jueves, 21 de mayo de 2015

Una Historia de Dos Países

          Con el imponente edificio de la Intendencia porteña al fondo, formaciones impecables rendían homenaje a Prat y sus héroes. El comandante en jefe de la Armada destacaba las virtudes patrióticas y personales del héroe, un hombre probo a carta cabal, buen marido y buen padre, dispuesto a morir por su patria. Retumbaba en el inconsciente colectivo el eco de sus palabras finales: “Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar; y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber”.

          Lo mejor del Chile actual, a juicio de la ciudadanía, estaba representado en el subsiguiente desfile marcial. Pues el pueblo lo dice: la encuesta CEP más reciente revela que las instituciones mejor evaluadas por la población son las Fuerzas Armadas, seguidas de Carabineros. Es que, cuando Chile había caído a lo más hondo de su degradación histórica y su crecimiento marchaba a la zaga de los países menos desarrollados, fueron esas Fuerzas Armadas y Carabineros las que derrotaron a la subversión armada que lo había relegado allí, lo reconstruyeron y lo sacaron del marasmo, situándolo a la cabeza de América Latina.

          Pero ésa es sólo una parte del panorama, porque pocas cuadras más al sur, en la misma ciudad, los peores defectos de la nacionalidad se habían puesto o se ponían de manifiesto una vez más. Los desórdenes, destrozos y saqueos campeaban, casi impunes, protagonizados por los que llevaban las banderas rojas al viento.

          El país acababa de oír desde el Congreso Pleno un discurso inverosímil, pronunciado en el templo máximo de los partidos políticos, que son las instituciones peor evaluadas por la ciudadanía, de acuerdo a la misma encuesta CEP, con un 3 por ciento de adhesión que, siendo igual al margen de error de la muestra, hasta puede significar que NADIE confía en ellos. Y también estaban allí presentes los representantes de las otras instituciones peor evaluadas de la nación, según la misma encuesta: el Congreso, los Tribunales de Justicia y el Gobierno.

          En ese ambiente degradado, la máxima representante del poder político podía darse el lujo de decir cosas inverosímiles, que, naturalmente, levantaban oleadas de aplausos entre los asistentes, representantes todos de los peor evaluados. Decir, por ejemplo, que iba a sacar adelante un proyecto para declarar inamnistiables e imprescriptibles los “delitos de lesa humanidad”, que es como la extrema izquierda denomina las acciones que las instituciones más admiradas del país desarrollaron para derrotar a la subversión armada. Eso sólo habría sido una expresión de triunfalismo político si no aconteciera que ya otros de los peor evaluados, los Tribunales, ilegalmente y por sí y ante sí, habían derogado y dejado de aplicar instituciones plenamente vigentes como la amnistía y la prescripción. Doña Michelle Bachelet sólo les ha dicho de una manera elegante a sus correligionarios, los jueces de izquierda, que han estado durante años cometiendo un delito, el de prevaricación (impune, porque “nadie juzga a los que juzgan”). “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

          Otro rasgo de surrealismo del discurso presidencial fue su referencia a una supuesta inconformidad de la mayoría de los chilenos con la Constitución. Ésta, como es sabido, garantiza como ninguna otra anterior los derechos y libertades de las personas, rasgo reconocido aún por constitucionalistas que discrepaban del gobierno que la sometió al pueblo, como el caso de don Enrique Silva Cimma, ex ministro de Allende y de Aylwin. Pues la carta actual ha sido la más ratificada de nuestra historia por el pueblo: al 67 por ciento que la aprobó en 1980 se debe añadir el 93 por ciento que la ratificó en el plebiscito de 1989, en medio del consenso de gobernantes y opositores de la época y sin objeción alguna al respectivo acto cívico. Y, por si fuera poco, dieciséis años después fue nuevamente ratificada por la cuasi unanimidad del Parlamento, tras lo cual el entonces Presidente Ricardo Lagos proclamaba que, por fin, teníamos “una Constitución a la altura del espíritu democrático de los chilenos”. Tan orgulloso estaba de ella que no pudo resistir la tentación de apropiársela, como si hubiera sido un sobre con billetes más, y poner su firma al pie de la misma, en sustitución de la de Augusto Pinochet.

          En resolución, les tengo una mala noticia a los chilenos: el país impecable que rendía homenaje a un mártir probo, teniendo como telón de fondo la majestuosa Intendencia porteña, no es el país real. Los vistosos uniformes y solemnes marchas hoy ya no representan nada más que un buen recuerdo de lo que fuimos, pues quienes tienen el poder, todo el poder, son ¡los peor evaluados!, los partidos políticos, varios de los cuales controlan al omnipotente Poder Ejecutivo; todos los cuales controlan el Congreso Nacional que dicta las leyes y, en fin, aquellos de izquierda son amplia mayoría en el Poder Judicial, tan amplia como para poder prevaricar por muchos años con absoluta desvergüenza e impunidad.

          ¡Chilenas y chilenos todos!, sepan ustedes que están en manos de los peores y por eso, ahora que éstos han sido descubiertos medrando de financiamientos ilegales, ustedes pueden tener la seguridad de que los que van a pagar por ello ¡serán ustedes! Ya están preparando una ley para cobrar a los contribuyentes todo lo que los políticos deberán dejar de percibir al ponerse término al régimen de boletas y facturas falsas y al exigirse mayor transparencia en el uso de recursos fiscales para financiar campañas electorales.

          Así, pues, la ciudadanía ha presenciado hoy, 21 de mayo, el espectáculo que brinda un país de dos caras: la representada por un mártir honesto que lo entregó todo, homenajeado por sus sucesores, que en su momento supieron  a su vez salvar a la patria de la debacle; y la otra, personificada por el provocador de la ruina, un individuo disoluto, en su tiempo sobornado a la vez por rusos y norteamericanos, que introdujo tropas extranjeras y arruinó al país; y cuyos sucesores ahora amenazan volverlo a hacer, porque, en una de esas vueltas de las urnas, el poder en Chile salió de manos de los mejores para volver a quedar en las de los peores.

lunes, 18 de mayo de 2015

Chile Es Un País Corrupto

          Y lo sabe. Y lo acepta. Pero no lo admite. Lo “maneja”. Veamos cómo.

           Los que vivimos acá lo sabemos por experiencia propia, pero remitámonos a las que son generalizadas y públicas.

          El centro del poder en Chile es el Ejecutivo, es decir, la Presidencia de la República. Las encuestas dicen que la mayoría no le cree a la Presidenta cuando afirma que no sabía de los negocios de su nuera y su hijo y de que se enteró de ellos por los diarios. Pero la jefa de gabinete del hijo protagonizó días atrás un acto surrealista en La Moneda, donde dijo varias cosas incoherentes y una coherente: que Sebastián Dávalos permaneció junto a su madre en febrero en Caburgua, cuando “Qué Pasa” reveló el caso Caval. ¿Pretende la Presidenta hacerle creer al país que, habiéndose publicado dicho negocio, ni siquiera le preguntó a su hijo al respecto, estando todo febrero con él? Y si lo hizo, ¿debemos creer que él no le respondió nada y ella se quedó tan tranquila? Con razón la mayoría no le cree.

          Otro centro de poder es el Legislativo, el Congreso. Allí se presentó en la sala de la Cámara un acuerdo de una comisión investigadora sobre el caso Cascadas, donde se afirma que el ex Presidente Piñera no acreditó, cuando ejercía el cargo, haber observado una conducta prescindente, como era su obligación. El ex Presidente no deseaba que la sala de la Cámara lo aprobara, pero la Nueva Mayoría tenía los votos para hacerlo, con un margen de al menos diez diputados. Sometido a votación el informe ¡fue rechazado por 41 a 31! Los diarios informaron brevemente del hecho, sin formularse mayores preguntas. Nuestro “inquisitivo” periodismo ni siquiera dio los nombres de los parlamentarios que “se dieron vuelta”. Ni mucho menos averiguó sus móviles. Ya esto había sucedido hace cinco años en otra comisión investigadora presidida por el actual Ministro del Interior, cuando, teniendo mayoría concertacionista, quiso pedir la grabación de la voz de la persona que ordenó comprar acciones de LAN con información privilegiada. También había mayoría concertacionista pero hubo diputados de la misma que “se dieron vuelta”. Fue rechazada por 5 a 3 la idea de pedir la grabación y Jorge Burgos se quedó con un palmo de narices. Ningún medio de prensa del país quiso averiguar nada. Un comentarista de este blog fue más inquisitivo y, por lo menos, expuso los nombres de los diputados que “se dieron vuelta”. Eso sólo apareció en este blog y en ninguna otra parte.

          Un tercer poder del Estado, el Judicial, hace ostentación pública y continua de una conducta incompatible con la verdad y con la legalidad. Pues en sus fallos sostiene, textualmente, que presos octogenarios del penal de Punta Peuco mantienen allí secuestrados desde hace cuarenta años a individuos que fueron entonces apresados (muchas veces no por ellos). Son fallos “ideológicamente falsos”, a simple vista, pero se validan. Casi nadie quiere denunciar esta flagrante falta a la verdad, al derecho y a la integridad, cometida oficialmente por un poder del Estado. Confié en que la Revista del Abogado, del Colegio de Abogados, acogería un artículo con mi denuncia al efecto. No quiso hacerlo y la votación de consejeros “de centro-derecha” fue decisiva para censurarme. Entonces publiqué el respectivo artículo en este blog, y ha alcanzado posiblemente más lectura que la que habría logrado en la Revista del Abogado.

          También se opina y editorializa, en aras de la integridad pública, sobre lo intolerable que resulta que los hijos del presidente de la DC, senador Jorge Pizarro, hayan obtenido el pago de boletas por “asesorías orales” a SQM durante la campaña electoral del parlamentario. Lo mismo se ha desatado una campaña sobre la impresentabilidad de que el director del SII, Michel Jorratt, haya percibido honorarios por asesorías a la sociedad de Giorgio Martelli, reconocidamente dedicada a promover la candidatura presidencial de Michelle Bachelet en 2013. Se implica que sin la renuncia de Pizarro y Jorratt el país no pasa “la prueba de la blancura”. Pero poco o nada se dice sobre las facturas, más numerosas y cuantiosas, de las sociedades Bancard y Bancorp, de Sebastián Piñera, cobradas también a SQM, ni menos se comenta que los respectivos dineros hayan sido desviados a pagar bonos de desempeño a ejecutivos de otra empresa suya a esa época, Chilevisión. El país parece muy dispuesto a tolerar todo esto, tanto que el ex Presidente sube en las encuestas y resulta ser la mejor opción opositora de cara a la próxima elección presidencial. De hecho, ya una vez lo eligió Presidente habiendo sido recién condenado por adquisición de acciones con información privilegiada.

          ¿Qué tiene Piñera que no tengan Pizarro y Jorratt? Todos sabemos qué. Y en un país corrupto, eso es lo que manda.

miércoles, 13 de mayo de 2015

El Principio del Fin

          Está claro que después de la erupción política registrada en Chile ya nada va a volver a ser como antes y que ha terminado un ciclo. Ahora hay que esperar a que se calme el volcán y que vuelva a salir el pasto de entre las cenizas.

          Cuando estalló el caso Penta lo único que cabía pensar era que de ahí en más la revolución marxista en curso, que esta vez la izquierda, con la infaltable complicidad de los kerenskys, está llevando a cabo por vías legales y sin grupos armados protegidos por el gobierno (lo que la diferencia de la de 1970-73), ya no tenía obstáculos por delante. Pero entonces estallaron los casos Caval y SQM, que derribaron de su pedestal a la Santa Madre Carismática Proveedora de Votos (mejor conocida como Michelle Bachelet, que encabezaba el proceso) y con ella cayó su entorno más próximo, donde estaban su hijo carnal Sebastián y su hijo político Rodrigo. Y entonces, según las encuestas, casi todos sus votos se han ido a buena parte.

          Claro que ya antes de eso los chilenos, mayoritariamente, se habían ido desilusionando de los pivotes de la revolución: según las encuestas, se oponían a las tres reformas fundamentales iniciales del plan socialista, la tributaria, la educacional y la sindical. Pero, así y todo, quedaba todavía el carisma. Bueno, la erupción Caval-SQM-Martelli-Peñailillo ha terminado por sepultar también al carisma. Ya no queda nada. Esto se termina, señores.

          El gobierno es un pato cojo en todo el sentido de la palabra. No puede retroceder, por supuesto, porque los comunistas le harían la vida imposible. Pero si sigue avanzando en sus reformas revolucionarias, será la realidad económica y social la que le hará a vida imposible.

          En un mundo en que los países que tenían problemas los están solucionando con las herramientas del mercado libre y con éxito político (Merkel, Cameron, Rajoy), acá vamos en sentido contrario: estamos encaminados al “otro modelo”, al socialismo, como si no hubiera caído el muro de Berlín ni la Cortina de Hierro. Parece que la mayoría autóctona no se ha dado cuenta de por qué cayeron. Es que la mayoría autóctona rara vez se da cuenta de nada hasta que el país se está viniendo abajo, que es cuando llama a los militares.

          La “ídola” defenestrada no puede, entonces, avanzar ni retroceder. ¿Qué es lo único que puede hacer? Administrar el desastre, obviamente. Ir echando a los principales artífices que la ayudaron a provocarlo e ir reemplazándolos por “personas razonables”, como Rodrigo Valdés y Jorge Burgos.

          Ella, “malgré-elle”, en medio de su desconsuelo, “se ha movido a la derecha”, en términos relativos, por supuesto. Pero ya su proyecto socialista está frustrado. ¿Qué hace una socialista revolucionaria cuando fracasa su revolución? Se convierte en socialdemócrata. Se define como tal al o a la que, no pudiendo destruir el mercado ni derogar la ley de la oferta y la demanda, se conforma con ponerles cortapisas al uno y la otra, creando un “estado de bienestar”, que dura hasta que se termina la plata de los demás, y debe entregar el poder a la derecha, como ha sucedido en Gran Bretaña, Alemania y España, y sucederá en Francia, para que arregle las cosas.

          Así también va a suceder en Chile en 2017, para lo cual quedan más de dos años, un tiempo que a todos se nos va a hacer largo, muy largo; pero no tanto como se le va a hacer a ella, y sin  duda ya se le está haciendo, cuando, ya visiblemente desencajada, tiene que aplicar el freno. Pero es apenas el principio del fin.

domingo, 10 de mayo de 2015

El Titanic Acelera Hacia el Iceberg

          La crisis de corrupción que vive el país no se va a arreglar cambiando las instituciones, porque las responsables no son éstas, sino las personas, que son  quienes deben ser cambiadas. A la inversa, la crisis política que vive el país no se va a arreglar cambiando las personas en el gabinete, porque el problema está en el programa de gobierno que pretende reemplazar las actuales instituciones.

          El país hoy es un Titanic que va en rumbo de colisión contra un iceberg que lo va a hundir. Michelle Bachelet II pretende sustituir el modelo que le permitió a Chile pasar de ser el vagón de cola de las naciones subdesarrolladas, que a su vez iban a la zaga del desarrollo mundial, a ser el jaguar latinoamericano que todos querían imitar, protagonista del que afuera llamaron “milagro chileno”. MB II lo quiere sustituir por “El Otro Modelo”, un esquema socialista que se aproxime al de la desaparecida RDA, que ella tanto admira, y que no tenía otro defecto que el de tener una población cuyo máximo anhelo era marcharse del país. Por eso sus gobernantes (y mentores de Michelle Bachelet II) tuvieron que levantar el Muro de Berlín, en el cual y bajo sus órdenes acribillaron a mucha gente por el delito de querer escapar a la libertad. Sintomáticamente, los responsables, Erich y Margot Hönecker, hallaron asilo en Chile.

          Pero el electorado chileno, que rara vez se da cuenta de algo, le dio un 62% de los votos a Michelle Bachelet II. Sin embargo, cuando ésta ha comenzado a aplicar sus reformas socialistas, el pueblo se ha dado cuenta del curso de colisión con el iceberg que ha tomado el país y sus tres proyectos emblemáticos para crear una sociedad socialista, la reforma tributaria, la reforma educacional y la reforma laboral, suscitan un rechazo mayoritario de la población, trocando a la Nueva Mayoría izquierdista en Nueva Minoría.

          Pero la timonel del Titanic no se ha dado cuenta de nada, así como no se dio cuenta de cómo ganaban dinero su nuera y su hijo. Pero muchos de quienes la rodean y la apoyaban sí. Por eso cuando escribo estas líneas ella no ha podido todavía formar un equipo de ministros, porque casi nadie quiere embarcarse en el Titanic al advertir su evidente rumbo de colisión. Y si quieren saber cuál va a ser la destrucción provocada por el impacto con el iceberg, lean la columna de Pancho Vidal ayer sábado en "El Mercurio": con el programa de reformas adelante a toda máquina. Él sería, a mi juicio, el más idóneo para conducir al Titanic a su aciago destino, porque claramente cree que el reemplazo del modelo de sociedad libre por otro socialista hay que llevarlo a cabo de todas maneras. Es decir, es un convencido de que la solución está en acelerar para apuntarle bien al iceberg.

          Otra alternativa, como la de Insulza, se torna improbable. Conociéndolo, sabemos que él representaría la alternativa de "cambiar el modelo sin cambiar el modelo" y sin que MB II se dé cuenta. Una gran “cocina” donde los programas de gobierno terminen dejando al país mal, pero no peor, como garantizaría la aplicación de ellos “a la Vidal”.

          Obviamente, las ratas que vamos en el Titanic, como todas las ratas de los barcos que naufragan, somos las primeras en darnos cuenta y no pocas huyen del barco. Hoy en “El Mercurio” el ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín, destaca la caída de la inversión por cinco trimestres consecutivos y se refiere a la venta de empresas por parte de sus dueños chilenos a extranjeros, porque una de las genialidades de la reforma tributaria socialista ha dejado a dichos dueños nacionales de empresas pagando el 44,5% de impuesto a la renta, mientras con su paso a manos de extranjeros quedarían pagando sólo el 35%. Entonces, el mercado, que siempre “es más fuerte”, indica que una empresa es más rentable para un inversionista foráneo que para uno nacional, porque para el primero ella genera un flujo más alto de ingresos debido a que paga menos impuestos. Además, los nacionales conocen mejor las amenazas políticas internas que los extranjeros, y también por eso venden. ¿Quién cree que con gobiernos como el actual se va a levantar en Santiago otro Costanera Center? A olvidarse de eso.

          Este disparate es propio de las revoluciones socialistas, y por muchas razones como ésa terminó desapareciendo el socialismo del mundo y quedan sólo algunos enclaves patéticos como Corea del Norte, Cuba y algún otro centro de esclavitud que se me escapa.

          Pero Michelle II es dura de convencer. Si no lo fuera, se habría dado cuenta de que está llevando al Titanic a su hundimiento y que en poco más de dos años más la gente que todavía no haya escapado del barco va a sacar del gobierno a la Nueva Minoría. La derecha tiene una inmejorable oportunidad de reemplazarla para volver al país al buen rumbo, aunque ya no tenga los recursos de Penta para las elecciones (los de SQM no cuentan porque iban para ambos lados por igual y se anulan). Ojalá encuentre un candidato decente y de sus ideas, que no vuelva a dejar el país en manos de sus adversarios después de cuatro años, sino que haga un gobierno de derecha exitoso, como el de Cameron en Gran Bretaña, y nos restituya nuestra condición largamente perdida de jaguares de América Latina.

          Mi pronóstico es que finalmente los que quieren “el otro modelo” rechazado por la mayoría por ahora van a prevalecer y el nuevo gabinete va a representar eso y va a seguir pilotando el Titanic de manera que le acierte medio a medio al iceberg. Es una fatalidad actual evidente.

Pero de peores cosas hemos sido librados antes, aunque seamos malagradecidos con quienes, primero, nos salvaron de ser otra RDA, y después “nos cambiaron de categoría” en el escalafón del progreso de las naciones. 

viernes, 8 de mayo de 2015

El Tiburón y el Pez Chico

          El espectáculo de estos días ha puesto de relieve la diferencia que hay en la política chilena entre ser un tiburón y un pez chico.

Rodrigo Peñailillo, joven y desconocido ingeniero comercial del sur, había emitido boletas por 16 millones de pesos a la empresa de Giorgio Martelli, en 2012, para ir trabajando y financiando la precampaña de Michelle Bachelet. Ella no había dado el “sí”, pero “alguien” les había dicho a ellos que lo daría. Martelli obtenía recursos de SQM, controlada por el yerno de Pinochet, para aquellos fines, porque muchas veces los polos opuestos se atraen. Todo esto de las boletas y facturas era secreto, pero salió al aire, lo que nadie había previsto. En su inexperiencia como pez chico, el devenido Ministro del Interior, Peñailillo, en lugar de manipular los medios, que es como debe hacerse en ese alto cargo, trató de justificar sus boletas mostrando trabajos de asesoría torpemente confeccionados, que todo el mundo sabía que no eran realmente necesarios para la empresa de Martelli, y eso lo convirtió en víctima propiciatoria de los medios y hasta de los dirigentes de su propio sector, como Osvaldo Andrade, que se ensañaron con su figura. El pez chico se había metido en una pelea de peces grandes y, por eso, en la noche del miércoles su jefa lo arrojó al mar (no sin ella emocionarse un poco al hacerlo, ante don Francisco). Y, por añadidura, la encuesta CEP lo mostró cayendo catorce puntos en la aprobación popular, de modo que ya no le quedaba más remedio que volver a las profundidades oceánicas.

A su turno un pez muy grande, Sebastián Piñera, hacía peores cosas y quedaba tan orondo. En efecto, se reveló que había cobrado a SQM, a través de sus empresas Bancard y Bancorp, facturas “ideológicamente falsas” que, según la publicación que se consulte, oscilan entre 318 y 340 millones de pesos (es decir, veinte veces más que las boletas de Peñailillo) para financiar su campaña de 2010 y no había presentado informe ni documentación alguna para justificarlas. 

Pero los principales diarios ni siquiera publicaban el hecho. Cuando el periodista Matías del Río lo reveló, no sin heroísmo, y confirmó que los dineros obtenidos de SQM habían sido utilizados por Piñera para enriquecerse más y aprovechar de pagar el bono de desempeño que debía al o a los directivos (de Aguirre y Conca)  de otra empresa suya, Chilevisión, nadie dijo nada… nadie dijo nada… Ningún medio se ensañó con él como lo habían hecho con el pez chico. Pues la primera ley de los medios es “no te metas con los peces grandes”. Y cuando don Francisco, también con su cuota de heroísmo, a su turno, le enrostró al mismo Piñera su impresentable “pasada”, éste se fue rápidamente por la tangente y les echó la culpa a sus subordinados.

Y el principal diario, que había hasta editorializado fulminando moralmente la falta de fundamento de las  boletas de $16 millones del pez chico Peñailillo, esta vez no opinó nada y publicó por una y sólo una vez la “pasada” de 318 a 340 millones de Piñera extraídos de SQM y empleados después para pagar a ejecutivos de Chilevisión, y asunto terminado y olvidado.

Así como, según dije, la batahola de los medios con las boletas de Peñailillo hizo caer a éste 14 puntos en la encuesta CEP, el silencio de los mismos medios y del propio Piñera le permitió a éste remontar 4 puntos en la encuesta CEP, y situarse entre los presidenciables junto con Isabel Allende, Ricardo Lagos, ME-O y Ossandón.

Y cuando el gerente de finanzas de SQM declaró que nada sabía de asesorías de Bancard o Bancorp, nadie le hizo caso, porque todos estaban preocupados de invalidar los informes de Peñailillo. Al pez chico no se le perdona ninguna inexactitud. Al tiburón se le dejan pasar todas, entre ellas la de decirle a don Francisco que había terminado su gobierno con 50 por ciento de aprobación, en circunstancias que la CEP lo muestra con 34 por ciento en sept.-oct. de 2013, aunque los gráficos publicados hagan un honorable esfuerzo por atribuirle a él el 50 por ciento de Bachelet en junio-julio de 2014.

Y como los medios mandan, también se presenta con caracteres delictuales y de escándalo el uso de gastos reservados por el Comandante en Jefe del Ejército Augusto Pinochet entre 1990 y 1998 por US$ 779.417 dólares al año y a página entera se informa de diferentes militares que lo secundaron en la Casa Militar, condenados por haberle hecho los depósitos en su cuenta personal. Es que Pinochet es ya hoy un “pez chico”, y nadie lo defiende. 

Los Presidentes de la Concertación, poderosos tiburones, acarreaban en sobres con billetes de gastos reservados, más de tres millones de dólares anuales, como quedó ampliamente documentado hace doce años, pero no fueron procesados, porque el Director de Impuestos Internos de la época declaró que tales gastos eran “no investigables”. Pero hoy han pasado a serlo, sólo para el chivo expiatorio favorito de los políticos, Augusto Pinochet, nuevamente sacrificado a página entera en los periódicos. Y siete altos oficiales (r) son condenados a penas remitidas por depósitos de gastos reservados de LA CUARTA PARTE de los que los “gobernantes democráticos” de 1990 hasta 2003 sustraían impunemente por ser, en su caso, “no investigables”. Todo con la amplia complicidad de los mismos medios que han capturado en sus redes al pez chico y dejado pasar por un enorme forado al tiburón que presentó facturas falsas por veinte veces las boletas de aquél.

           “Esta es la justicia de los hombres”, como le dijera un ministro sumariante de izquierda al general Mena, junto con condenarlo por un doble crimen que no había cometido. Es justo que ahora un pez chico de izquierda como Peñailillo pruebe algo de esa misma medicina que los tiburones siempre se arreglan para no tener que probar.

martes, 5 de mayo de 2015

Un "Torpedo" para Don Francisco

          Esta noche Don Francisco continuará su serie de entrevistas a ex Presidentes en Teletrece y corresponderá que pregunte a Sebastián Piñera sobre cómo salir de la situación de crisis moral que vive el país debido a la conducta de políticos como Sebastián Piñera.

En el ánimo de facilitarle su trabajo como entrevistador, he elaborado un “torpedo” (papelillo con respuestas a posibles preguntas de exámenes y pruebas que los estudiantes chilenos usan para copiar, cuando no tienen los conocimientos suficientes, y que es parte de su formación ética para, cuando sean adultos, poder emitir boletas y facturas “ideológicamente falsas” con toda propiedad).

          Pregunta sugerida: “Entiendo que su empresa más caracterizada, Bancorp, emitió facturas de cobro a SQM, con el fin de obtener financiamiento para su campaña. ¿Es efectivo eso?”

          Presumible respuesta: “Don Francisco, yo estaba entregado en cuerpo y alma a mi campaña con el único norte de servir a los habitantes y habitantas de mi país y había entregado a otras personas el manejo de mis empresas, así es que no tuve conocimiento de lo que usted señala”.

          Don Francisco: “Pero los dineros obtenidos de SQM lo beneficiaron a usted, principal dueño de Bancorp. ¿No se enteró de haber recibido ese incremento de patrimonio?”

          Presumible respuesta: “Yo estaba entregado con alma, vida y corazón (tres sinónimos) a sacrificarme por los chilenos y chilenas y servirlos y servirlas y no pensaba en otra cosa”.

          Don Francisco: “Muy bien, pero es que, además, los dineros obtenidos de SQM para su campaña no fueron a ese fin, sino que alguien los desvió para pagar el bono de desempeño a ejecutivos de otra empresa suya, Chilevisión, otra cosa que también lo benefició a usted y que tuvo todas las características de una de esas ‘pasadas’ que lo han hecho tan famoso…y rico. ¿Tampoco se enteró de ese otro incremento de su patrimonio?”

          Presumible respuesta: “Yo sólo estaba sirviendo a Chile, los chilenos y las chilenas, con generosidad, entrega y sacrificio, sin pensar para nada en mi persona, que siempre es lo último en preocuparme”.

          Don Francisco: “A propósito de preocupaciones, Presidente ¿a qué atribuye usted que todos estén tan preocupados de si el Ministro Peñailillo entregó informes a la empresa de Giorgio Martelli; que el principal diario esté concentrado en eso y editorialice al respecto; que Osvaldo Andrade critique al ministro por eso y, sin embargo, ni ellos ni casi nadie se refiera a las facturas de sus empresas a SQM, que sabidamente ni siquiera correspondieron a ninguna asesoría, por ‘trucha’ que fuera, ni a ningún informe, por innecesario que fuera, ni a nada?”

          Presumible respuesta: “Es que tanto la derecha como la izquierda y los medios de comunicación saben que a mí sólo me anima el espíritu de entrega, sacrificio e inmolación por mi país, y que nada tengo que ver con facturas ni pagos ni bonos de desempeño de los cuales nada sabía”.

          Don Francisco: “¿Y entonces por qué la funcionaria de SQM, Danitza Yépez,  declara en “La Tercera” de hoy que lo vio a usted visitando el sexto piso del edificio de SQM, al que exclusivamente iban los políticos que obtenían fondos de esa empresa?”

          Presumible respuesta: “No tengo recuerdo de eso, y si fue así, seguramente fue para incorporar a los ocupantes y ocupantas de ese sexto piso a mi campaña en beneficio del país y de todos los chilenos y chilenas”.

          Don Francisco: “¿Y cómo lo hizo, Presidente, para dar vuelta a su favor la mayoría de 41-31 en contra que tenía en la Cámara cuando se votó el Informe que ponía en duda su deber de abstención en el caso Cascadas, para transformarlo en 41-31 a favor y así rechazar tal informe?”

          Presumible respuesta: “Se explica por el hondo sentido patriótico de la mayoría de los miembros y miembras de la Cámara que, tal como todos los votantes y votantas chilenos y chilenas, saben de mi completo desinterés, altruismo y desprendimiento que me caracterizan”.

          Don Francisco: “Gracias por su tiempo, su franqueza y su veracidad, Presidente, y le expreso mis mejores deseos para que pueda seguir desplegando su campaña en el mismo olor de santidad que ha rodeado siempre a su persona.”   

domingo, 3 de mayo de 2015

El País que lo Olvida Todo

               Dicen que “la memoria es la inteligencia de los tontos”. Pero, entonces, ¿qué queda para esos tontos que olvidan todo? Es el caso de la gran mayoría de los habitantes de Tontilandia, que el resto del mundo conoce como “chilenos”.

               Pues en su último discurso la Presidenta les anunció que en septiembre se pondrá en marcha un “proceso constitucional” para conseguir que en el país haya una Constitución “plenamente democrática y ciudadana”, y la gran mayoría aplaudió.

               Era la oportunidad para que Ricardo Lagos, presente en el acto, hubiera levantado su famoso dedo y le hubiera recordado, por lo menos, los siguientes párrafos del discurso que él pronunció en 2005, cuando le escamoteó con tan poca elegancia la Constitución a Augusto Pinochet, quitando de la rúbrica oficial de la Carta la firma de éste y poniendo la suya propia, que entonces pasó a ser “la Constitución de Lagos”. Como esos tipos que roban autos, les cambian el número de motor y lo inscriben a su nombre en el Registro Civil.

               En efecto, decía Lagos en 2005 de “su” recién adquirida Constitución: “Felicitémonos de este paso trascendente. Hoy es un gran día para Chile. El Congreso Pleno ha ratificado un conjunto de cambios a la Constitución que Chile venía reclamando desde hace muchos años… Hoy el nuevo texto constitucional se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos… Hoy tenemos entonces en Chile un día de alegría, de unidad, de reencuentro con nuestra historia. Como Presidente de todos los chilenos agradezco a todos los ciudadanos que lucharon por contar con una Constitución a la altura de nuestro espíritu libertario… agradezco al Congreso Nacional, a todos sus miembros, que han hecho posible que desde ahora Chile pueda mostrar al mundo un texto constitucional que lo hace participar plenamente de las naciones democráticas.”

               Lástima que hubo una persona que no se enteró a tiempo, Michelle Bachelet. Pues evidentemente no está al tanto de lo que nos informó Lagos en 2005: que ya teníamos una Constitución “plenamente democrática y ciudadana” como la que más.

               Pero no está sola: oí en la radio a un periodista “bien informado” decir que la actual Constitución había sido redactada “entre cuatro paredes por cuatro generales llenos de galones y sin consultar a nadie”. ¿No es eso fantástico? Ignoran él y la mayoría actual que desde el mismo septiembre de 1973 se reunieron los más distinguidos jurisconsultos representativos de la mayoría parlamentaria de la época, entre ellos los DC Silva Bascuñán y Evans, y que dieron término a su trabajo seis años después, entregándole al Consejo de Estado, encabezado por el ex Presiente Jorge Alessandri, un texto que este Consejo corrigió, además de suprimirle el preámbulo, y que la Junta de Gobierno sometió al pueblo en plebiscito el 11 de septiembre de 1980.

La ciudadanía lo aprobó con el 67 por ciento de los votos, guarismo coincidente con las encuestas de opinión chilenas y extranjeras previas.

               Luego, el 30 de julio de 1989, nuevamente el pueblo fue convocado por el gobierno y la oposición de entonces, la Concertación de Partidos por la Democracia, para ratificar la Constitución de 1980 con los cambios acordados entre aquél y aquélla. Y entonces, con registros electorales actualizados y reconocidos por todos, el 91 por ciento de los votos volvió a ratificar la Constitución así reformada.

               Nunca una Carta Fundamental en Chile y, posiblemente, en todo el mundo, había sido objeto de una ratificación popular reiterada, ciudadana y democrática más mayoritaria y terminante.

               Pero a la izquierda no le bastaba. No quería que la Constitución llevara la firma del principal estadista chileno del siglo XX, y posiblemente de toda nuestra historia, Augusto Pinochet . Entonces se hicieron centenares de nuevas y finales reformas en 2005 y Lagos orgullosamente estampó su firma al pie de las mismas, confiado en que la historia oficial haría olvidar a Pinochet, sin imaginar que la Historia con mayúscula lo recordará mucho más que a él y a su receta epónima de los '60: “la única solución consiste en que todos los medios de producción pasen a manos del Estado”, hoy en el basurero de la historia.

               Y después de todo eso viene Michelle Bachelet y les dice a los tontilandeses, a los cuales ya no les queda ni siquiera un resto de memoria (porque hace ya muchos años el KGB y la izquierda les lavaron el cerebro) que en septiembre empezaremos a trabajar para tener, con enorme dispendio de recursos, tiempo y energía, lo mismo que ya tenemos desde 2005, secundum Lagos, y desde 1980, según yo: una Constitución “plenamente democrática y ciudadana”.

               ¿Qué más queda por decir? Tal vez, “ora pro nobis”.