viernes, 19 de diciembre de 2014

Unas Horas con los Muertos-Vivos

          Asistí a un festejo navideño en el Gulag Chileno, llamado Punta Peuco, donde la izquierda, la DC y su carnal Piñera (que traicionó a aquéllos tras prometerles un juicio justo, pero sólo para captar sus votos) mantienen confinados a 65 soldados de los que pusieron el pecho a las balas terroristas después de 1973. Hoy son presos políticos, porque ninguna ley autoriza privarlos de libertad.

          Su promedio de edad es 76 años, pero los hay numerosos que son octogenarios. Algunos están afectados de Alzheimer, y no saben dónde ni por qué están, no obstante que muchos sin Alzheimer tampoco lo saben, pues nunca cometieron delito alguno. Y aun quienes los cometieron tienen derecho a la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada, ninguna de cuyas eximentes se les respeta en la forma cómo se les ha reconocido a los terroristas.

          Uno de los primeros que se me acerca al llegar es el suboficial de Carabineros Gamaliel Soto, de Temuco, para agradecerme un artículo en su defensa, que escribí tras él ser condenado a diez años por un secuestro que no cometió. “Pero debo rectificarlo”, me dice, “pues usted afirmó que yo detuve a una pareja de médicos del MIR en 1973 y la entregué sana y salva en un cuartel de la FACH, pese a lo cual estoy condenado por mantenerlos secuestrados hasta hoy. En realidad, ni siquiera los detuve: yo sólo estaba en la comisaría cuando desde ella fueron llevados a la FACH y lo único que hice fue mirarlos partir. No tuve ninguna participación”.

Está resignado a seguir muchos años preso, en una nueva categoría, pues a la de “haber estado ahí” y la de “no haber estado ahí, pero ser acusado de estarlo” se añade la de “haber mirado ahí”. Porque en Chile no hay justicia para los PPM (presos políticos militares), a quienes ni siquiera, muchas veces, se les otorgan beneficios carcelarios que a los delincuentes sí se les dan.

          También se me acercó José Cáceres, oficial de la Armada condenado a cinco años y un día en memorable fallo redactado por el ex ministro de Justicia, Luis Bates. En el fallo se refiere a los oficiales como “los delincuentes”, no siendo ése su oficio, sino el de oficiales de la Armada; habla de que “se levantaron en armas contra el gobierno legítimamente instalado” y acusa a Cáceres y otros de mantener secuestrado al extremista Rudy Cárcamo desde 1974 hasta la fecha, en circunstancias que no hubo secuestro, sino detención, y que el detenido fue llevado al cuartel Ancla 2 de Talcahuano. Pues, según el Código, los particulares “secuestran” y los funcionarios uniformados “detienen”.

Cáceres, que jamás siquiera supo de Cárcamo, agradece mis referencias a su situación y me informa que, estando completa y oficialmente acreditado que él no estaba en el cuartel Ancla 2 en la fecha de la detención, ha interpuesto ante la Corte Suprema un recurso de revisión de la sentencia que lo condenó.

Ésta es notable, porque fue dictada a raíz de un recurso de casación del Ministerio del Interior de Piñera contra sentencias de primera y segunda instancia que habían condenado a los marinos a 541 días de pena remitida, con lo cual se habían conformado querellantes y querellados. Pero el odio marxista, ampliamente acogido por el régimen del referido Piñera, pudo más y consiguió que la sala penal de la Corte Suprema, que todavía odia más a los militares que el gobierno anterior, les subiera la condena a cinco años y un día de pena efectiva. Por “haber estado ahí” (que es lo único probado) y hasta, en el caso de Cáceres, por “no haber estado ahí”.

          Durante la visita estoy cerca de un reo octogenario que parece muy conforme comiendo una empanada que le han llevado sus camaradas. Éstos me dicen que él no sabe dónde está ni por qué, no obstante lo cual los jueces inquisidores lo convocan a careos con personas a las cuales, por supuesto, no reconoce, y en cuyo curso manifiesta creer que ha vuelto a su hogar. En los países civilizados se considera un atropello a los derechos humanos mantener preso a un octogenario que ha perdido la razón, pero en Chile, en lugar de liberarlo por respeto a sus derechos humanos, la dictadura judicial lo castiga por violarlos.

          Más tarde se me acerca y me abraza el “villano favorito” de los jueces de izquierda, el brigadier Miguel Krassnoff. Es todo un caballero y su hoja de servicios en el Ejército fue brillante, pero decidió acogerse a retiro cuando comenzó la persecución judicial ilegal en su contra, todo a partir de la famosa carta de Aylwin a la Corte Suprema pidiendo desconocer la amnistía. Hoy he leído, ya sin sorpresa, un artículo de elogio a Aylwin de un columnista de derecha en “El Mercurio”, bajo el título de “El Presidente de Todos”. Pero ciertamente no lo es de los PPM, contra los cuales abrió la compuerta a la dictadura judicial de izquierda que los ha enviado y seguirá enviando al Gulag Chileno, Punta Peuco.

          Como decía un correligionario suyo, que en paz descansa, Aylwin usó a los militares para echar a los comunistas y luego usó a los comunistas para condenar a los militares, lo cual ha despertado la admiración de la derecha salvada por los primeros, pero eternamente malagradecida.

          Un uniformado en retiro que ha organizado el festejo para los muertos-vivos me pide que les dirija unas palabras. Yo les agradezco lo que hicieron por Chile, en nombre de los salvados por ellos, tanto agradecidos como malagradecidos, y los insto a que escriban el relato de la verdad de sus respectivos casos, pues ésta desafía toda verosimilitud. 

          Poco antes se me había acercado el general Ruiz Bunger, quien fuera baleado por el Frente terrorista rojo junto al general Leigh, y que a raíz de ello perdió movilidad en el lado izquierdo. Quien le disparó, Pablo Muñoz Hoffman, fue reconocido por él al ser detenido. Acudió entonces al juez de izquierda pertinente, pero éste le dijo que no podía proceder contra el extremista, basado en su solo testimonio.

          El brigadier Willeke, de ascendencia alemana, que cumple condena por el caso Prats, no obstante que la jueza argentina Servini de Cubría le dijo textualmente: “Yo sé que usted no tuvo que ver en el caso Prats, pero necesito que me diga todo lo que hacía la DINA”, y como se negara a revelarle a una extranjera los secretos de inteligencia chilenos, cumple condena y entonces les hace clases de alemán a los otros prisioneros políticos.

          Pero el Gulag Chileno es un presidio de caballeros y no de delincuentes, y por lo tanto funciona bien. Los baños están limpios, porque ellos los asean. Hay orden, porque ellos lo respetan. Hay actividades constructivas, porque ellos las organizan. Conversé con el campeón de ajedrez del recinto, un oficial de apellido italiano.

          No pude dejar de recordar, por contraste, cuando en los ’60 el Ministro del Interior de Frei Montalva, Bernardo Leighton, el “Hermano Bernardo”, que era “hermano” para la izquierda, pero no para la derecha, ordenó encarcelar a la directiva del Partido Nacional en la hacinada cárcel pública, a raíz de una declaración que estimó sediciosa. El presidente del PN, el reputado jurista Víctor García Garzena, debió pernoctar en una celda colectiva, con delincuentes comunes, y cuando manifestó, a la mañana siguiente, un deseo insólito para el penal, el de ducharse, los reos le dijeron que primero debían limpiar el suelo cubierto de excrementos, y lo hicieron; después, reconociendo su condición, hicieron un círculo alrededor de él, manteniéndose de espaldas, con el mayor respeto, mientras don Víctor se duchaba.

          El odio de la izquierda pretende empeorar todavía más la condición de los PPM, siguiendo la despreciable línea de Piñera, y mandándolos a un penal común, donde el hacinamiento general les impida llevar una existencia ordenada como en Punta Peuco. Ya una mujer izquierdista odiosa denunció haber visto en el Hospital Militar al brigadier Krassnoff sin grilletes ni el chaleco que dice “imputado”, y lo ha denunciado, lo cual se ha traducido en que a otros oficiales les exijan usarlo y engrillarse. Pero ellos se han negado a concurrir en esa forma, con perjuicio para su salud, pero no para su dignidad.

          Las cárceles comunes son indecentes y dispensan un tratamiento que ni siquiera los delincuentes merecen. El Gulag Chileno, por el contrario, es una cárcel decente, pero no por virtud del Estado, sino porque sus internos son personas decentes, aunque los fallos sesgados de la justicia DC y de izquierda les imputen conductas delictivas.

          Y alguna vez, cuando tengamos un gobierno decente, muy distinto, por cierto, del anterior y del actual, en Punta Peuco se podrá levantar un memorial de los abusos y atropellos que allí se cometieron contra ancianos soldados que lo único que merecen y no tienen es igualdad ante la ley y el agradecimiento de su pueblo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cinismos de la Dictadura Judicial

          Tocqueville decía que la dictadura de los jueces es la peor de todas, porque es la única que no tiene remedio. En efecto ¿a quién se recurre ante los atropellos de los jueces de izquierda? A otros jueces de izquierda o a tribunales colegiados con mayoría de izquierda. En otras palabras, en Chile no hay adónde recurrir.

          La dictadura judicial en materia de derechos humanos ya ha propasado todo límite, y atropellado reiteradamente los propios derechos humanos de los militares, en particular de octogenarios enfermos, condenados ilegalmente y a los cuales ni siquiera se les reconoce sus beneficios carcelarios. Y, además, dicha dictadura judicial está más cínica que nunca.

          Pues el cinismo, según la Real Academia, “es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Bueno, nuestra justicia de izquierda, partiendo por la mayoría de la “sala penal” de la Corte Suprema hacia abajo, ha hecho públicos y reiterados ejercicios de cinismo, pero últimamente ha batido sus propias marcas en dos casos.

          Así, en el juicio politizado mediante el cual un juez de triste memoria (y que ha quedado en el basurero de la historia) decretara el desafuero del senador Pinochet, ese singular “magistrado” debió pasar por sobre todas las leyes, la verdad de los hechos y las pruebas del proceso, en el estudio del cual me especialicé, tanto que escribí en 2001 un libro, al respecto, “La Verdad del Juicio a Pinochet”, que estuvo largamente entre los más vendidos y mereció tres ediciones, con un total de 4.500 ejemplares, sin ser jamás refutado circunstanciadamente.

Como es sabido y está probado, ni el general Pinochet ni su delegado, el general Arellano, que encabezó una comitiva que tenía por misión regularizar y acelerar los juicios militares en octubre de 1973, tuvieron nada que ver con fusilamientos ilegales que se perpetraron en algunos de los lugares que ella visitó. Bueno, pero como estamos en Chile y de lo que se trataba, por parte de la izquierda, era de “condenar por los diarios” a Pinochet, obedeciendo la consigna dictada por Brezhnev y el KGB, en el hecho no hubo un verdadero juicio. Por algo hace poco habían transcurrido, desde que se inició (sin base legal alguna) en 1998, dieciséis años sin sentencia de término.

En él, el ex Presidente y ex senador fue sobreseído por muerte. Su general delegado también lo ha sido en un proceso, que está en las manos de un enésimo ministro sumariante (en este caso, “enésima”, Patricia González). Pero ni ella ni sus antecesores han cumplido el mandato legal expreso del artículo 107 del Código de Procedimiento Penal, que les ordena examinar si existe una causal de extinción de la responsabilidad para, en caso afirmativo, poner inmediato término al juicio. En éste hay a lo menos dos causales, la amnistía y la prescripción, pero no se aplican, porque la ley penal para los militares no rige.

Bueno, han pasado quince años de esa situación de atropellos increíbles, políticamente motivados, y hace unos días leí que un comandante, a quien en mi libro señalé como responsable directo de 55 fusilamientos ilegales perpetrados al margen de todo conocimiento u orden de los generales Arellano o Pinochet, ha sido por fin condenado (también ilegalmente, porque se trata de delitos amnistiados y prescritos) ¡a una pena remitida! Es decir, el principal responsable de las muertes que les achacaron a Arellano y Pinochet no pasará un día en la cárcel.

Hasta la gordita Madeleine Albright, Secretaria de Estado norteamericana de paso por Santiago, se permitió decir que Pinochet estaba “bien procesado”, porque para ella, una izquierdista, era lo políticamente correcto. Y resulta que el que apretó el gatillo, sin saberlo Pinochet, ha quedado al fin libre. Los comunistas todavía derraman lágrimas porque Pinochet no fue a la cárcel. Bueno, el que mató a las víctimas que le imputan a éste, tampoco.

Esto es una burla final de los jueces de izquierda, y tiene un fundamento: culpar a Pinochet era lo que políticamente exigía la izquierda. Y por eso el autor de las muertes, que mintió y dijo haberles sido ellas ordenadas por Pinochet, es premiado con la libertad (a la cual, en todo caso, tenía derecho legal en virtud de la amnistía y la prescripción, y por eso no doy su nombre.) Pero ¡cuántos oficiales que no han mentido para salvar el pellejo, como les exige el chantaje judicial de la izquierda, cumplen largas condenas de presidio efectivo! Aunque sólo sea por “haber estado ahí” (y alguno sin siquiera haber “estado ahí”).

El cinismo consiste en dejar libre de la cárcel al que cumple con la exigencia política de la judicatura de izquierda: culpar a Pinochet. Un artículo del Código Penal Chileno de Izquierda (Karen Cariola podría estarlo preparando) seguramente dirá: “Ningún chileno cumplirá condena alguna, por graves y numerosos que hayan sido sus delitos, si culpa de ellos a Pinochet”.

Otra reciente manifestación de cinismo judicial ha sido sobreseer al general Arellano (que en su ancianidad está hace años privado de razón), pero ¡no sin antes dictar auto acusatorio en su contra, culpándolo de la muerte de dos GAP, guardia armada personal de Allende) en circunstancias de que, como está probado, lo único que hizo Arellano fue ordenar el traslado de ellos, que habían sido apresados en Curicó, a Santiago! Acá llegaron a un regimiento y luego fueron cambiados a otro en San Bernardo, donde fueron fusilados. Nada de eso lo ordenó, y ni siquiera supo, Arellano, que no tenía mando ni autoridad para decidir en el caso.

Pero la actual ministra sumariante lo ha acusado de esas muertes e inmediatamente lo ha sobreseído, lo que impide a su defensa presentar ningún recurso contra el auto acusatorio. Pues el general Arellano nunca quiso alegar amnistía ni prescripción, pues estaba seguro de poder demostrar su correcto proceder y completa inocencia. Creyó que trataba con una justicia de verdad. Bueno, ahora la justicia de izquierda le impide a su defensa, en este caso, demostrar su inocencia, al sobreseerlo por demencia. ¿No es eso un “ejercicio de una acción vituperable”, que es lo que define al cinismo?

En una nueva edición del “libro negro de la justicia chilena”, aparecido en 2013 y titulado “Procesos Sobre Violaciones de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Ilegalidades, Arbitrariedades”, de Adolfo Paúl Latorre, debería añadirse los dos testimonios de cinismo judicial de que he querido dejar constancia hoy.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Del "Minuto Heroico" al "Primer Sentido"

          Dicen que la escena del diputado Ignacio Urrutia pidiendo el minuto de silencio en memoria de Pinochet y de los quince valientes que lo apoyaron de pie en la Cámara dio la vuelta al mundo, recinto este último (y también aquél) en que los partidarios de la sociedad libre somos minoritarios y, por tanto, en gran parte del cual sorprendió que se rindiera tributo a la memoria del salvador y reinstaurador en Chile de la misma.

Su legado, que partió con la derrota armada del marxismo totalitario a un costo mínimo, pues en lugar del millón de muertos que preveía el guerrillero Comandante Pepe en la guerra civil que preparaba, resultaron apenas 3.197, después siguió con la consagración del principio de subsidiariedad y las garantías individuales reconocidas en la Constitución de 1980, el fortalecimiento del derecho de propiedad que atrajo la inversión extranjera e incrementó la nacional; las privatizaciones, la creación de la salud y la previsión privadas, la liberación del comercio internacional, la creación del FUT y las rebajas de impuestos y, en fin, que culminara con la restante panoplia de libertades que le hizo posible a Chile convertirse en la “joya más valiosa de la corona latinoamericana” (Clinton), no ha sido olvidado. El diputado Urrutia y sus “quince de la fama” nos dicen, en esta hora en que está siendo sistemáticamente demolido, que “aún tenemos Patria, ciudadanos”.

          Habría sido eso lo más importante de la semana si no hubiera tenido lugar otro “hecho esencial”: el inesperado y espontáneo reconocimiento de la Presidenta en cuanto a que su “primer sentido” le había dicho, al plantearse la reforma educacional, que ésta debería partir por la enseñanza pública.

Eso es de una profundidad e importancia que sólo un medio político tan superficial como el chileno podría soslayar o utilizar apenas para obtener alguna ventaja propagandística transitoria.

Pues ese “primer sentido” de la Presidenta es por completo ajeno al evidente “verdadero sentido” de todo lo que hace su gobierno, partiendo por dicha reforma educacional: llevar a cabo en Chile una revolución de izquierda. El tema de ésta no es “mejorar la educación”, sino “cambiar la educación”. El punto está en ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios, y no en limitarse a procurar que ella sea mejor. De lo que se trata, ha dicho el jefe de este compartimiento revolucionario, es “bajar de los patines” a los mejores y no “subir a los patines” a los peores, cosa que se lograría mejorando la educación pública, que es la más deficitaria, y dejando tranquilos a los que obtienen logros superiores precisamente como consecuencia de la libertad de que gozan.

Lo del “primer sentido”, entonces, confieso, me ha hecho quedar completamente descolocado. Yo partía de la base de que Michelle Bachelet 3.0 estaba empeñada en una gesta revolucionaria típicamente marxista, y así como buscaba destruir el corazón de la libertad económica a través de la mayor tributación, el corazón de la libertad social a través de la re-estatización de la salud y la previsión, y el corazón de la eficiencia productiva privada y del crecimiento mediante la reforma laboral, de igual modo buscaba sacar de las manos de ciudadanos libres y plurales la enseñanza de los niños chilenos. Por eso, precisamente, la reforma propuesta por su gobierno dejaba de lado e intacta la enseñanza peor, la pública, y centraba sus fuegos en la restante, la privada, para terminar con la libertad de los privados en su gestión y ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios.

Pero ahora la Presidenta nos sale con esta inexplicable frase reaccionaria, su “primer sentido”, pleno de reflexión positiva, inspirado en mejorar la enseñanza y, para eso, apuntar a comenzar por remediar la peor, la pública.

Toda una declaración de principios en cuanto a que realmente se debería asignar recursos a (y perfeccionar la labor de) las escuelas municipales magras y decadentes, en lugar de dirigir los cañones del acorazado Potemkin, capitaneado por el “tovarich” Eyzaguirre, a destruir hasta el último bastión de la libertad de enseñanza de los emprendedores chilenos.

Por eso, al menos “aquí y ahora”, tanto el “minuto heroico” como el “primer sentido” me hacen exclamar (provisoriamente) emulando a Manuel Rodríguez después de Rancagua, “¡aún tenemos Patria, ciudadanos!”

viernes, 12 de diciembre de 2014

El Minuto que Estremeció a Chile

          El diputado Ignacio Urrutia (UDI) es tan valiente, pero tan  valiente, que no le tiene miedo a los comunistas. Pues eso es señal de heroísmo en el Chile de hoy, manejado por éstos con su látigo del amedrentamiento y el terror.

Urrutia hizo uso de su derecho de solicitar un minuto de silencio en la Cámara en conmemoración del aniversario de la muerte del principal estadista chileno del siglo XX, Augusto Pinochet.

          Los comunistas estaban furiosos, así es que hubo una estampida en la sala de los que les temen, que son casi todos los demás, mientras la brigada roja levantaba pancartas denigratorias del estadista fallecido en 2006. Pero diez valientes diputados UDI y cinco valientes RN se quedaron y adhirieron al homenaje, poniéndose de pie.

Lamentablemente, otro UDI, más joven y con el cerebro suficientemente lavado por las consignas, Jaime Bellolio, no encontró nada mejor que mandar un twitter a “La Tercera” en estos penosos términos: “No estuve de acuerdo ni participé de minuto de silencio. Hoy es día de respetar dignidad y DD. HH. de todas las personas. De ayer y de siempre”. Está a salvo. Puede parar de temblar. Hasta es posible que la bancada marxista se haya acercado a decirle: “¡Qué bien!”

          También el alter ego de Sebastián Piñera y ex ministro suyo, Jaime Mañalich, aportó lo suyo: “Ayer un diputado, en un acto de estupidez máxima, pidió un  minuto de silencio para recordar al dictador Pinochet”.

          Y he visto en la televisión a verdaderos energúmenos preguntando: “¡¿Cómo es posible?!” ¡Esto no puede volver a suceder! Es que es desobedecer la orden de Brezhnev al KGB de hace 41 años, de acusar a la Junta, en todo el mundo, de “violaciones a los derechos humanos”. Pero ésta lo que hizo fue defender los derechos humanos de los chilenos, que estábamos bajo inminente amenaza de verlos atropellados por una dictadura marxista-leninista que tenía un contingente de diez mil irregulares chilenos y un número igual o mayor de extranjeros ingresados clandestinamente al país para tomarse el poder por las armas. En su tiempo lo denunciaron todos los líderes democráticos del país, entre ellos Frei Montalva y Aylwin.

          Por fortuna, los historiadores investigan más allá de las consignas y se han dado cuenta de todo. Paul Johnson ha declarado: “El general Augusto Pinochet fue demonizado por la Unión Soviética y la propaganda comunista. Lo villanizaron y eso fue el gran éxito de la propaganda comunista”. (“Las Últimas Noticias”, 09.04.06).

          Pues Pinochet defendió los derechos humanos de los chilenos al frustrar una intentona totalitaria, y luego les dio libertades y entregó el gobierno a los civiles bajo una carta tan democrática que sigue rigiendo, en lo sustancial, hasta hoy. Y que, justamente por garantizar firmemente los derechos de las personas, los totalitarios quieren derogar.
          El mismo Paul Johnson, en su libro “Héroes: de Alejandro el Grande y Julio César a Churchill y De Gaulle”, dice que la demonización de Pinochet entre las “élites habladoras del mundo fue el último éxito del KGB antes de que desapareciera en el basurero de la historia. Pero para mí –añade-- sigue siendo un héroe, porque yo conozco los hechos” (p, 279).

          Pero en el miserable Chile actual, en que la izquierda domina sin contrapeso en los medios de comunicación y la gente le tiene miedo a la invectiva comunista, el minuto de silencio fue un terremoto para los pusilánimes, arrepentidos, tránsfugas y de convicciones débiles y conocimientos escasos, que han comprado toda la campaña marxista. Ésta impera sin contrapeso en los medios, especialmente en la televisión.

El miedo a los marxistas es histórico. Ayer en “El Mercurio” Axel Kaiser citó una frase de Ludwig von Mises sobre la razón de este temor: “Marx y Engels nunca trataron de refutar a sus oponentes con argumentos. Los insultaron, ridiculizaron, difamaron y denigraron, y en el uso de estos métodos sus seguidores no son menos expertos. Su polémica nunca se dirige contra el argumento de su oponente, sino siempre contra su persona”.

          El minuto de silencio heroico en la Cámara estremeció a este pobre país mentalmente colonizado, el cual, habiendo elegido el gobierno que se merece,  se apresta a desmantelar la obra de Pinochet y la Junta, que hicieron un gobierno mucho mejor del que Chile se merecía, y lo “cambiaron de pelo” y sacaron de la mediocridad en la cual había vivido gran parte del siglo XX, para convertirlo en ejemplo para el hemisferio y el resto de las naciones.

          ¡Honor al diputado-héroe y a los quince valientes que lo siguieron! Pusieron el pecho a las balas comunistas cuando otros arrancaban, se rendían o “se daban vuelta la chaqueta”.

          El tiempo, los historiadores y el triunfo final de la verdad les darán la razón.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Honra Fúnebre a la Libertad de Enseñanza

          Con la aprobación en general en el Senado de la ley liberticida sobre educación, la actual revolución socialista en curso en Chile da un paso gigantesco.

          En una sociedad libre la educación es un tema privado. Cualquiera puede ganarse la vida enseñando y hacerlo con el mejor programa que se le ocurra. Los padres son libres para elegir adonde van a estudiar sus hijos o decidir que lo van a hacer en su hogar mediante el “home school learning”, que ha tenido señalados éxitos en los Estados Unidos. Bajo el Gobierno Militar había libertad de enseñanza y por eso los comunistas fundaron una “Escuela Latinoamericana de Integración”, que funcionaba libremente.

Pues al calor del sol de la libertad florecen las más diversas y variadas iniciativas para educar, surgidas del ingenio humano. Y a los que no tengan dinero para pagar la enseñanza, el Estado puede dárselo, financiando “vales” o “vouchers” para matricular a los hijos en los mejores colegios que elijan los padres. En Chile el presupuesto fiscal de educación es de siete BILLONES de pesos anuales que, si en lugar de ir a financiar la burocracia, se entregaran a las familias, darían acceso a todos a la enseñanza particular pagada, que es la mejor.

Las pruebas internacionales lo prueban, pero son ocultadas por la burocracia que medra del presupuesto. Ayer, sin ir más lejos, la Agencia de la Calidad de la Educación, engendro del gobierno socialistoide de Piñera, fue públicamente desmentida de su afirmación de que ”somos el país que tiene las mayores diferencias entre un grupo socioeconómico y otro”. La entidad privada “Acción Educar”, en carta a “El Mercurio” expuso que en la prueba internacional TERCE Chile aparece como el que entrega mejor educación en el nivel básico; y en la prueba TIMSS aparece Chile entre los líderes en aumento de puntaje desde 1999; y, en fin, en la prueba PISA 2012 obtiene el primer lugar en Latinoamérica en todas las áreas evaluadas. La burocracia, para suprimir la libertad, engaña.

          Lo que sucede es que la revolución estudiantil marxista de 2011 se fundó en consignas; y el país serio, que es asustadizo, “las compró” y permite que se repitan y prevalezcan, lo cual termina en la aprobación de la legislación liberticida. Porque el marxismo impone sus consignas por la fuerza, y a quienes no las acogen los insulta, cuando no los agrede. Luego, vivimos bajo el imperio del miedo a opinar en favor de la libertad, que es para los marxistas lo que la exhibición de un crucifijo para los endemoniados.

          La educación socialdemócrata actualmente vigente en Chile mantuvo injertos de libertad. Así, todavía subsiste la educación particular pagada, que las pruebas PISA han demostrado que está al nivel de países desarrollados (ver mi blog de fecha 04.05.14). Sin embargo, el otro día vi en CNN que Tomás Mosciatti, en entrevista a una de las personas que más sabe de educación en Chile y que defiende la libertad de enseñanza, Patricia Matte, le aseveraba que la educación particular pagada nacional “es un asco”… y ella no lo refutaba.

Pues bien, la prueba TIMSS  2011 acreditó que, lejos de ser “un asco”, está al nivel de los países desarrollados. En matemáticas 4° básico tuvo resultados mejores que Serbia y Australia; y en 8° básico, mejores que Israel y ¡Finlandia! En ciencias 4° básico los tuvo mejores que los Estados Unidos, y en 8° básico mejores que los de Eslovenia y Rusia. Pero eso se oculta, porque “particular” y “pagado” son anatema para el socialismo.

          Bueno, el hecho es que el engendro marxista de la dupla ídem Bachelet-Eyzaguirre es aprobado en general en el Senado, con el apoyo, naturalmente, de los kerenskys chilenos, acerca de los cuales la única confianza que podemos tener es de que, cuando la sangre esté a punto de llegar al río, se van volver a asustar y, tal como en 1973, van a cerrar filas con la derecha y la libertad y van a salvar al país de nuevo… si pueden. Porque la mano del gato que usaron en 1973 para sacar las castañas del fuego (y que ellos mismos después quemaron adicionalmente y lo siguen haciendo) ya no va a estar disponible.

          La aprobación en general del proyecto educacional marxista es el anuncio de la muerte de la libertad de enseñanza en Chile. Si alguien cree que la educación particular pagada, que todavía no han prohibido, se va a salvar, es que no sabe nada de revoluciones: más temprano que tarde, subirá al cadalso, que quedará desocupado cuando ya hayan rodado las cabezas de miles de emprendedores dueños de escuelas particulares subvencionadas.

          Y así Chile va a aprender que “no al lucro, no a la selección, no al copago”, como voceaba la calle en 2011 y se ha aprobado por mayoría en el Senado, fue también un gigantesco “no a la libertad de enseñar”.

Que ella descanse en paz.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La Receta es Muy Sencilla

          Michelle Bachelet va “en caída libre”, como dice el senador Andrés Zaldívar. Su desaprobación, según la encuesta Adimark, es mayor que la de todos sus ministros, salvo dos, el de Educación y el de Transportes, que la tienen peor.

          ¿Cambio de gabinete? ¡No! ¡Si el problema es ella! Pues tiene una receta infalible, que ya ha explicado (cita no textual): “la reforma tributaria va a permitir que los que tienen más paguen más, para que haya más igualdad y para financiar el mejoramiento en la educación; cuando la educación mejore, el país va a crecer más y va a alcanzar antes el desarrollo”.

Michelle Bachelet ha comenzado a tratar de aplicar su receta, que es la más sencilla de la política, tan antigua como el Imperio Romano y que siempre, repito, siempre, lleva a una caída final como la de dicho Imperio: quitarles a los ricos para darles a los pobres, con el fin de que todos sean iguales, y entregarle al Estado la tarea de hacer que, entonces, todos vivan felices y por muchos años.

          El Imperio Romano cayó por eso. ¿Quieren una explicación más detallada? En http://www.youtube.com/watch?v=6PcaciZean4, se la dará a ustedes el profesor de economía Jesús Huerta de Soto, de una universidad madrileña, en sólo 7 minutos. En resumen, en Roma había agricultores que se enriquecían vendiendo caro el pan. El emperador resolvió distribuirlo gratuitamente a la gente, a la cual, a la vez, mantenía entretenida con los espectáculos gratuitos del Coliseo: “panem et circenses”. Receta infalible. Pero los agricultores se arruinaron y sus trabajadores se fueron todos a Roma, donde se podía vivir gratis. El Estado de Bienestar en forma. A los emperadores se les comenzó a terminar el dinero. Entonces dividieron las monedas y fijaron los precios. Y se prohibió a los campesinos irse a Roma. Fueron los primeros “siervos de la gleba” (como los mapuches chilenos que no pueden vender libremente sus tierras, permitiendo lo cual se habría terminado hace muchos años “el problema mapuche”). Bueno, se desató la Inflación en Roma, apareció el mercado negro y con él el descontento general. Cayó el Imperio, sobrevino la Edad Media junto con el feudalismo. Y el progreso se detuvo por mil años.

          ¿Por qué cayó el Muro de Berlín? Por lo mismo, claro que dejando atrás ciento diez millones de muertos (pues desde la publicación del “Libro Negro del Comunismo”, este último se ha acreditado diez millones de muertes más). Lo resume todo la frase de un ex comunista cubano, Leonardo Padura, en su libro “El Hombre que Amaba a los Perros”: “La Unión Soviética legaría al futuro su fracaso y el miedo de muchas generaciones a la búsqueda de un sueño de igualdad, que en la vida real se había transformado en la pesadilla de la mayoría” (p. 257).

          Acá el sólo anuncio y debate del “sueño de la igualdad” está haciendo despertar prematuramente a la mayoría, que algo ha aprendido, pese al masivo lavado de cerebros, y ya avizora “la pesadilla”.

Es el eterno problema del socialismo. No tiene en cuenta la naturaleza humana. Salvador Allende, cuyo ideal quiere completar Michelle Bachelet, según ha dicho alguna vez, también tenía el “sueño de la igualdad”. Él creía que si su gente usurpaba empresas y se tomaba los campos, bajo la tutela de sus funcionarios se iban a producir bienes más abundantes y baratos y el pueblo iba a ser feliz. Pero sólo hubo déficits gigantescos, escasez generalizada y mercado negro. Y el pueblo no fue feliz. Sobrevino “la pesadilla de la mayoría”, cuyos representantes en el Parlamento lanzaron un urgente pedido de auxilio a los militares, que éstos, en mala hora para ellos, atendieron. Y legaron a la mayoría “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, justo antes de que los Aylwin y compañía (en la cual militaban los legatarios de Allende) en señal de agradecimiento metieran presos a todos los militares que pudieron, cosa que, mediando el fuerte concurso de Piñera, siguen haciendo.

¿Va a cambiar un nuevo ministerio la “sencilla receta” de Michelle Bachelet? No. Para que la misma cambiara, ELLA tendría que estudiar la historia de la caída del Imperio Romano, la de la caída del Muro de Berlín, la verdadera historia de la UP, la de los dolorosos ajustes que sufren hoy los “Estados de Bienestar”, leyendo de paso el libro de Mauricio Rojas, “El Otro Modelo Sueco”; y, lo más importante, convencerse de cuál es la realidad.

Si no, si sólo va a cambiar el gabinete y continuar tratando de aplicar su “sencilla receta”, entonces la “caída libre” va a continuar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Locos por Pinochet

          Como dicen que decía Huidobro, “si no fuera para llorar, seria para la risa”. Los chilenos de 2014 están, sencillamente, “locos por Pinochet”. A mí algunos me critican por estar, afirman, “pegado en el pasado”, pero los que están pegados son no sólo ellos, sino TODOS.

          Díganme si no es para reír (o llorar, usted elija) el lío que han armado con la medalla “Comandante en Jefe Capitán General Augusto Pinochet”. Un senador socialista, en estado de desesperación tras haberse enterado de que ella existe, le ha oficiado al Ministerio de Defensa para que ponga término a esa gravísima situación, que hace peligrar la estabilidad moral, emocional, síquica y neurológica del país. Y entonces el Ministro, que es de lo mejor que tiene la DC pero eso no lo exime de llevar el ADN kerensky, inmediatamente ha acogido la iniciativa marxista y puesto término al gravísimo atentado contra la estabilidad anímica del país, dictando el decreto que exorciza y borra del reglamento de la condecoración las palabras “capitán general Augusto Pinochet”. ¡Qué alivio! Chile deja de convulsionar. Lentamente vuelve en sí y pregunta “¿dónde estoy?”

          Pero todo esto es “mucho peor, mi general”, frase que hizo proverbial un alto uniformado, hoy fallecido, próximo al Presidente Pinochet, que cuando el círculo más cercano a éste analizaba alguna situación de crisis, como las que viven todos los gobiernos de todos los países aproximadamente una vez a la semana, siempre aportaba esa frase característica: “Mucho peor, mi general” y en seguida demostraba a los presentes por qué debían estar mucho más alarmados de lo que desaprensivamente lo estaban.

          Bueno, el caso de la medalla “Comandante en Jefe Capitán General Augusto Pinochet” es “mucho peor, mi general”, porque al primero que se le ocurrió suprimirla no fue a un marxista, sino, adivinen ustedes, ¡a un Comandante en jefe del Ejército! En efecto, en 2006 el general Juan Emilio Cheyre, que firmó la rendición  incondicional de esta rama uniformada ante sus vencedores marxista-leninistas, fue “más papista que el Papa” y sugirió suprimir el nombre de Pinochet  de la referida medalla.

Cheyre se caracterizó por ofrendar a sus vencedores de extrema izquierda compensaciones superiores a las que éstos habían exigido, pues ha quedado grabada con letras de fuego para la historia su famosa declaración no solicitada, publicada el 10 de diciembre de 2004 en “El Mercurio”, en que el Ejército se echaba la culpa de “todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado”, lo cual produjo el sortilegio de transformar a los marxistas –que se lo siguen creyendo hasta hoy— de agresores en agredidos, de victimarios en víctimas y de totalitarios en demócratas.

          Cuando en 2006 Cheyre propuso suprimir el nombre de Pinochet de la medalla, el país, que hace ocho años todavía conservaba una brizna de sentido común, se hizo el desentendido y la medalla siguió tal cual. Pero los comunistas y los jueces de izquierda han seguido adelante la campaña de mentiras y hoy, en 2014, Chile está más “loco por Pinochet” que nunca, de modo que por fin han logrado el anhelo de Cheyre: se borró el nombre del capitán general.

          Es que realmente la máxima de Goebbels y sus sucesores, que son nuestros marxistas actuales, en el sentido de que “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”, se ha hecho carne entro nosotros, sobre todo después de que en los 40 años del 11 un presidente de centro-derecha (risas en la sala ante estas palabras) se hizo parte de la campaña estaliniana contra el Gobierno Militar.

          En estos días he estado leyendo el libro de Leonardo Padura, un cubano ex comunista, “El Hombre Que Amaba a los Perros”, sobre la persecución y asesinato, por orden de Stalin, de León Trotsky. Lo que sucedía en 1936 en la España republicana manejada por los comunistas era tan similar a lo que sucede hoy en Chile (sobre todo después de ver a la tripleta marxista que manda el país, Michelle Bachelet, Isabel Allende y Sergio Muñoz clausurando Enade), que no resisto reproducir estas líneas del libro de Padura, referidas a 1936 y a lo que pensaba Trotsky, ya a esas alturas sobre el destino de la URSS (y por eso lo mandaron matar): “La Unión Soviética legaría al futuro su fracaso y el miedo de muchas generaciones a la búsqueda de un sueño de igualdad que, en la vida real, se había convertido en la pesadilla de la mayoría” (p.257).

          Trotsky veía con desesperación que sus advertencias eran desoídas por todos en Europa, mientras cedían a la campaña propagandística de Stalin: “había comprendido que debía hacerse oír, o estaría perdido para siempre: la más burda de las mentiras, dicha una y otra vez sin que nadie la refute, termina por convertirse en una verdad”. Trotsky estaba refugiado en Oslo en 1936, pero podría haber dicho todo eso en Santiago, 2014.

          Orwell podría acusar de plagio a la Nueva Mayoría, porque en su “locura por Pinochet” está imitando de una manera inaceptablemente exacta su modelo de sociedad descrito en “1984”, donde el Hermano Mayor, dueño de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, mandaba cada ciertos minutos maldecir al “enemigo público número uno”, Emmanuel Goldstein (léase Augusto Pinochet).

          Alguna vez, en un futuro lejano, los chilenos de entonces, sonreirán al enterarse de la “locura por Pinochet” de los últimos 25 años, conocedores ya de la historia de Chile real y sabedores de que las máximas figuras nacionales de la formación de la nacionalidad en el siglo XIX, O’Higgins y Portales, el uno en su tiempo deportado y sin permiso para retornar al país y el otro vilmente asesinado; y las máximas figura del siglo XX, Augusto Pinochet y la Junta Militar, autores de la dramática Segunda Independencia Nacional, han sido por fin repuestos en su verdadero sitial histórico.


          El pueblo lo anticipa: un amigo, cuando apareció el billete de $20.000, le pasó uno de los primeros ejemplares al expendedor de una bomba de bencina, diciéndole: “Este es el nuevo billete, que trae la efigie de mi general Pinochet”. Y el bombero le replicó de inmediato, revelando todo el sentido común nacional, que ni siquiera la abrumadora propaganda marxista puede erradicar: “No, eso sólo va a ser posible en cincuenta años más”.