comprender lo profundo del quiebre social que existió a comienzos de la década del ’70 y el grado a que había llegado la justificación del uso de la violencia por los sectores políticamente mayoritarios de ese tiempo”.

          Precisamente entre quienes hacían uso de la violencia se hallaba Carmen Gloria Quintana, a la cual Larraín rinde hoy público homenaje por haber sido “víctima” de quienes 
le impidieron incendiar buses con pasajeros.

          Y su apoyo actual a la venganza comunista es también contradictorio con lo que expresa en su carta de 1995, cuando se refiere a “problemas pendientes". Decía entonces: "Producto de la mala aplicación de la Ley de Amnistía dictada en 1978 para contribuir a la paz social, advertimos la inequidad de algunos sectores que, por un lado, procuran superar las dificultades procesales y penales de terroristas de izquierda, para intentar, por otra parte, la persecución implacable de todo uniformado que pueda tener alguna responsabilidad en hechos de entonces”.

          Lo que hoy Larraín llama “violaciones a los derechos humanos”, hace veinte años le merecía otro juicio, que le expresaba al entonces senador Pinochet: “Fue necesario tener coraje para actuar en su debido momento, como es necesario hoy para superar esas inquietudes, sin olvidar el debido respeto por los sentimientos de todos los afectados. Usted supo actuar y lo ha sabido hacer en estos días, dando ejemplo de autoridad, respeto personal y observancia de las normas jurídicas vigentes en la actualidad”.

          Naturalmente, también me llega de varias fuentes en estas ocasiones la grabación de 11973 en que Patricio Aylwin justifica en cámara cuanto están haciendo los uniformados y el pronunciamiento para “anticiparse a un autogolpe” totalitario que preparaban Allende y la Unidad Popular, según afirma.

          Cuando Aylwin manifestaba este caluroso respaldo (octubre de 1973), estaba teniendo lugar el 80 por ciento del total de las muertes registradas en Chile a raíz del pronunciamiento militar: el Informe Rettig consignó un total de 2.298 caídos en 17 años, 1.823 de los cuales se produjeron entre septiembre y diciembre de 1973.

          Luego, las condenas que emiten actualmente estos cambiantes personajes los comprometen y les alcanzan a ellos mismos, pues eran cómplices en el sentido de apoyar y estimular la acción de los uniformados.

Incluso el propio Aylwin dio un paso más cuando, según “La Tercera” de 04.07.99, p. 6, el 4 de enero de 1974 dirigió una expresiva carta a la Junta Militar ofreciéndole cooperación y aconsejándole no incurrir en el error de gobernar por un tiempo demasiado corto.

          “Darse vuelta la chaqueta” es un ejercicio político autóctono bastante frecuente, pero nuestros hombres públicos no pueden pretender que nadie se dé cuenta ni dé a conocer en qué bando militaban cuando tenía lugar la batalla, después de la cual han emergido como triunfantes generales que lo habrían hecho todo a la perfección.