miércoles, 1 de julio de 2015

Se Ha Abierto Una Puerta


          Uno de los placeres humanos que no son pecado ni engordan es el de leerse a sí mismo, que sólo cede en deleite al de oírse a uno mismo. Hoy lo experimenté al leer mi columna de los miércoles en el diario de negocios “Estrategia”, que me concede un espacio semanal. Lo ocupo con suerte dispar, pero en esta oportunidad lo hice con bastante acierto (si se me perdona el autoelogio) por cuyo motivo lo paso a reproducir:                            

Un Partido de Derecha
               Distinguidos políticos han anunciado su intención de formar un “partido único” de centro-derecha. No menos distinguidos no-políticos (que no es lo mismo que “apolíticos”) estamos interesados en fundar un partido de derecha. No “único”, ciertamente, porque ello contravendría nuestra profesada fe en la libertad de iniciativa.
               La principal diferencia que existe entre derecha y centro-derecha es que la primera no tiene interés en armonizar sus puntos de vista con quienes militan en el centro o la izquierda y ganar votos entre ellos, y la segunda sí. A los de derecha no nos interesa ganar votos si ello implica cambiar nuestros principios. Lo que nos interesa es ganar con éstos. Si el costo de mantenerlos es perder votos, estamos dispuestos a perderlos.
¿Cuáles son esos principios? En lo valórico, la defensa de la vida desde la concepción, el premio al matrimonio bien constituido, el hogar como pilar de la sociedad, que eduque, forme y ampare. En lo económico, la defensa de la libertad para emprender, elegir, educarse, trabajar y producir, y para adueñarse del fruto del esfuerzo individual, que es la propiedad. Y en lo social la preservación del orden público, la moral, las buenas costumbres y la legalidad.
               Un partido de derecha debe velar por los derechos de las víctimas de la delincuencia y por aplicar mano dura al delincuente. Y porque haya policías eficaces, cuyos miembros tengan más garantías que quienes cometen delitos. Éstos deben pagar su deuda con la sociedad, por el daño que infligen, en penales en que trabajen para resarcir ese daño y aprendan a ser útiles.
               Un partido de derecha debe reconocer el servicio que los uniformados prestaron al país, al salvarlo de ser una colonia del más brutal totalitarismo de nuestro tiempo y después reconstruirlo desde las cenizas. Y, por tanto, debe luchar por la liberación de los presos y procesados políticos ilegalmente privados de libertad debido a la prevaricación de jueces politizados de izquierda.
               ¿Queda claro por qué quien es de derecha no puede ser de centro-derecha?

               Al releerme me sentí tan bien interpretado y sintetizado que no resistí el deseo de reproducirme aquí.

Es que está llegando la hora de la derecha. Y quienes han hecho eso posible han sido el centro y la izquierda, no sólo por el hecho de haber desarticulado al país con sus políticas, sino por haber obrado con una miopía estratégica imperdonable, pero muy conveniente, al haber abierto una puerta impensada e inintencionada a una mayor libertad política. Han hecho posible que ¡por fin! pueda fundarse un partido realmente de derecha. Han derogado el sistema binominal y, para conseguir los votos para ese fin en el Senado, han debido facilitar la formación de nuevos partidos políticos  

Esta pequeña puerta que se les ha quedado abierta a los políticos controladores del Duopolio me ha recordado la “kerkaporta” de Bizancio, una pequeña puerta de servicio que nadie se acordó de cerrar durante el sitio de los turcos otomanos que en 1450 puso término al Imperio Romano de Oriente. Por esa  pequeña puerta olvidada penetraron los jenízaros del sultán Mulat a desarticular las defensas de Constantino, cuando ya los otomanos se daban por derrotados y se aprestaban a abandonar el asedio. Una pequeña puerta secundaria olvidada que cambió la historia de la Humanidad.

La facilidad para fundar un partido de derecha será la pequeña puerta por la cual podrán entrar quienes derroten al Duopolio de los políticos que han traído al país a su crisis actual, y luego puedan cambiar el curso autodestructivo que ha tomado nuestra historia.

Un viaje de mil leguas comienza con un paso. Ese primer paso en la recuperación del Chile libre y próspero será la constitución de un verdadero y genuino partido de derecha.

lunes, 29 de junio de 2015

Las Cosas Que Hacemos Traen Consecuencias


          Cuando se cambió el sistema procesal penal que teníamos por uno que estableció numerosas garantías para los delincuentes, cualquiera podía anticipar que iba a aumentar la delincuencia. Sucedió así y ahora ha pasado a ser el principal problema de los chilenos (encuestas Cadem-Plaza Pública, CEP y Adimark).

          Estoy seguro de que una gran mayoría quiere mano dura para los delincuentes y terminar con el “garantismo”, consistente en que, cuando los policías los llevan a los tribunales, éstos los dejan libres. Lo que a su turno ha hecho decaer el ánimo de los policías, redoblándose así la actividad delictual. Uno ya ni siquiera puede sentirse seguro cuando va en auto por la calle.

          Michelle Bachelet fue elegida por el 62% de los votantes porque prometió “otro modelo” económico-social, distinto del de libre empresa. Pero el “otro modelo” no funciona en ninguna parte del mundo. Por algo cayó el Muro de Berlín y supongo que no soy demasiado optimista si presumo que ese 62% que votó por Michelle Bachelet se habrá dado cuenta de que el Muro cayó. No creo que esa mayoría haya querido que estuviéramos como en Cuba, porque por algo los propios cubanos están ahora mismo cambiando su “otro modelo” para estrechar lazos con la economía norteamericana. Pero acá se inició una campaña contra el arquetipo del modelo, “los poderosos de siempre”, suprimiéndoles los incentivos para invertir, a través de la reforma tributaria. Como las cosas que hacemos tienen consecuencias, los “poderosos de siempre” dejaron de invertir y el país crece menos. Y como crece menos no hay cómo financiar las promesas del “otro modelo”. El hecho es que, según las encuestas, ahora el 62% es el de la desaprobación de Michelle Bachelet.

          La noticia económica más llamativa de que me he enterado en el último tiempo es la de que las principales empresas del país (“los poderosos de siempre”), tras estudiar la reforma tributaria, se han inclinado por retirar todas sus utilidades, sin reinvertir casi nada, y pagar impuestos según el sistema de “renta atribuida” original, ideado por el ministro Arenas, y no según el “parcialmente integrado”, producto de la “cocina” que, supuestamente, "mejoró" la reforma en el Congreso. Parece que no, pues las empresas grandes simplemente van a retirar ganancias sin reinvertirlas, como antes, en que por hacerlo gozaban de una exención tributaria. Lo cual era una de las razones del alto crecimiento chileno.

          Entonces hay menos inversión y el país crece menos. Y porque crece menos, la recaudación tributaria es menor a la esperada y no alcanza para financiar las promesas del programa. Es que las cosas que hacemos tienen consecuencias. Es un gobierno que parece deleitarse en ir contra el sentido común. Tanto, que ha establecido el horario de verano como horario de invierno, para disgusto de casi toda la gente. 

          Pero sí es verdad que casi nadie quiere a “los poderosos de siempre”. Tal vez sea porque nadie se atreve a decir que son esenciales para el bienestar de todos. Es posible que sean apenas un uno por ciento, al cual el 99 por ciento puede aplastar fácilmente, porque domina los Poderes del Estado. Pero a ese 99 por ciento no se le ocurren los negocios ni las ideas ni despliega las actividades del uno por ciento, que es el que “tira el carro” de la economía. ¿A alguien se le ocurriría dictar medidas para que a Lionel Messi o a Alexis Sánchez se les quitaran las ganas de jugar, sólo porque son minoría? La gente intuye el disparate, y por eso la reforma tributaria recibe un rechazo mayoritario, también según las encuestas. Y la educacional y la laboral también.

          Pues en educación se procura, asimismo, instalar “otro modelo”, en que el centro sea la enseñanza estatal. Se está persiguiendo a la particular subvencionada, que es comparativamente mejor que la pública. Como un anticipo de lo que sucederá cuando la primera pase a ser prácticamente monopólica para todas aquellas familias que no puedan pagar una particular pagada, el profesorado público, en manos del Partido Comunista, lleva paralizado más de un mes porque, en el fondo, no quiere cumplir exigencias de calidad. Si ya los padres de familia que no podían procurar enseñanza particular pagada para sus hijos habían retirado a 800 mil de ellos de la estatal para matricularlos en la privada subvencionada, comparativamente mejor, se explica por qué también la reforma educacional es impopular, según todas las encuestas.

          Como las cosas que se han hecho tienen consecuencias, la mayoría de la gente ahora está descontenta. Junto con tornarse el 62% de los votos en desaprobación, la aprobación de Michelle Bachelet bajó a 23%, según Cadem-Plaza Pública. Ahora la mayoría no quiere el “otro modelo”. Si tampoco, dijo en la elección de 2013, quiso “el modelo”, entonces ¿qué quiere la gente? Nadie, ni siquiera ella misma, lo sabe.

          Como los políticos están desprestigiados por las razones que sabemos, es el momento preciso para que surja una figura redentora desde fuera de la política. Y dado el descontento con el modelo socialista-garantista que se ha intentado, también es un momento propicio para reafirmar el modelo de libertades.

Por ahora la figura redentora no se ve por ninguna parte. Pero seguramente va a aparecer, porque tiene el espacio, cedido por el desprestigio de todas las demás, y es el tiempo para ella, dado por el ambiente de desilusión, disolución, indisciplina, delincuencia y corrupción generales que vive el país.
          

jueves, 25 de junio de 2015

"¡Y Qué Fue...Y Qué Fue... Aquí Estamos Otra Vez!"


          Digámonos la verdad, aunque sea peligroso: ganamos con trampa a Uruguay. Mediante una provocación de Jara, primero, y su simulación después, como si hubiera sido derribado por la palmada leve de Cavani, conseguimos la expulsión del mejor jugador uruguayo. Y posiblemente esa expulsión  haya sido decisiva para que pudiéramos meterles un gol y evitar que ellos nos hicieran uno a nosotros. Resumen: ganamos con trampa.

          ¿Y qué fue? Si en estos días estamos casi todos los chilenos pillados haciendo trampas, los del gobierno y los de la oposición, los de izquierda y los de derecha, los del “sí” y los del “no”.

          ¿Qué vamos a hacer? Tratar de ocultarlo, por supuesto, porque ganamos el partido y, si hacemos unas pocas trampas más, podemos ganar la Copa.

          ¿Que no es lo que todos sabemos que va a pasar con las demás trampas en que hemos sido pillados? ¿Que no se han levantado ya hasta voces doctas proponiendo llegar a “algún arreglo” que nos permita barrer todo bajo la alfombra? Por supuesto. Hay que esconderlo.

          Pero es que hay otra pregunta, incómoda, impopular, inaceptable, “impresentable”, en el lenguaje chileno de ahora: ¿qué DEBEMOS hacer? Es muy distinto de lo que “vamos a hacer”. Pues si fuéramos un pueblo honesto, probo, decente, lo que deberíamos hacer sería castigar nosotros a Jara, aún antes de que lo hagan las autoridades del fútbol y aunque esas autoridades no lo hicieran.

          Hace dos décadas vino a Chile un moralista norteamericano, autor de un libro que no cito porque lo tengo fuera de Santiago, pero que mencionaré por su título cuando vaya donde lo tengo, y dio una charla en el Centro de Extensión de la Universidad Católica, que es una entidad más próxima a la moral que la casi totalidad de las demás instituciones chilenas. Y en su charla y su libro el moralista americano predicaba la probidad y la honradez. Y citaba un caso que no olvidé más, porque representa todo lo contrario de lo que mayoritariamente, abrumadoramente, somos y hacemos los chilenos. Lo voy a sintetizar: en una licitación por miles de millones de dólares de la Armada norteamericana, un proponente olvidó en la sala donde se dieron a conocer las bases algunos antecedentes que sirvieron a otro proponente para saber cuál iba a ser la propuesta del primero. Y, con ese conocimiento, el segundo ganó la licitación. Pues bien, cuando en SU firma supieron lo que había hecho, le pidieron la renuncia y le revelaron a la Armada norteamericana la trampa con que habían ganado. Y entonces perdieron la licitación. Pero fueron honestos.

          ¿Qué diría un chileno típico de hoy ante eso? Yo sé: “¡qué imbéciles!” Y lo sé porque me lo dicen a mí frecuentemente, cuando critico las trampas de los de nuestro lado a la par con las del otro. Acá eso se llama despectivamente “moralina”. Acá de lo que se trata es de hundir al adversario por sus trampas y ocultar cuidadosamente las propias, porque lo que importa es ganar y no se repara en cómo.

          Si queremos, de una vez por todas, dar algún paso hacia la probidad, confiar en que el mundo se va a olvidar de la trampa del Cóndor Rojas y va a creer que lo de Jara no es representativo del país, y va a olvidar que nuestra principal “exportación  no tradicional” es la de ladrones, lanzas y escaperos a Europa, bueno, tenemos que sancionar a Jara, dejar de hacer trampas en la Copa América aunque no la ganemos y empezar a enseñarles a nuestros niños el valor de la honradez, para que en veinte años más ellos no sean como la gran mayoría de los chilenos de hoy, sino mejores.

          Pero no creo que lo vayamos a hacer, así como tampoco creo que la escandalera en que todos han sido pillados en la política vaya a terminar en que sean los propios sectores sorprendidos en falta los que castiguen a sus representantes que han incurrido en ellas.

          Pero, por lo menos, algo se avanzará si alguien dice lo que DEBERÍAMOS hacer, aunque después no lo hagamos y sólo nos riamos cantando, como los comunistas perdonados de sus delitos tipificados en la Ley de Defensa de la Democracia, hace sesenta años: “¡y qué fue, y qué fue, aquí estamos otra vez!”, tras lo cual reanudaron sus trampas y estuvieron a punto de tomarse el poder gracias a ellas en 1973… pero esa es otra historia…

miércoles, 24 de junio de 2015

Derrota en Juicio por los Diarios


          La revolución marxista en curso cuenta para su éxito con el indispensable ingrediente de la “condena por los diarios”, es decir, declarar culpables mediante consignas a quienes se le opongan, pasando por sobre las leyes, la justicia y la sana razón. Por “diarios” entendemos todos los medios de comunicación y “tribunales populares” de la revolución, como los programas de farándula y "jjueces populares" como Yerko Puchento y la Doctora Cordero.

          Los revolucionarios han considerado el fallo de la nueva justicia penal que absolvió de toda pena a las cadenas de farmacias como una derrota inesperada. Y lo fue, sin duda, porque en medio del clima de ilegalidad, inconstitucionalidad y derogación del sentido común en que vivimos, lo esperable era que los empresarios farmacéuticos fueran condenados, deseablemente a presidio, porque nada contribuye tanto a la felicidad de los pueblos como enterarse de un gran empresario preso. 
          
          Pero, sorprendentemente, y por una vez, han primado la ley y la razón y los dueños y gerentes de las cadenas han resultado absueltos.
          
          Pues la verdad es que no se ha atentado contra la libre competencia. En Chile cualquiera es libre de vender remedios. Usted puede abrir una farmacia y hacerlo, si supera los trámites burocráticos habituales, que son un gran obstáculo, por cierto, culpa del Estado y del socialismo, pero iguales para todos (salvo para quienes hacen, a los funcionarios que otorgan los permisos, “una oferta que éstos no pueden rechazar”, lo que es de ordinaria ocurrencia, pues el país está muy, pero muy corrupto. Por algo la Presidenta dijo en París “Chile no es un país corrupto” sin que nadie se lo hubiera preguntado ni dicho que lo era.)

Pero no perdamos el hilo: hay libre competencia en ese mercado de los remedios.

Entonces ¿por qué hay casi exclusivamente farmacias de las cadenas y no más farmacias de barrio? Porque, precisamente, como hay libre competencia, las cadenas venden más barato, en razón de que tienen economías de escala y compran más barato. Entonces, de hecho, son un oligopolio (pocos vendedores). Y tienen dos opciones: enfrascarse en una guerra de precios hasta que quede una sola, que se convertiría en monopolio, o llegar a un acuerdo civilizado de no destruirse mutuamente, que es la buena solución alcanzada en Chile.

De hecho, hubo un tiempo en que tuvieron guerra de precios y se dieron cuenta de que era ruinosa. Y tácitamente se pusieron de acuerdo en no destruirse.

          Entonces intervienen el Estado y sus funcionarios y, como de costumbre, no entienden nada, se guían por consignas y echan a perder las cosas: dictaminan que si no hay guerra de precios las cadenas incurren en un delito contra la libre competencia.

¿Cómo va a haber delito, si nadie impide que cualquiera pueda vender remedios o importarlos, y las cadenas no le prohíben ni impiden eso a nadie? Lo que pasa es que se han terminado casi todas las farmacias pequeñas, pero no porque alguien las suprima, sino porque las cadenas venden más barato.

          Pero la revolución marxista se basa en destruir a las empresas privadas y, por tanto, voceó consignas para convencer a la gente de que las cadenas estaban abusando de ella. Algo idéntico sucedió en el mercado de los pollos, habiendo evidente libertad para criar y vender pollos o importarlos. Lo que la revolución quería y quiere era y es que las empresas productoras de pollos se destruyan mutuamente y el Estado se apodere de la industria. Porque el Estado lo manejan los revolucionarios y, obviamente, quieren ser el único productor de pollos y vendedor de remedios. Es lo que se llama “socialismo”, un sistema tan malo que se destruyó solo, apenas la gente tuvo alguna libertad para opinar y elegir.

          Pero los chilenos estamos manejados por el socialismo, es decir, por consignas y, como la mayoría está convencida de la consigna de que las cadenas de farmacias “abusan”, la opinión pública ahora está escandalizada porque no han metido presos a los dueños de las  cadenas, aunque ya los hayan gravado con onerosas multas.

          Pero para que prosperen  los “juicios por los diarios” es menester la complicidad de jueces prevaricadores y politizados. En el caso de los casi 80 presos políticos militares que están condenados en “juicios por los diarios”, la izquierda ha conseguido controlar a los magistrados, perseguir a los uniformados que derrotaron la asonada guerrillera y terrorista del marxismo y metido presos a estos últimos, y sigue haciéndolo.

En este caso la revolución ha contado con la complicidad de los medios de comunicación y hasta de amplios sectores de derecha, que repiten mecánicamente la consigna de “las violaciones a los derechos humanos”, ideada en los ’70 por el KGB. Entonces los jueces prevaricadores de izquierda no han tenido problema en desconocer la legalidad y decirlo con absoluto cinismo, como en el apartado 5 del Acuerdo del Pleno de la Corte Suprema de 27 de marzo de 2015.

          Pero la nueva justicia penal ha dado ahora la gran sorpresa: en el caso farmacias se ha ceñido a la ley y al sentido común y ha absuelto a las cadenas. La parte derrotada ha anunciado un recurso de nulidad ante la Corte Suprema, cuya Sala Penal es el epítome de la politización y la consigna revolucionarias y es la que se ha encargado de derogar el Estado de Derecho respecto de los uniformados. Entonces, desde ya anuncio que revocará el fallo en dicho caso farmacias.


Pero, por lo menos, transcurrirán unos días en que, a raíz del fallo absolutorio pronunciado por la nueva justicia penal, un “juicio en papel de diarios” llevado adelante por la revolución ha terminado en un transitorio fracaso para ésta. Y ése es un respiro favorable y que se agradece en medio del clima deplorable que estamos viviendo bajo el proceso revolucionario.

domingo, 21 de junio de 2015

Presentación de una Candidatura Impresentable


          El vocero de gobierno ha dicho que Sebastián Piñera está en campaña presidencial. Descubrió la pólvora, pues lo está desde el 12 de marzo de 2014, si bien últimamente había desaparecido transitoria y parcialmente de escena (ver mi blog “Prófugo por Segunda Vez”, 03.06.15), debido a la aparición de facturas de sus firmas Bancard y Bancorp en la  contabilidad de SQM, por un total de $340 millones, más el testimonio de la funcionaria de esta firma (Danitza Yépez, “La Tercera”, 05.05.15) diciendo que lo había visto ingresar por la misma puerta del piso seis a dónde iban otros políticos (hoy en estado de pánico, a diferencia de él) a pedir ayuda para sus campañas.

A eso se añadió que quienes fueran sus ejecutivos máximos en su empresa Chilevisión acusaron que Bancard y Bancorp les pidieron pasar facturas de sus respectivas sociedades de inversión a firmas como SQM Salar, Aguas Andinas, Pampa Calichera e Inversiones Ilihue, que creían ayudar a la campaña de Piñera de 2009, pero no sabían que éste iba a emplear los fondos para pagar bonos de $146 millones a Jaime de Aguirre y $55 millones a Mario Conca. Más los $340 millones, son $541 millones.

          A su turno, el usar las donaciones electorales para pagar a ejecutivos disminuía los gastos de Chilevisión y aumentaba la utilidad de la estación, lo que contribuyó a que sus compradores de Time Warner pagaran por ella un precio más abultado.

Bonita pasada de Sebastián.

Pero el “pato de la boda” resultó ser Jaime de Aguirre, a quien Time Warner despidió al saberse los enjuagues. La prensa favorable a Piñera (es decir, toda) dijo que el motivo de la exoneración habían sido las pérdidas de la estación, pero el mismo de Aguirre se encargó de declarar que, poco antes de su despido, le habían subido el sueldo, reconociendo su buena gestión. Así se hizo obvio que el despido fue porque los norteamericanos no toleraron la simulación en que se envolvió para cobrar su bono de desempeño. Los estándares éticos de allá no son tan acomodaticios como los de acá.

          Por supuesto, todo esto es mucho peor que lo de Martelli y Peñailillo, que por lo menos pueden decir que cuanto hicieron fue para recaudar fondos electorales y no para lucrar. Pero lo único que sale en los diarios es la precampaña y las actuaciones de ambos, y nada de lo de Piñera. Ello se explica en mis anteriores blogs “El Político Más Poderoso de Chile” (18.04.15) y “El Tiburón y el Pez Chico” (08.05.15).

          Es todo bastante paradójico, porque a Ena von Baer la han crucificado por decir que no había pedido dinero a Penta y resultar después que sí lo había hecho. Pero a ella Penta nunca le dio dinero. Claro, la “exigente” sociedad chilena no le perdonó faltar a la verdad. En cambio, Piñera dijo que los dineros pagados a de Aguirre eran por una asesoría de la sociedad de éste, pero de Aguirre reveló que eran para pagarle parte de su remuneración y, añade haberle dicho a la gente de Piñera: “No cuenten conmigo para ningún arreglín, no tengo nada qué ocultar y si la he cagado tendré que asumir la responsabilidad. No estoy en ánimo ni en disposición ni disponible frente a nadie para ir a mentirle al fiscal ni a Impuestos Internos” (“The Clinic”, 26.05.15). Se lee entre líneas lo que la gente de Piñera quería hacerle declarar.

Por mucho menos la Ena fue crucificada; en cambio Piñera ha sido ampliamente perdonado y está en plena campaña.

          Por supuesto, todo lo anterior es simplemente impresentable. No obstante, hemos visto al candidato abundantemente publicitado en un acto llamado “de centroderecha”, al que no asistió más gente que a una reunión del Foro Republicano (de derecha a secas, pero que no apareció en ninguna parte). Vimos a Piñera hablando el sábado en el noticiero de TV, el domingo en una página de “El Mercurio” completa (más un titular de primera página) y en otra de “La Tercera”.

Como es habitual, no dijo nada nuevo: que el gobierno está confundido y paralizado y, repitiendo un “meme” que había circulado antes ampliamente en las redes sociales (le cuesta ser original), que “así como una ley Emilia castiga al que conduce en estado de intemperancia debería haber otra que castigue a quien gobierna en estado de incompetencia”.

          El hecho evidente es que Sebastián está iniciando otra “pasada”. Pues sabemos que a raíz de los casos Penta y SQM  los partidos de derecha se han quedado sin recursos. Tienen dificultades hasta para pagar a su personal básico. Y como hay alguien que tiene recursos, y en abundancia, lo que sigue es predecible. Sin embargo, el que tiene la plata no está dispuesto a gastarla en sacar de la UTI a los partidos agónicos y en limitarse a ganar indulgencias, sino que desea emplearla en lo que ha sido siempre el alfa y el omega de su existencia: su propio enaltecimiento y ambición, la cual en este momento está radicada en su candidatura presidencial para volver al poder en 2018.

          En otras palabras, nos encontramos ante una “toma de control hostil” de los partidos de derecha tras su quiebra económica y moral, que en lo que respecta a la UDI predije en 2009 y, en este blog, en 2010. 

          Pero Sebastián Piñera “se pondrá” para superar la encrucijada siempre que el candidato en 2017 sea él. Obviamente, más de algún cacique con ambiciones propias las resigna por ahora, creyendo que después podrá “robarle los huevos al águila” ganándole a Piñera la primaria presidencial.

          En todo caso, Piñera es, para la desfalleciente derecha actual, como el puñal del poeta: “Si me lo quitan, me matan; si me lo dejan, me muero”. La derecha es el único sector del país que está peor que el conjunto de éste, sometido al proceso de demolición emprendido por el gobierno actual.

Piñera confía en que los chilenos, en medio de su desesperación, otra vez le perdonen todo y lo vuelvan a elegir a él. Confía en esa máxima que reza: “se puede engañar a pocos mucho tiempo; se puede engañar a muchos poco tiempo; y, con suficiente presupuesto (y lo tiene), se los puede engañar a todos todo el tiempo”.

          

miércoles, 17 de junio de 2015

Todos Somos Vidal


          Lo de Vidal sucede, para fortuna de él, cuando Chile está frente a la realidad de sí mismo como tal vez nunca antes lo estuvo. Por sucesivos avatares del destino, la verdad de lo que somos ha sido descarnadamente expuesta de manera pública. Para sintetizarla en pocas palabras, ha quedado en evidencia que la mayoría de los chilenos hace trampas, viola leyes y burla reglas, falta a la verdad verbalmente y por escrito, ofrece sobornos y los acepta, adopta posiciones públicas por conveniencia y no por principios y está lista para quedarse con lo ajeno a la primera oportunidad. El chileno, en general, no conoce la lealtad y está “siempre listo”, pero para “darse vuelta la chaqueta”. Dicho estrictamente autóctono, puesto que nació de la conducta que un bando observó en la Revolución de 1891 para simular que vestía el uniforme del otro, que era blanco como el forro de la chaqueta de los derrotados, y al cual éstos querían plegarse a última hora para evitar las consecuencias de la derrota.

          Es cierto que hay conductas sublimes en la historia del país, como las de Prat, Carrera Pinto y sus hombres, pero ya no son representativas del ser nacional, si es que alguna vez lo fueron. Pues en un reciente concurso abierto a todo público, Salvador Allende fue elegido por sobre aquéllos héroes como “el más grande chileno de todos los tiempos”. Es ocioso, a estas alturas, detallar el escandaloso absurdo moral de tal elección.

          Entonces todos somos Vidal, porque ya no queda en el país ni siquiera una brizna de autoridad moral de casi nadie. La gente lo sabe, como que en las encuestas más serias manifiesta, en un 87%, desconfiar de sus conciudadanos. Y tiene toda la razón, porque uno puede comprobar a diario que, en ese porcentaje, no se puede confiar en ellos.

          Los testimonios de la corrupción del carácter nacional han salido a luz últimamente por todas partes. Altas autoridades y referentes nacionales gustan de hacer como que tal corrupción no es generalizada, pero resulta sintomático que la Presidenta se haya visto impulsada a expresar, en su reciente gira a Europa, que “Chile no es un país corrupto”. ¿Qué pensaría usted de alguien que se ve precisado a decirle, sin una razón ostensible y presente, “yo no soy un ladrón”? Obviamente, que es sospechoso de haber robado. Y la verdad es que Chile ES un país corrupto. Quien no se haya dado cuenta es porque vive en una burbuja o no lee los diarios. Y aunque lea los diarios a veces ni siquiera así se va a enterar de episodios pletóricamente sugerentes de corrupción, porque ellos son disimulados. Como el caso de meses atrás en que el oficialismo contaba con 41 votos a favor contra 30 de la oposición para hacer aprobar en la sala un informe de una comisión investigadora de la Cámara que ponía en duda la prescindencia de una ex autoridad en un caso en que debía legalmente observarla, pues tenía un interés económico propio envuelto. La ex autoridad es un político opositor rico y poderoso. Sin explicación plausible, la mayoría oficialista se trocó en minoría y el informe fue rechazado. Sólo en un país corrupto algo así puede suceder sin que nadie diga nada. Y aquí nadie dijo nada, salvo el diputado Juan Luis Castro (PS), cuya sorpresa por el número de votos parlamentarios que “se dieron vuelta la chaqueta” fue recogida apenas en un suelto de crónica secundario y publicado en un solo medio.

          He visto una encuesta de Canal 13 a través de Facebook donde el 49% aprueba el perdón del entrenador a Vidal, versus el 44% que lo desaprueba. Por supuesto. La gente sabe que el país no tiene autoridad moral para condenar a Vidal. Si Jesucristo estuviera entre nosotros, nos diría: “el chileno que nunca haya ingerido cuatro copas de vino (lo necesario para arrojar 1,2 gramos de alcohol por litro de sangre) y después conducido un automóvil, que margine a Vidal de la selección”. No habría quórum.

          Cuando las más altas jerarquías políticas, parlamentarias y judiciales atropellan pública y ostensiblemente las leyes y la verdad, y hasta, como el pleno de la Corte Suprema, en su Informe de 27 de marzo de 2015, oficio número 33-2015, apartado quinto, al Parlamento, lo confiesan con un cinismo asombroso, quiere decir que el país carece de autoridad moral para marginar a Vidal de la selección nacional. Y para reafirmar el cinismo moral ambiente, añadamos: “Sobre todo que no nos conviene”.

          Eso es lo que somos. Ni más ni menos. Si nos queda todavía un pequeño resto de sinceridad, confesemos que todos somos Vidal. 

domingo, 14 de junio de 2015

El "Chile Que Todos Queremos"


          En el primer partido de la Copa América en el Estadio Nacional el público representó al “Chile que todos queremos”. Cuando se interpretó el himno nacional de Ecuador, el público guardó respetuoso silencio y muchos levantaron una tarjeta verde que les habían dado como testimonio de que, a diferencia de siempre, no iban a silbar la canción nacional del adversario.

          Hubo quejas porque en el curso del partido el público estaba bastante silencioso. Es que era gente tranquila y civilizada, que no está acostumbrada a gritar todo el tiempo.

          Nadie lanzó objetos a la cancha ni fue preciso usar grandes paraguas o quitasoles para proteger a los jugadores ecuatorianos que iban a servir un tiro de esquina.

          Ese público chileno no se diferenciaba en su comportamiento del de cualquier país civilizado del  norte de Europa.

          Entonces por unanimidad dijimos que ése era “el Chile que todos queremos”.

          ¿Qué había obrado el milagro? El precio. Las entradas eran carísimas. Sólo al alcance de los grupos socio-económicos A y B y fuera del de los C1, C2, C3 y D.

          Ergo, era toda gente formada por la educación particular pagada, preferentemente en colegios de iglesia. Es decir, son el fruto de la libertad educacional. 

          Gente que puede pagar entradas carísimas porque ha ganado dinero gracias a una educación particular pagada, a la posibilidad de emprender y a la libertad económica. Todo lo que hoy se quiere destruir.

         Gente que les teme a los encapuchados y delincuentes, y por eso nunca sale a desfilar a la calle. Gente que vive en Providencia, Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y, minoritariamente, en Ñuñoa, comunas que en la última elección presidencial votaron abrumadoramente por Evelyn Matthei. 

         Gente del “sí”, si bien mayoritaria (y deslealmente) devenida del “no” con los años, pero que apoyó al Gobierno Militar desde su primer y hasta su último día. 

         Gente que se enorgulleció de que bajo ese gobierno Chile pasara de ser un país de economía estatista y el vagón de cola de tercera clase del mundo subdesarrollado en materia de crecimiento, a modelo de la pujante economía de libre mercado, que crecía más que los otros y era puesto de ejemplo en todo el mundo. 

         Gente respetuosa, pero que tiene miedo y por eso nadie logra sacarla a la calle a desfilar, porque es funada o agredida por los comunistas.

          Ésa es la gente del “Chile que todos queremos”, pero no la del “Chile que tenemos”. Ésta es mayoritariamente agresiva y violenta. No tiene acceso a la educación particular pagada, donde enseñan "manners", porque el dinero no le alcanza, y por lo tanto es mal educada. El Estado podría demás darle el dinero para adquirir "manners" en colegios privados pagados, pero los gobernantes prefieren pasárselo a una enorme burocracia que vota por ellos y que entrega una enseñanza gratuita, socialista y paupérrima, constantemente interrumpida por las huelgas de los profesores comunistas.

          Obviamente, el “Chile que tenemos” eligió abrumadoramente a Michelle Bachelet 2.0 recargada, la ex ayudista del MIR y conviviente del vocero del FPMR, cuya chapa era “Claudia” y que, por fin, llegó a la Presidencia en 2014 decidida a implantar en  Chile “otro modelo”, un régimen más parecido al que le gustaba a ella, el de su venerada RDA, que estaba tan convenientemente protegida de las maldades de Occidente y de su maldito credo de la libertad personal gracias a un Muro defensor de la pureza socialista.

Esta Michelle 2.0 es, por cierto, completamente distinta de la sumisa Michelle 1.0 que gobernó entre 2006 y 2010 con total obediencia al centrista Andrés Velasco y a los renovados barones socialistas que tan bien aprendieron del posgrado que les facilitó Pinochet detrás de la Cortina de Hierro. Tal vez en agradecimiento a él preservaron la esencia de su modelo y sólo le “rayaron la pintura”, pero sin cambiarlo por el “otro modelo”, como ahora quiere hacerlo Michelle 2.0.

Se terminará la Copa América y después quizás hasta cuándo no volvamos a ver en público y enorgullecernos al “Chile que todos queremos”, en medio de la anarquía, la violencia, la revolución y el afán de cambiarlo todo del “Chile que tenemos”. El sentido común indica que las cosas seguirán así, cuesta abajo, hasta por lo menos el 11 de marzo de 2018, si es que, como ha insinuado un comentarista de la plaza, Ricardo I no dispone otra cosa.

¡Adiós, “Chile que todos queremos”: si no te vuelvo a ver, te deseo una feliz muerte!