jueves, 31 de julio de 2014

Azotándose en Cerro Castillo


          Los chilenos nos hemos olvidado de lo que es ser un país pobre. Nos hemos acostumbrado a que lleguen peruanos, bolivianos, ecuatorianos, colombianos y, últimamente, hasta argentinos y españoles a trabajar acá, porque los condiciones están mejores que en sus países de origen.

          Bueno, la revolución izquierdista en curso revertirá esa tendencia y primero dejarán de llegar trabajadores extranjeros, como ya estábamos acostumbrados, y empezarán los chilenos a buscar mejores horizontes afuera. El proceso lo ha explicado muy bien un reputado economista, Rolf Lüders, en diferentes intervenciones: la revolución izquierdista, y en particular su reforma tributaria, está atacando al capital y la rentabilidad de éste tiende por eso a disminuir, por cuyo motivo baja la inversión. Esto ya se está traduciendo en menos empleo y, como consecuencia, la remuneración del factor trabajo tenderá a disminuir. Con trabajo más barato, el capital ve mejorada su rentabilidad y deja de emigrar, de modo que se retorna a un mayor nivel de inversión y se recobra la tasa de crecimiento. Entonces, finalmente, tenemos como consecuencia de la revolución izquierdista una economía con impuestos más altos, sueldos más bajos y ganancias del capital recuperadas, para hacer posible nuevamente un mayor crecimiento.

          En resumen, los mayores impuestos los van a pagar a largo plazo los trabajadores, aunque los autores de la reforma tributaria digan que los van a pagar los capitalistas. Pero éstos van a pagarlos sólo inicialmente, van a  buscar mejores horizontes y luego volverán cuando la rentabilidad del capital se haya restablecido.

          Naturalmente, esto no tiene contenta a Michelle 2.0, que pasó a ser Michelle 3.0 cuando moderó su reforma tributaria y "chuteó para adelante", aunque se le saliera el zapato, la reforma constitucional. Pero la tributaria, moderada y todo, sigue siendo perjudicial, y ella lo sabe. Por eso reunió a sus colaboradores en el Palacio Cerro Castillo (los izquierdistas quieren que todos seamos más iguales pero cuando se reúnen no lo hacen en un galpón de La Pincoya sino en un Palacio donde está servidos “a todo trapo”). Y no los reunió para felicitarlos por la marcha de la revolución sino porque se ha estado dando cuenta de lo que señalé en los párrafos anteriores. Los izquierdistas, como los maridos engañados, son siempre los últimos en enterarse.

          En el extranjero se percatan mejor que nosotros de lo que viene. El rector de la Universidad Mayor, Rubén Covarrubias, en carta a “El Mercurio” del lunes, refería que en una conferencia de mil rectores universitarios en Brasil el presidente del evento lo interpeló intempestivamente diciéndole que en Chile, que ocupaba el primer lugar en educación en América Latina, se iban a llevar a cabo reformas que habían fracasado en otros países de la región y que cómo podía explicarse eso. Él seguramente tuvo que explicar el curso de la revolución izquierdista en Chile y decir que no le quedaba más que lamentarla.

          Conste que estamos sólo en el comienzo. La izquierda ya está anunciando golpes revolucionarios en la legislación laboral que encarecerán la contratación, así es que el fenómeno desatado por la reforma tributaria se va a redoblar con la laboral. Y la señora que descubrió que la cotización de salud es un impuesto está preparando el ambiente para que el Estado le dé también el zarpazo a la salud privada, con el eventual resultado de que todos los cotizantes de las Isapres pasen a tener un nivel de atención como el de Fonasa, pero empeorado, porque cuando terminen con las primeras la atención en el sistema público se va a  volver todavía peor que ahora. Fenómeno parecido al que desatará la intervención estatal en la educación particular subvencionada, donde la gratuidad forzada hará que se redoble la emigración hacia ella, saturándola, desde la enseñanza municipalizada ya en decadencia. 

          Y el apetito socialista también se dirige a las AFP. Y como también han manifestado hambre por administrar los derechos de agua, la agricultura tal vez deba “poner sus barbas en remojo”.

          Por fortuna Michelle 3.0 chuteó para adelante la reforma constitucional “por las buenas o por las malas” de Michelle 2.0 y por el momento todos han dejado de hablar de la Asamblea Constituyente. Yo había pronosticado que cuando fuera impulsada ésta nos encontraríamos, en la revolución izquierdista chilena, en el estado equivalente al Asalto del Palacio de Invierno en la rusa o los Acuerdos de la Sala del Juego de Pelota en la francesa. Es decir, en el momento en que definitivamente se desbordó el torrente. Todas las revoluciones tienen un patrón parecido. La chilena actual ha abierto muchos frentes simultáneos de lucha y su conductora se ha asustado.

          De momento, cuando dejen de llegar extranjeros a nuestro mercado de trabajo ya habrá una prueba fehaciente de que la reforma tributaria la habrán terminado pagando los asalariados, que es lo que todo economista preparado, objetivo y no socialista sostiene en este momento que va a suceder.

domingo, 27 de julio de 2014

Escribo Sólo por Motivación


          Yo escribo por motivación. Pudo haberme motivado la información de que los niñitos de la UDI siguen estudiando cómo hacer que la Declaración de Principios de su partido, que redactó Jaime Guzmán con diversos aportes de otras personas, pase a ser del gusto del 90% de los chilenos actuales que tienen el cerebro lavado. Pero eso no me motiva demasiado, porque no es grave, sino sólo ridículo, y en todo momento lo he asimilado a la ironía de Groucho Marx que decía: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

          En cambio sí me motivaron las siguientes pregunta y respuesta en una entrevista a Eugenio Tironi en “La Segunda” del sábado: P: “El historiador Alfredo Jocelyn-Holt dice que se pasó del slogan ‘avanzar sin transar’ a ‘transar sin parar’. R: “Que le vaya a decir eso a cualquier familia chilena que salió de la pobreza, no tiene hijos desaparecidos y vio cómo se conmemoraron los 40 años del golpe”.

          Esa respuesta representa el grado en que se han lavado los cerebros de los chilenos y la magnitud del cinismo de los autores del lavado. La gente en Chile salió de la pobreza gracias al modelo económico-social establecido bajo el Gobierno Militar y sus modernizaciones y privatizaciones, que llevaron al país desde los últimos lugares de crecimiento y las mayores inflaciones a situarse a la cabeza de América Latina en ambos aspectos indispensables para derrotar la pobreza.

          Resulta particularmente hipócrita la referencia de Tironi a “la familia chilena que no tiene hijos desaparecidos”, sobre todo dicha por un ex militante del MAPU, que tenía, según Carlos Altamirano, una considerable guerrilla terrorista. Por supuesto que en los ‘70, en el combate a un terrorismo armado que atacaba desde la clandestinidad, se producían represiones indeseadas y desaparecimientos. Pues a su turno la guerrilla marxista mató 301 personas sólo entre el 11.09 y el 31.12.73.

Cuando Aylwin decidió traicionar a los militares y bienquistarse con la UP, patrocinando el sesgado e injusto Informe Rettig de 1991, éste dio cuenta de algo más de 900 desaparecidos. Después el número aumentó debido a los beneficios económicos reconocidos a los casos en que se dictaminaran desapariciones políticas. Pero en Chile, según cifras de Carabineros, desaparecen cada año 2.500 personas (diferencia entre las “denuncias por presunta desgracia” y los encontrados en cada año). Publiqué esas cifras en mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”. En todo caso, entre 1978 y 1990 sólo hubo 23 denuncias de desaparecimientos políticos documentadas por el Informe Rettig.

Entonces, obviamente bajo gobiernos como los de los ’90, que no tenían una guerrilla adversa, porque los ex UP patrocinadores de la misma estaban en el poder (socialistas, MAPU, IC, PR) o eran favorecidos e indemnizados por éste (PC, MIR), no había ni podía haber secuela alguna del terrorismo y, más aún, los asesinos ex integrantes de la guerrilla gozaban de impunidad para matar selectivamente, como lo hicieron con Jaime Guzmán.
 
          También resulta odiosa la referencia de Tironi a “cómo se conmemoraron los 40 años del golpe”. Pues, en efecto, tal conmemoración, con la complicidad activa del gobierno de Sebastián Piñera, de funesto recuerdo, constituyó toda una vergüenza nacional. Muy pocas veces en la historia de las naciones civilizadas unos pocos controladores de los medios de opinión pública y las superestructuras políticas le habían mentido tanto a tanta gente.

          Por cierto, Tironi se declaró arrepentido de haber criticado a Piñera y de haber escrito el libro “Por Qué No Me Quieren”, al comprobar que ambos habían trabajado codo a codo en la tarea de lavar los cerebros nacionales con motivo de los 40 años del 11.

Los que deseen más detalles de esa gigantesca “Operación Falsedad” pueden encontrarlos en mi blog “El Libro de las Verdades Olvidadas” publicado el 11 de septiembre de 2013 y otras entradas posteriores.

          La conmemoración de los 40 años del golpe quedará, en todo caso, como un baldón en la hoja de vida de la honestidad chilena, si es que existe tan improbable  bitácora.

          Sí debería hacerse referencia a ese penoso episodio de propaganda política masiva en el contexto de algún estudio sobre las “Grandes Vergüenzas Nacionales”.

viernes, 25 de julio de 2014

Entre la Sevicia y el Odio


          Ayer me convidaron a dirigirles la palabra unos oficiales en retiro preocupados por sus camaradas ilegalmente presos y por estar algunos de ellos mismos indebidamente procesados; y, además, porque una mayoría de la Cámara, dando fe de que “el odio es más fuerte”, ha oficiado a la Presidenta para que, superando la marca de Piñera al cerrar Cordillera, traslade a los actuales presos políticos uniformados a un penal peor.

La iniquidad perpetrada contra los militares es antigua y prevalecerá, porque es impune, pues ya se sabe que sus camaradas en servicio activo “no rescatan a sus caídos tras las líneas enemigas”. Además, la mayoría del país ha optado por aceptarla, tanto que Piñera subió en las encuestas cuando hizo su canallesco aporte de cerrar el Penal Cordillera. Chile premia el odio y la sevicia (crueldad extrema e innecesaria).

La realidad es que en el Chile de hoy hay dos grupos de seres completamente indefensos y a los cuales se les puede hacer impunemente cualquier cosa: los que están por nacer, porque no votan y no pueden hablar en su propia defensa ni siquiera cuando resuelven matarlos; y los militares que combatieron al terrorismo, porque, si bien votan, son una minoría, y además impopular, que tiene el peor defecto que puede tener una minoría: no es capaz de meterle miedo a nadie.

Los comunistas también son una minoría, pero todos saben que tienen armas y explosivos y cuando alguien los molesta excesivamente lo matan. Simón Yévenes, un poblador UDI, los molestaba en exceso en su población y lo mataron; Jaime Guzmán los sacaba de quicio en el Senado hablando contra el terrorismo y lo mataron. Entonces, todos les temen a los comunistas y “les hacen la pata”. ¿Por qué Sebastián Piñera fue al entierro de Volodia Teitelboim y declaró que era “un grande de la historia de Chile”, a sabiendas de que había organizado el entrenamiento en Cuba de jóvenes chilenos para que vinieran a matar   compatriotas acá en los ’80? Por miedo. ¿Por qué Guillermo Teillier puede vanagloriarse públicamente de ser el autor intelectual de un quíntuple asesinato y ningún juez lo procesa y cuando alguien se querella contra él los jueces aplican la prescripción? Por miedo. ¿Por qué a los militares les niegan la prescripción y los procesan y condenan contra todas las demás leyes y faltando muchas veces a la verdad de los hechos? Porque nadie les tiene miedo. No son capaces siquiera de hacer una huelga de hambre. Cuando algunos amenazaron con ella, sólo duró hasta después del primer desayuno que rechazaron.

Por eso los portaestandartes del odio en el país, los marxistas, lograron recién más de cincuenta votos en la Cámara para pedir el traslado de los presos de Punta Peuco a un penal común junto a los delincuentes habituales. Los Kerenskys, siempre presa del pánico a la extrema izquierda, se plegaron. Sólo la mitad de la derecha se atrevió a votar en contra y la otra mitad se puso en fuga de variadas maneras, absteniéndose o ausentándose.

Todos saben, por supuesto, que los presos políticos militares no son delincuentes, y que nunca cometieron delitos antes ni después de haber sido convocados a combatir el terrorismo. Por esa sola razón el sentido común dice que no pueden ser llevados al mismo lugar de los asesinos, asaltantes, violadores y traficantes de droga. Por eso se construyó Punta Peuco, bajo Frei Ruiz-Tagle. Cuando Aylwin los traicionó escribiendo su carta inconstitucional a la Corte Suprema para que no aplicara la amnistía sino hasta el final de los procesos y formó la Comisión Rettig para exculpar a la extrema izquierda y condenar moralmente a los militares, tras haber sido el “gatillador del golpe”, como lo prueba el libro “De Conspiraciones y Justicia” de Sergio Arellano Iturriaga, y tras haber defendido a los militares en los meses en que se produjo el 60% de todos los caídos en la lucha de los uniformados contra la guerrilla marxista (entre el 11.09 y el 31.12 de 1973), fiel al “dictum” de su jefe máximo Eduardo Frei Montalva, “esto se arregla sólo con fusiles” (Acta Rivera), estaba convencido de que en Chile se iba a dar vuelta la hoja. Pero después él y los demás Kerenskys se han sumado a la perpetuación del odio propugnada por los comunistas y a que no se diera vuelta la hoja. ¿Por qué? Por miedo.

¿Por qué en 2007 dos Kerenskys faltaron al acuerdo (que se perdió 15 a 17) entre senadores concertacionistas y aliancistas para indultar a los presos uniformados que hubieran cumplido diez años de presidio, tal como se había perdonado antes a los terroristas de izquierda posteriores a 1990 (los anteriores a ese año ya habían sido perdonados por Aylwin, Lagos y Frei). Por miedo a las mujeres gordas y vociferantes de organizaciones de fachada comunistas tras las cuales hay “encapuchados” capaces de todo.

Sin duda, tarde o temprano a los presos políticos uniformados los van a trasladar a un penal común, junto a los peores delincuentes habituales; los van a degradar oficialmente y los van a privar hasta de sus pensiones, acuérdense de mí. Porque el odio izquierdista es más fuerte, insaciable, como su sevicia, y porque nadie les tiene a los militares el menor miedo. Y en Chile el que no mete miedo lo único que logra es que lo persigan con más saña y abusen más de él. En este país nunca se va a dar vuelta la hoja. El odio es más fuerte. Y la votación en la Cámara puso en evidencia quienes son los eternos promotores del odio entre chilenos, acompañados de los eternos Kerenskys que, como de costumbre, los siguen por temor.

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Caerá Eyzaguirre?


          El único gobierno del siglo XX que entregó el poder dejando a los chilenos más libres que cuando asumió, fue el militar. Sólo le compitió, pero sin lograr lo mismo, el de Jorge Alessandri. Después del primero han gobernado democristianos y socialistas de diferentes pelajes que han tenido en común su afán de dar más poder al Estado, a costa de las libertades que consagró el milagro chileno. Pero todos esos socialistas, cristianos o no, intuían que debía preservarse el modelo (pues el mundo admiraba y/o imitaba a Chile) y entonces se cuidaron de sólo “rasparle la pintura”, pero sin destruirlo. Hasta Michelle 1.0 (2006-2010) fue cuidadosa en ese sentido.

Pero después apareció “la calle” y la llevó a ella al poder y entonces ella recordó todo su pasado de extrema izquierda (MIR, FPMR, PAIS, en los ’70 y ‘80) y se transformó en Michelle 2.0, la revolucionaria. Y ganó la presidencia otra vez. Entonces lanzó su Reforma Tributaria confiscatoria, pero cuando se la explicaron bien hasta ella misma se asustó, sobre todo después de lo que le dijeron sobre la misma los propios ex ministros y economistas de centro e izquierda, y la amortiguó. A partir de ese momento estábamos en presencia de Michelle 3.0, como afirmé con tanta gracia en una entrada anterior de este blog.

          Pero ayer volvió a ser Michelle 2.0, la revolucionaria, y respaldó a Nicolás Eyzaguirre, haciendo excepción a la reconocida norma no escrita de nuestra institucionalidad, instaurada por Piñera, según la cual Carlos Peña es el columnista encargado de defenestrar ministros. Sebastián les solicitaba la renuncia a sus ministros apenas Peña la exigía, y cuando aún no se había secado la tinta de la respectiva columna de éste.

          Respaldado por Michelle y todo, si Eyzaguirre no se “somete” como lo hizo Arenas, sus días están contados. Los extremistas de izquierda insisten en no darse cuenta de que en Chile hay un alma conservadora latente. Todo el mundo sabe que el desbarajuste de la gestión del segundo en la enseñanza va a ser aún peor que el que habría provocado la Reforma Tributaria original de Arenas en la economía.

Sobre todo que nadie sabe siquiera qué se propone hacer Eyzaguirre a guisa de Reforma Educacional. Eso no tiene mucho de particular, porque en Chile siempre ha habido ministros que no saben lo que van a hacer. Pero lo de los cuatro años de gratuidad, que “golpeó” a todo el mundo, partiendo por la Presidenta, reveló que NO HAY NINGÚN PROYECTO EDUCACIONAL preparado, estudiado y serio (por socialista y nocivo que sea), sino que el Gobierno y el país están a merced de lo que primero se le ocurra al ministro.

          Ahora, Eyzaguirre tampoco es tan débil, porque ningún revolucionario marxista-leninista como él es débil en el Chile actual. El senador Fulvio Rossi, de sus mismas ideas, se ha apresurado a salir en defensa de su permanencia en el cargo. Porque los izquierdistas son leales con los suyos, no como los derechistas.

          Vea el próximo episodio.

          NOTA BENE: Lo que necesita la educación en Chile es libertad, como la que permitió incorporar a un millón de jóvenes a la universidad desde que se dictó en 1981 la ley que dio libertad para fundarlas. Libertad de emprender y fundar colegios, de ganar dinero en ellos, de crear programas de estudio, de elegir entre establecimientos, de seleccionar alumnos si demasiados quieren ingresar. Si en lugar de gastar el Estado siete billones de pesos anuales básicamente en burocracia politizada se les diera a las familias menos favorecidas ese dinero para que eligieran la educación de sus hijos, todos irían a excelentes establecimientos privados y éstos se multiplicarían. Ya con enseñanza parcialmente privada encabezamos América Latina. Con una totalmente privada nos equipararíamos a Europa y los EE. UU.

lunes, 21 de julio de 2014

"Y Dijeron que Estaba Bien..."


“Y todos dijeron que estaba bien…”, fue la frase reiterada por la hija del pastor Billy Graham, cuando le preguntaron por qué Dios permitía que el mundo estuviera como estaba. Ella respondió que no era culpa de Dios, sino precisamente de que el mundo contravenía de manera sistemática la ordenanza divina y, cada vez que lo hacía, “todos decían que estaba bien”.

          Acá en Chile lo estamos viviendo. Cuando “la calle” se tomó la ídem en 2011 nadie prestó mucha atención a lo que decían los jóvenes revolucionarios que desfilaban, destruían y agredían. Tan poco se les oyó lo que decían que el entonces Presidente, aludiendo en la ONU al movimiento estudiantil, lo proclamó como “noble, grande, hermoso”, empleando sus tres sinónimos de rigor, pese a que el primer paso de la revolución así iniciada era deponerlo a él.

          Pero en el fondo y en la forma lo que pedían los líderes de ese movimiento era que a los chilenos se nos privara de la mayor parte de nuestras libertades. Desde luego, tratándose de líderes estudiantiles, la primera en caer debía ser la libertad de enseñanza. Pues querían un único educador, el Estado. Manejado por ellos, naturalmente. Precisamente lo que está buscando hacer ahora su representante más genuino, Eyzaguirre.

          Lo notable es que había unanimidad de opiniones (con la excepción de este blog, naturalmente, pero es una excepción tan insignificante que nadie la tomó en cuenta) expresando que las peticiones del movimiento “noble, grande, hermoso” eran “legítimas”. Se decía que, claro, los atentados y agresiones de los “encapuchados” no estaban  bien, pero casi se insinuaba y desde luego se aceptaba que los delincuentes actuaban al margen de los organizadores de las marchas, lo que no era así. Eran de los mismos. Y, que se sepa, no hubo uno(a) solo(a) condenado por los delitos que cometieron, muchos de los cuales quedaron filmados en toda su flagrancia.

          La secuela natural de todo ello fue que el gobierno de tan benévolo juicio hacia ellos fue estruendosamente derrotado en la elección que venía y el 62% de los votantes puso el poder en manos de sus oponentes, los representantes de “la calle”, acompañados por la infaltable decoración de los Kerenskys de siempre. Nunca he compartido el argumento de que ese 62% de votos sólo eran el 24% de los ciudadanos inscritos, porque aquellos votantes constituían una “muestra” tan grande del “universo” ciudadano que estadísticamente uno puede concluir que los no votantes tenían una opinión similar a la de los que sufragaron. Entonces, la realidad es que una mayoría significativa de la ciudadanía votó por perder sus libertades. Y el gobierno elegido por esa mayoría se ha dedicado a realizar la tarea. "Y todos dicen que está bien..."

          Pues lo más grave ha sido la aquiescencia de sus opositores, que manifiestan que sí, que está bien darle más recursos al Estado, con lo cual las personas pierden una parte de la libertad de administrar su patrimonio; que sí, que está bien emplear esos recursos en una reforma educacional, sabiendo que el gobierno quiere terminar con la libertad de enseñanza; que sí, que está bien que el SERNAC pase a ser juez y parte para vigilar y sancionar a los empresarios con un enorme arsenal de facultades adicionales; que sí, que está bien que las grandes tiendas pierdan su libertad de poner término a sus tarjetas comerciales y de modificar sus comisiones, lo que constituye una fijación de precios; que sí, que está bien que haya cada vez menos libertad para que cada cual convenga un contrato de trabajo o tenga libertad para sindicalizarse o no o de ir o no a huelga o reemplazar a los huelguistas con personas que deseen trabajar.

          Todo lo que se está proponiendo es para que los chilenos seamos menos libres. Todo conduce a un mayor tamaño del patrimonio del Estado, posibilitado por gravámenes que hacen menor el patrimonio privado.

          Y el baluarte de la sociedad de libertades, la familia, se ha desmoronado y ya el 70% de los chilenos nace fuera del matrimonio, que es a su vez la base de la familia. Nos hemos convertido en un “país de huachos”, como ha escrito en “La Tercera” el historiador Alfredo Jocelyn-Holt. “Huachos” que sólo sabrán hacer lo que les enseñe el Estado, porque el antiguo “hogar familiar”, fuente de toda la primera enseñanza fundamental, que es la base de la educación formal, está dejando de existir, mientras "todos dicen que está bien...".

          Sí, la sociedad libre tiene en Chile sus días contados porque cada paso dado para privar de alguna libertad a los chilenos ha estado precedido de un coro de voces que “dijeron que estaba bien”.

sábado, 19 de julio de 2014

Este Pobre País Desmemoriado


          La verdad no deja tranquilo a este pobre país desmemoriado. Porque los extremistas de siempre (usted, yo y todos sabemos de dónde provienen) tuvieron que repetir su “hazaña” de poner una bomba en el metro, con tan mala suerte para su imagen que lo hicieron en los justos días en que se cumplía otro aniversario de su anterior bomba en el metro, en 1986, cuando el brazo armado comunista FPMR ponía explosivos en todas partes, y entre ellas ésa, que dio muerte a un pacífico pasajero.

          La coincidencia es desafortunada para la izquierda porque justamente en 1986 la actual Presidenta convivía con el vocero del FPMR que colocaba las bombas, Alex Voijcovich. Posteriormente no pocos frentistas convocaban a conferencias de prensa clandestinas, en las cuales comparecían encapuchados, asegurando que la conviviente de Voijcovich era una activa militante del Frente, donde se la conocía por su alias de “Claudia”.

          Como el país durante todos los años de gobiernos de centroizquierda se ha dedicado a ocultar la verdad y a perseguir y denostar a los militares que debieron combatir al terrorismo que colocaba bombas como las del metro, atentados como el de 1986 han sido cuidadosamente escondidos de la memoria colectiva y, por el contrario, el gobierno de Sebastián Piñera se esmeró en reforzar las mentiras históricas de la izquierda (crítica a los “cómplices pasivos”) y triplicó el número de querellas contra los uniformados que combatieron el terrorismo perpetrado por ella.

          Pero la historia discurre al margen de los intereses políticos y no se cuida de esconder lo que la corriente políticamente correcta desea mantener oculto. De modo que se ha conmemorado el aniversario del ferrocarril de Santiago a Valparaíso, que cumple su sesquicentenario, lo cual ha dado lugar a que también se recuerde la fecha, 1986, precisamente, en que debió ser interrumpido ese servicio de trenes, no sólo por su inviabilidad económica sino ante el atroz atentado que perpetró la extrema izquierda terrorista y que destruyó el puente Queronque, en la V Región, atentado que frecuentemente se le recuerda a ese ex prohombre concertacionista, ex ministro y ex senador, Carlos Ominami, a la sazón integrante del MIR, que se atribuyó el atentado.

Pues a raíz del mismo, que destruyó la doble vía ferroviaria en el lugar, se provocó después un choque frontal de trenes constitutivo de la catástrofe ferroviaria más luctuosa de la historia del país, que provocó 54 muertes y centenares de heridos.

          Como Chile ha vivido dedicado a perdonar y hasta a homenajear a terroristas autores de atentados como ésos (cerca de un millar fueron indultados, conmutados y amnistiados --sí, amnistiados de acuerdo al muy vituperado Decreto Ley de Amnistía de 1978--, al tiempo que se persigue inmisericorde e ilegalmente a los agentes de seguridad que lucharon contra los terroristas). Hay más de sesenta de aquéllos cumpliendo condena en un penal hacinado, donde ya cinco han muerto. Piñera cerró el otro en que algunos vivían pasablemente y sin hacinamiento las consecuencias de la prevaricación judicial.

Entonces ahora se trata de olvidar todo lo que inculpe a la izquierda y exculpe a las fuerzas de orden. Y la justicia de izquierda prepara un “catastro de los procesos sobre derechos humanos”, que si se dijera la verdad tal como es debería ser denominado “catastro de la Prevaricación Judicial”; pero esta iniciativa, por razones que no quedan claras en los comunicados oficiales de la Corte Suprema, ha dividido al Pleno de ésta y ha conducido a que renuncie a presidir dicho “catastro” el presidente del más alto tribunal (alto por jerarquía, no por su respeto a la Constitución y las leyes). Al parecer, hay corrientes internas que no comparten su iniciativa.

          Pero, como la verdad puede ser oficialmente ocultada pero no por eso deja de existir, en estos días se promueve la edición masiva, para poner al alcance del mayor número de chilenos, de un extracto del libro más importante publicado en 2013, “Procesos sobre Violación de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Arbitrariedades e Ilegalidades”, del abogado Adolfo Paúl Latorre, que es una descarnada denuncia de los atropellos que la justicia de izquierda ha cometido y sigue cometiendo contra quienes estuvieron en la primera línea del combate al FPMR de la bomba en el metro, al MIR de la catástrofe de Queronque y a los “compañeros de tropa” cubanos que intentaron por la fuerza del terrorismo y las armas instalar un gobierno totalitario en Chile.

          La mayoría de este pobre país desmemoriado no tiene idea de lo que realmente sucedió y aplaude la persecución a quienes lo salvaron, tras haber llevado al poder a los victimarios devenidos “víctimas”, totalitarios travestidos de demócratas y agresores recalificados de agredidos y generosamente indemnizados por los jueces de izquierda.

          De todo lo cual dejo constancia hoy, una vez más, en la triste certeza de que la gran mayoría perseverará en su ignorancia histórica y consumará los disparates que el gobierno presidido por la otrora “Claudia” le propone y se ha empeñado en consagrar, para así reeditar el fracaso que tomó 17 años superar.

viernes, 18 de julio de 2014

Una Revolución Contra el Tiempo


          La Revolución está recién comenzando y ya está desilusionando a algunos de sus partidarios. Pues los verdaderos revolucionarios, como Teillier, preguntan qué está pasando, ante la evidencia de que la Reforma Tributaria, que apuntaba a la destrucción  del capitalismo en Chile, tras el consenso con la derecha se va a limitar a dejarlo manco y cortarle una mano, que los capitalistas están entregando felices, según su costumbre, con tal de salvar el brazo.

Claro, lo de la “joya más valiosa de la corona latinoamericana” ya se acabó. Nadie espera que Chile lo siga siendo. La economía libre tiene sus días contados. Ahora el Estado (“lo público”) “la lleva”. Por eso la economía general va para atrás. Menor crecimiento. Hasta el Ministro Arenas se ha dado cuenta y anticipa un 3,2% para 2014, pero va a ser menos de 3%, por supuesto. La última encuesta GDF Adimark dice que la confianza de la gente es la más baja desde 2012. La inversión enviada a evaluación ambiental ha caído en 62% en el segundo trimestre de 2014 (“El Mercurio”, 17.07.14). Cae en 35% la importación de camionetas en el primer semestre (“La Tercera”, 18.07.14).

Acá van quedando sólo dos grandes partidarios de que la Revolución siga su curso inalterada: Teillier y Piñera. El primero, porque es comunista y siempre ha estado en la naturaleza de su partido el arrasar con el capitalismo, y punto. El segundo, porque está inspirado en el sano principio de que debe repetirse el plato en 2018 y para eso nada mejor que el desastre que dejará en Chile la Revolución. Por eso sus incondicionales, como los senadores Iván Moreira y Lily Pérez, están en contra del acuerdo tributario alcanzado en el Senado, lo mismo que Teillier. Todos tienen en común la meta del desastre.

Pero todavía quedan cosas peores, como la Revolución Educacional de Eyzaguirre, que es una locura completa, porque va a gastar miles de millones de dólares en empeorar la enseñanza, haciéndola toda estatal, de acuerdo con los dictados de “la calle”, según él mismo dijo una vez (si bien se desdijo más adelante). Sin embargo, la Revolución Educacional es repudiada por los revolucionarios más extremos y que dicen representar al “movimiento social”. Entonces, esta Revolución Educacional ya tiene cinco características bien definidas: 1) Va a costar un tarro de plata; 2) Va a empeorar la enseñanza; 3) Se ha enajenado a la clase media; 4) También es repudiada por los grupos más radicales; y 5) No admite un consenso como el de la Reforma Tributaria, porque eso equivaldría a la crucifixión de Eyzaguirre y “su gordi” jamás va a permitir eso.

Por consiguiente, la “madre de todas las batallas” en la Revolución en curso, y con el mayor número de bajas, se va a dar en torno a la Reforma Educacional. Y los revolucionarios la van a perder, porque en esa instancia sí que los kerenskys se van a cambiar definitivamente de bando e inclinar la balanza. La inclinaron a favor de Allende el ’70 y en su contra el ’73. A favor de los militares el ’73 y en su contra el ’91. Llevaron a los comunistas al Congreso, primero, y al Gobierno, después, y ahora les van a frustrar a los rojos su Revolución.

Pero nada de lo anterior significa que la misma haya renunciado todavía a abrir otros frentes. Ya una kerensky, la Ministra Rincón, ha dirigido sus baterías contra el derecho de propiedad, que está directamente amenazado en el Programa Presidencial, pero de ello pocos se habían dado cuenta. El primer editorial de “El Mercurio” de hoy 18.07.14 se hace cargo de este nuevo frente, que para mí no es nuevo, pues hace tiempo dije en este blog que el principal, si es que no único, objetivo de la Reformar Constitucional y su previa Asamblea Constituyente es el derecho de propiedad, por la vía de eliminar los quórums especiales que lo protegen. Así, por simple mayoría la ídem se va a apropiar de las riquezas acumuladas por la minoría que “tira el carro” de la economía. Por supuesto, cada vez más propietarios se han dado cuenta y por eso baja la Bolsa, hay menos inversión y cunde la desconfianza. Pero otros creen que este gobierno no alcanzará a terminar con el derecho de propiedad antes de 2018 y que el desastre provocado por el resto de sus políticas llevará a que sea reemplazado por uno de signo opuesto, es decir, no revolucionario, sino moderado.

En el fondo, el mayor enemigo de la Revolución en curso será el tiempo. En ese sentido, vivimos una Revolución Contra el Tiempo.